Manuel Ceferino Oribe y Viana (Montevideo, 26 de agosto de 1792 - Montevideo 12 de noviembre de 1857) fue un militar y político uruguayo, presidente constitucional de Uruguay entre 1835 y 1838 y fundador del Partido Nacional.

Biografía Manuel Oribe era hijo del capitán Francisco Oribe y de María Francisca Viana, descendiente del primer gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana, y hermano de María Josefa Francisca Oribe y Viana e Ignacio Oribe. Se casó con su sobrina Agustina Contucci y Oribe, con quien tuvo cuatro hijos. Al comienzo de la revolución independentista en el Río de la Plata se enroló en las filas patriotas como voluntario.

Su bautismo de fuego tuvo lugar en la batalla de Cerrito, el 31 de diciembre de 1812, en el transcurso del segundo sitio de Montevideo (1812-1814), hecho de armas que concluyó en una victoria de los patriotas. Participó luego al lado de José Artigas de la resistencia de los orientales contra la invasión Luso-Brasileña del año 1816.

A fines del año 1817, caído ya Montevideo en poder de los luso-brasileños, Oribe, engañado por las promesas del Director Juan Martín de Pueyrredón al que sólo le movía el empeño de restarle elementos a Artigas, abandonó la lucha y pasó a Buenos Aires junto con su hermano Ignacio y el coronel Rufino Bauzá, llevándose consigo el Batallón de Libertos y un batallón de artillería.

Enemistad entre Rivera y Oribe El historiador Francisco Bauzá, hijo de Rufino Bauzá, en su obra "Historia de la dominación española en el Uruguay" (1880-1882), argumenta que ante la insistencia casi obsesiva de Artigas en nombrar a su favorito, Fructuoso Rivera, como comandante militar al sur del río Negro para hacer frente a la invasión, Rufino Bauzá y Manuel Oribe se habrían manifestado en contra, situación que generó un violento intercambio de palabras con un Artigas al que ya la situación militar se le iba de las manos.

La enemistad personal entre Rivera y Oribe, que al parecer data de tales acontecimientos, decidió al joven oficial a abandonar a su jefe. Carlos Federico Lecor, comandante del ejército ocupante, no opuso traba alguna al pasaje de los oficiales orientales a Buenos Aires, por más que no pudo atraerlos a su causa. Rivera y su gente quedaron al servicio del invasor lusitano.

Primer período en Buenos Aires En Buenos Aires, según se sabe por la compulsa de la papelería de la época, desde 1819, Oribe, junto a Santiago Vázquez y otros orientales residentes allí, opuestos por igual a la ocupación portuguesa y brasileña como a Artigas, habría integrado una sociedad secreta, llamada Sociedad de los Caballeros Orientales, la cual esperó al menos hasta el Congreso Cisplatino de 1821 para emprender el retorno a la, desde entonces, llamada Provincia Cisplatina y comenzar sus trabajos para revertir la situación.

Entretanto, tras la derrota definitiva de Artigas (e incluso antes de ella) otro sector de la clase dirigente oriental se había adherido a los ocupantes, aceptando y colaborando en los hechos estrechamente con los portugueses. Este sector será el único que esté representado en el Congreso Cisplatino de 1821.

La ocupación de la Banda Oriental y su transformación en "Provincia Cisplatina" por parte de las tropas portuguesas y brasileñas había traído como consecuencia adicional la fractura de los sectores dirigentes, que desde entonces se alinearon en dos grupos separados por la aceptación o no de aquella presencia militar: El grupo montevideano -incluido Fructuoso Rivera -, pro portugués, llamado Club del Barón, por su proximidad al comandante invasor Carlos Federico Lecor (Barón de la Laguna), Los exiliados en Buenos Aires, donde Oribe revistaba, fuertemente influido por el unitarismo (aunque luego Oribe se destacó como un general del federalismo), y partidario de la reincorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata en cuanto fuera posible.

Esta división es el antecedente más remoto del surgimiento de las divisas tradicionales del Uruguay, luego transformadas (cuando tuvieron un programa escrito) en modernos partidos políticos: respectivamente el Partido Blanco y el Partido Colorado.

Regreso a Montevideo thumb|320px|left|Manuel Oribe, dibujo de Jules Daufrene. En 1821 Oribe volvió a Montevideo y el día en que se produjo la lucha entre los portugueses, realistas fieles y los partidarios del Imperio del Brasil que venía de proclamar a Pedro I como emperador, tomó partido por los portugueses, mientras sus compañeros se movían en el sentido de involucrar a algunas de las Provincias Unidas del Río de la Plata en el sostenimiento de su causa.

Oribe recibió el cargo de sargento mayor en las fuerzas del general Álvaro da Costa, el cual continuaba dueño de Montevideo, mientras que Carlos Federico Lecor, vuelto al lado brasileño, mantuvo el control de la campaña desde su cuartel en Canelones, para lo cual contó con el invalorable sostén que le daba el tener de su lado al excomandante artiguista Fructuoso Rivera, cooptado por el grupo pro portugués (y ahora unánimemente pro brasileño) en marzo de 1820.

Da Costa, sin medios para resistir por mucho tiempo, y a decir verdad, a la espera de una definición en la guerra entre Portugal y Brasil por la independencia de este último país, embarcó para Lisboa con sus tropas en febrero de 1824, abandonando completamente a su suerte al grupo de los Caballeros Orientales que se había aferrado a sus armas como posibilidad para triunfar. Oribe y su círculo, sabedores de lo que les esperaba si caían en manos de Lecor, abandonaron Montevideo, regresando a Buenos Aires para un segundo exilio. El último día de febrero de 1824, Lecor y Rivera entraron en Montevideo sin disparar un tiro, y conminaron al Cabildo a jurar fidelidad al emperador Pedro I de Brasil.

Segundo exilio en Buenos Aires Nuevamente el grupo disperso hubo de reunirse en Buenos Aires, más exactamente en un saladero del entonces partido (hoy barrio) porteño de Barracas, del que era administrador el oriental Pedro Trápani. Allí, y tras las fuertes medidas represivas de los brasileños contra los partidarios del movimiento de 1822 y 1823, que llegaron incluso a las confiscaciones de ganados y bienes de estancieros de Buenos Aires como Bernardino Rivadavia y Juan Manuel de Rosas, cundió la alarma en estos sectores, que vieron cómo las reses de los campos orientales eran arreadas para los saladeros de Río Grande del Sur, que en poco tiempo comenzaron a desbancar a sus similares de Buenos Aires en el mercado local.

Los exiliados orientales recibieron la visita y el apoyo monetario de Juan Manuel de Rosas, poderoso estanciero y saladerista, que se convirtió en uno de los principales financiadores de la expedición que la historia conocería como Cruzada Libertadora. Es posible que de estos hechos date el comienzo del vínculo, muy estrecho después, entre Manuel Oribe y Juan Manuel de Rosas, considerado por San Martín el gran defensor del americanismo, de ahí que le regalara su espada de honor. La consigna por la que convocaban a los patriotas era clara; recuperar, según el ideario artiguista, la Banda Oriental para las Provincias Unidas del Río de La Plata, de ahí que los panfletos revolucionarios reclamaban a los patriotas con el lema Argentinos Orientales, a fin de que se sumaran a la heroica Cruzada.

Los Treinta y Tres Orientales

miniaturadeimagen|El 9 de febrero de 1826, Oribe obtuvo una completa victoria sobre la fuerte columna brasileña en la Batalla del Cerro. El 19 de abril de 1825 se produjo el ingreso a la llamada Provincia Cisplatina por parte de un pequeño grupo comandado por Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, al que se conocería como los Treinta y Tres Orientales. Poco más tarde, Oribe llegará frente a Montevideo con fuerzas a su mando y pondrá sitio a la ciudad, a la cual liberará desalojando a las tropas brasileñas. Fue promovido a teniente coronel el 19 de septiembre de 1825 y se encontró en la batalla de Sarandí el 12 de octubre por lo que fue ascendido a coronel tras la victoria oriental. Meses más tarde, el 9 de febrero de 1826, Oribe obtuvo una completa victoria sobre la fuerte columna brasileña en la llamada Batalla del Cerro.También estuvo presente el 20 de febrero de 1827 en la victoria de las armas argentino-orientales sobre las imperiales brasileñas en Ituzaingó.

Pese a todos los esfuerzos y los triunfos bélicos, la misión original fue desvirtuada, ya que la Convención Preliminar de Paz declaró la creación de un Estado libre e independiente, quedando así separada la Provincia Oriental de las Provincias Unidas, pasándose a llamar desde entonces Estado Oriental del Uruguay.

A pesar de estar fuertemente identificado con el grupo que rodeaba a Juan Antonio Lavalleja, el 14 de agosto de 1832, durante la primera administración de Fructuoso Rivera fue designado coronel mayor, y el 9 de octubre de 1833 fue nombrado Ministro de Guerra y Marina. Será ascendido a brigadier general el 24 de febrero de 1835. El propio Rivera patrocinó la candidatura de Oribe para sucederlo en el mando presidencial, siendo elegido el 1 de marzo de 1835 como segundo presidente constitucional.

Primera presidencia de Oribe

El primer gobierno de Rivera, entre 1830 y 1834, había transcurrido en su casi totalidad bajo la vigencia del régimen de fronteras abiertas impuesto por la Convención Preliminar de Paz. Su administración, de hecho ausentista, ya que pasó la mayor parte del tiempo en Durazno, ciudad que había fundado en 1821, fue llevada adelante por un círculo exclusivista de políticos vinculados al antiguo partido pro portugués y pro brasileño: Los cinco hermanos (Lucas José Obes y sus cuatro cuñados), lo que provocó dos movimientos insurreccionales de Juan Antonio Lavalleja en 1832 y 1834, ambos fácilmente derrotados. Manuel Oribe no tomó parte en tales movimientos.

La historiografía nacionalista ha criticado a Rivera y su primera presidencia como ejemplos de ineficacia administrativa, contrastándola con la solvencia de Oribe desde 1835. En realidad, se trataba no solo de dos personajes notoriamente diferentes en lo individual y en los estilos de mando, sino de dos situaciones distintas del país. En 1835, vencido el plazo mencionado antes por el cual la Convención Preliminar de Paz preveía el ingreso de fuerzas argentinas o brasileñas al país en caso de hallar estos gobiernos algún peligro en la situación política del Uruguay, era momento de echar a andar el estado y poner en plena vigencia la Constitución de 1830, hasta entonces casi no aplicada.

Esto es lo que explica el contenido de la primera presidencia de Oribe, en la cual desde un principio no se quiso dejar ningún asunto administrativo por resolver. Desde la elaboración del Gran Libro de Deudas de 1835 (primer esbozo de la contabilidad del estado uruguayo), pasando por la creación de un sistema de jubilaciones y pensiones en ese mismo año, a Presentación de un proyecto para formar una universidad nacional, que quedó sin efecto debido a las luchas políticas y luego, a la Guerra Grande, que se extendería hasta 1851. El gobierno de Oribe aparece como el primero que tuvo la intención, frustrada, de formar las clases dirigentes del Uruguay, sin recostarse en ningún poder fuera de fronteras. Fue recién en 1849 que integrantes del Gobierno de la Defensa y Joaquín Suárez fundaron solemnemente la Universidad de la República. En el plan de 1849 se creaban cuatro facultades: la de Ciencias Naturales, la de Medicina, la de Jurisprudencia y la de Teología. La que comenzó a funcionar fue la Facultad de Jurisprudencia, hoy de Derecho, fundamentalmente a partir de su cátedra de Derecho Civil. El primer curso de esta cátedra fue dictado en 1851 por el jurisconsulto argentino Dr. Alejo Villegas, exiliado en este país desde 1828 hasta 1852.

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