El ataque al Batallón Depósito de Arsenales 601 «Domingo Viejobueno» (Monte Chingolo, Buenos Aires) fue un intento de copamiento o ataque del ERP realizado el 23 de diciembre de 1975 con el objetivo de apropiarse de armamento. El ataque, realizado bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón, constituyó la última gran acción militar del ERP, y contó con la colaboración de un integrante que realizaba su servicio militar obligatorio en esa dependencia y actuó como informante y "entregador". El ataque había sido planeado desde agosto de 1975 y tenía como fin apoderarse de aproximadamente 13 toneladas de armamento. El jefe de unidad del Batallón Depósito de Arsenales 601 era el coronel Eduardo Abud. Se considera que la batalla o combate de Monte Chingolo fue el más importante de los ataques a unidades militares durante la década de los años 70.

Los atacantes tuvieron 62 muertos y 32 heridos, y no lograron llevarse material alguno. Otras fuentes refieren que el ERP tuvo 53 muertos y hubo por lo menos 3 desaparecidos, pero esto no está confirmado por ninguna fuente oficial. Las fuentes cercanas al ERP y muchos estudios históricos mencionan que el Ejército Argentino ejecutó a 23 milicianos heridos, una práctica habitual que ya se había perpetrado en Trelew en 1972, y en Capilla del Rosario en 1974. La ejecución de los prisioneros es cuestionada y negada por fuentes afines a los militares. Estos señalan que la supuesta ejecución de los prisioneros no puede ser corroborado más que con fuentes parciales al ERP sin olvidar la declaración de un general del mismo Ejército Argentino responsable del operativo. Oficialmente, el ejército argentino informó que no hubo heridos ni prisioneros, pero un parte del mismo indicaba que se tomaron y transportaron prisioneros. El mismo general Oscar Gallino, responsable de las fuerzas del ejército intervinientes en el combate, reconoció en febrero de 1991 a la prestigiosa revista Todo es Historia, que hubo detenidos y que los mismos quedaron a disposición de las unidades de inteligencia. Las bajas del Ejército Argentino y las fuerzas de seguridad se calculan entre 7 y 10 muertos.

El objetivo político y militar que pretendía el PRT-ERP con este ataque a gran escala era apropiarse de 20 toneladas de armas para continuar el movimiento revolucionario guerrillero de Latinoamérica.

Preparativos La preparación del ataque duró meses. El arquitecto Roberto Stegmayer (sargento Federico) preparó una maqueta del cuartel.

El ataque sería realizado por el Batallón José de San Martín, integrado por efectivos de las compañías Héroes de Trelew, Juan de Olivera, José Luis Castrogiovanni, Guillermo Pérez, junto con elementos movilizados desde Córdoba y Tucumán. El comando táctico se ubicó en el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires, en Perú y Cochabamba. Los efectivos totales se calculan entre 180 y 250 guerrilleros, según Yofre. Los periodistas Anguita y Cecchini refieren que la fuerza atacante consistía en tres compañías que totalizaban una fuerza de 250 combatientes. Daniel Pereyra, por su parte, sostiene que la columna de ataque estaba conformada por 60 combatientes, en tanto que en las contenciones, postas sanitarias, logística, y cortes había 200 individuos más, totalizando 260 miembros del ERP.

Según el libro de Gustavo Plis Sterenberg (2003), los guerrilleros desconocían, sin embargo, que estaban infiltrados por un agente de inteligencia del Ejército: Jesús El Oso Ramés Ranier, un exmiembro de las Fuerzas Armadas Peronistas que había desertado en los primeros días del Operativo Independencia. Por medio de la información de Ranier, más los croquis encontrados en poder del jefe de logística del ERP, Juan Eliseo Ledesma, detenido, torturado y asesinado por el Ejército el 7 de diciembre, y las delaciones producidas tras esa captura (no tanto por Ledesma, sino por su segundo en logística, Elías Abdón o teniente Martín), se produjo al día siguiente el secuestro de varios familiares de Santucho (los cuales fueron liberados poco tiempo después sanos y salvos) y aún más importante, la anticipación de un gran ataque. Hay quienes dudan de estos hechos y se considera que el PRT-ERP difundió esta historia para justificar la derrota aplastante que sufrió en este evento.

El área de inteligencia de la organización Montoneros había informado a su contraparte del ERP acerca de la infiltración, pero Santucho desestimó la investigación al respecto y se negó a abortar la operación, ya que confiaba plenamente en la fortaleza de Ledesma.

Ranier, perteneciente al área de logística del ERP, sabía del objetivo del ataque e informó a su superior de inteligencia del ejército. Pereyra (2004) afirma que ya algunos militantes del PRT desconfiaban de Ranier. Nélida "Pola" Augier, encargada de la contra inteligencia del ERP, reconoce que Ranier venía siendo cuestionado hace un tiempo. El "Oso" estaba infiltrado hace 15 meses y era chofer de Logística del ERP. Conocía muchas casas de seguridad de la organización y era "sargento armero" por su habilidad para resolver problemas técnicos de las armas. Ranier no era militante del PRT, aunque sí miembro del ERP y evitaba participar de enfrentamientos armados.

El 10 de diciembre de 1975, luego de la caída de Ledesma, el Buró Político del PRT debatió respecto de la conveniencia de continuar o no con la operación. Santucho manifestó que se había analizado la situación y no había riesgo de delación por la caída de Ledesma. Desaparecido Ledesma, la operación quedaría al mando de Carrizo, Hugo Irurzún se haría cargo de las contenciones en los alrededores del cuartel, el capitán Abigail Attademo estaría al frente de la columna principal de ataque y Benito Urteaga controlaría la operación desde el exterior. Se había decidido que Santucho no debería participar y Gorriaran Merlo estaba sancionado.

El 18 de diciembre cayeron detenidos el capitán Jorge Arreche y el sargento Jorge Oscar Pinto, ambos miembros del ERP. Pinto era el jefe de logística de la compañía del ERP "Juan de Olivera". Daniel de Santis (2010) ha escrito que todos estos hechos ameritaban una prudente suspensión de la operación. Arreche tenía un papel con el detalle de las contenciones, es decir, de los puntos a cortar para evitar la llegada de refuerzos. La captura de los responsables de las contenciones en los puentes permitió al Ejército Argentino deducir —correctamente— que el blanco sería el Batallón de Arsenales «Viejobueno», dejando a la guerrilla sin su principal ventaja, el factor sorpresa. El ejército montó un contra cerco alrededor del cuartel y redujeron la cantidad de personal en el mismo a fin de dar la impresión de un debilitamiento que indujera al ERP a lanzar su ataque. Como contrapartida, se reforzó la defensa del Batallón y se puso en alerta a varios regimientos, al Comando de Operaciones Navales de la Armada, a la Policía Federal, así como a las Unidades Regionales 1, 2, 3 y 7 de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Los periodistas Eduardo Anguita y Daniel Cecchini afirmaron haber tenido acceso a una serie de documentos desclasificados del Ejército Argentino fechados en 1992 que desmentían la hipótesis de que el batallón habría recibido información del inminente ataque por parte de la inteligencia militar y se habría preparado para la defensa del cuartel. Según esta documentación, el cuartel contaba en ese momento con el personal de seguridad habitual, es decir la guardia más un retén compuesto por un oficial subalterno, 3 suboficiales y 12 soldados. Esto parecería indicar que la hipótesis sobre el conocimiento previo que tendría el Ejército Argentino sobre el ataque es falsa. Sin embargo, existen versiones diferentes respecto al supuesto hecho de la obtención de información previa sobre el ataque o si hubo o no preparativos especiales de defensa por parte de los defensores. La controversia entre los historiadores e investigadores continúa. El periodista Juan Bautista Jofre considera que el Ejército Argentino logró deducir el lugar del ataque la noche anterior al mismo. Yofre comenta que el general Albano Harguindeguy le expresó: Por su parte, el periodista Ricardo Ragendorfer afirma algo similar en su libro Los Doblados: el general Albano Harguindeguy había convocado al coronel Abud, jefe de unidad del Batallón de Arsenales 601, para advertirle del inminente ataque. Ragendorfer toma como fuente los dichos del agente de inteligencia Carlos Españadero.

Anillos de contención Las fuerzas del Batallón Urbano en formación «José de San Martín» del ERP a las que se sumó un refuerzo de entre 30 y 40 guerrilleros recién llegados de Tucumán, iniciaron las acciones con el corte de los nueve puentes sobre el Riachuelo que unen la Capital Federal y el oeste con el sur del Gran Buenos Aires. Se hostigó a las brigadas de la policía provincial de Quilmes, Avellaneda y Lomas de Zamora, así como al Regimiento de Infantería 7 de La Plata y al Batallón de Comunicaciones 601 de City Bell. Asimismo, se interrumpió el tránsito en los dos caminos que unen La Plata con el sur de Gran Buenos Aires y se tendieron dos anillos de contención alrededor del cuartel de Monte Chingolo. El combate fue encarnizado en muchos de esos puntos, algunos con particular éxito, como el de la Avenida Pasco y en el Puente La Noria, en donde se reportó que unos 30 francotiradores del ERP abrieron fuego contra el destacamento de camineros y la sub-comisaría de la zona. Por otro lado, en el puente del camino de Cintura sobre el río Matanza, una escuadra del ERP mal armada cruzó un número de automóviles particulares y un camión cisterna, derramando el gasoil que contenía y provocando un incendio.

Pereyra señala que Luis Mattini reconoció que las unidades del ERP que participaron en las contenciones no contaban con armamento adecuado y les escaseaban las municiones. Se trataba, además, de pequeñas unidades, y las propias contenciones consistían en vehículos cruzados e incendiados para obstaculizar el tránsito. De hecho, estas apenas lograron retardar la llegada de refuerzos pero no impedirles el paso.

Combates en el Batallón

Alrededor las 18:50, unos 70 guerrilleros de la compañía de asalto al mando de Abigail Attademo (capitán Miguel) iniciaban el asalto al cuartel. La avanzada encargada de violentar el portón de entrada estaba compuesta por un camión a la cabeza, seguido de nueve autos. La columna del ERP ingresó con sus vehículos y se abrió en abanico. El coronel Eduardo Abud y el mayor Roberto Barczuk los esperaban con una ametralladora FN MAG en la torre de agua. La columna principal, que transportaba unos 55 guerrilleros según otras fuentes, se abrió paso dividiéndose en dos a fin de rodear la Guardia Central, pero debió detenerse luego de veinte metros al encontrarse con zanjas y montículos. Fueron inmediatamente recibidos por fuego de ametralladora MAG; una ubicada en el puesto de guardia y otras empleadas por soldados que se hallaban atrincherados en pozos de zorro. Allí se produjeron las primeras bajas del ERP esa noche. Un segundo grupo de 17 guerrilleros de la sección Logística ingresó en una camioneta Ford F-350 por la parte posterior de la guarnición.