thumb|250px|Primer bifaz publicado en la historia de la Arqueología, por John Frere (año 1800). Un bifazDefinición de bifaz en el Diccionario de la RAE, ha de subrayarse que ni la locución Hacha de mano ni el barbarismo Biface son reconocidos por esta institución. es una herramienta lítica prehistórica que servía para cortar, raspar y perforar otros materiales. Se trata de una piedra de gran dureza, generalmente sílex, que es tallada por ambas caras hasta conseguir una forma triangular con una base semicircular. El bifaz caracteriza una etapa de la Edad de Piedra: el Achelense, aunque se encuentra también, además, en el Paleolítico Medio e incluso con posterioridad. Su nombre contemporáneo proviene de que el modelo arquetípico sería una pieza de talla, generalmente, bifacial (esto es, con dos caras), de morfología almendrada y tendente a la simetría según un eje longitudinal y según un plano de aplastamiento. Los bifaces más comunes tienen la zona terminal en punta y la base redondeada, lo que les da su forma tan representativa, que se añade a la talla bifacial que cubre ambas caras total o parcialmente.
Los bifaces fueron las primeras herramientas prehistóricas reconocidas como tales: en el año 1800 aparece la primera representación de un bifaz, en una publicación inglesa de la mano de John Frere. Hasta entonces se les atribuía un origen natural y supersticioso (se les llamaba «piedras del rayo» —o ceraunias—, porque la tradición popular sostenía que se formaban en el interior de la tierra al caer un rayo, y que luego salían a la superficie; de hecho aún son usadas en ciertas regiones rurales como amuletos contra las tormentas). La palabra «biface», que es bifaz en francés, es utilizada por primera vez en 1920 por el anticuario Vayson de Pradenne,. Páginas 441-496. conviviendo este término con la expresión «hacha de mano» («coup de poing»), propuesta por Gabriel de Mortillet mucho tiempo antes, pudiendo decirse que solo debido a la autoridad científica de François Bordes y Lionel Balout se impuso el vocablo definitivo.En inglés se mantiene la expresión hand axe (hacha de mano) como equivalente de nuestro bifaz, mientras que la palabra biface se emplea para cualquier pieza tallada por las dos caras con lascados invasores o cubrientes, incluidos bifaces (. Páginas 177-199).En alemán se usa la expresión faustkeil, que podría traducirse libremente como hacha de mano, también; pero que en sentido estricto significa «cuña de puño». En el mismo sentido va la expresión usada en holandés: vuistbijl: «hacha de puño» y lo mismo ocurre con algunos otros idiomas.
No obstante, dado que estas primeras definiciones del bifaz se basaban solo en piezas ideales (o clásicas), de talla tan perfecta que llamaban la atención incluso de los no entendidos, durante años se ha tenido una noción demasiado encajonada del objeto. Con el tiempo, la profundización en el conocimiento de este tipo lítico ha implicado una mejor comprensión de sus características, distinguiéndose entre un bifaz propiamente dicho y una pieza lítica bifacial; de hecho, tal como se entiende hoy día, un bifaz no siempre es una pieza bifacial y hay multitud de piezas bifaciales que no son en absoluto bifaces.Como se ha indicado, la presencia, bien de bifaces, bien de piezas bifaciales, no es exclusiva del Paleolítico Inferior del Viejo Mundo, pues siguen apareciendo en todo el Globo y en épocas muy diversas de la Prehistoria, sin que ello implique necesariamente cronologías antiguas. De hecho, la tipología lítica hace tiempo que dejó de ser una referencia cronológica fiable y por ello se abandonó como sistema de datación. Como ejemplo sirvan los «cuasi-bifaces» que algunas veces aparecen en niveles Gravetienses, Solutrenses y Magdalenienses de la zona franco-española, las toscas piezas bifaciales del Lumpembiense africano (9000 a. C.) o las grandes herramientas piriformes descubiertas en los alrededores de Sagua La Grande, Villa Clara, Cuba (Bifaces en Sagua, Cuba ). Lo cierto es que Sagua La Grande es un caso claro de una noción tergiversada debida, tal vez, a una mala interpretación del concepto o, quizá, por la contaminación lingüística anglosajona: como se explica en una nota anterior, en inglés biface no es lo mismo que en francés (biface), o en español (bifaz); lo que puede originar no pocos malentendidos. Todo el Neolítico y el Calcolítico suele ir acompañado de herramientas de desbrozo talladas bifacialmente —muy similares a los bifaces—, a veces llamadas Heminettes o, simplemente, azuelas (un sustituto más económico de las hachas pulimentadas). Los pueblos aborígenes actuales del río Sepic, en Nueva Guinea siguen usando piezas virtualmente idénticas a bifaces para limpiar partes del bosque. En opinión del profesor Benito del Rey, de la universidad de Salamanca: «El nombre de “bifaz” debe reservarse para las piezas antiguas, anteriores al interestadial Würm II-III»,. páginas 305-323. aunque, asimismo, admite que ciertos objetos posteriores pueden excepcionalmente ser denominados bifaces (Benito del Rey, op. cit., 1982, página 305 y nota 1).
Tampoco debe identificarse bifaz con hacha. Desafortunadamente el vocablo hacha ha sido, durante mucho tiempo, una palabra comodín en tipología lítica para una gran diversidad de utensilios líticos, sobre todo en una época en la que se ignoraba la verdadera utilidad de muchos de ellos. En el caso concreto del bifaz paleolítico, hacha es un término inadecuado. Ya se indicó en los años 60: «hay que rechazar[lo] como interpretación errónea de esos objetos que no son “hachas”». Argumento corroborado por posteriores investigaciones, sobre todo sobre las huellas de uso, como se podrá ver más adelante.Sobre una definición alternativa puede consultarse Biface en el Diccionario de uso para descripción de objetos líticos por la Doctora Giovanna Winchkler.
Politetismo Es cierto que el modelo de bifaz más característico y repetido presenta, en su extremo terminal, una zona apuntada u ojival, filos cortantes laterales y una base más o menos redondeada (es decir, los bifaces de morfología lanceolada y los amigdaloides, así como otros de la misma «familia»). Sin embargo, el bifaz es un instrumento cuya forma puede variar mucho, ya que los hay circulares, triangulares, elípticos, etc. Su tamaño medio oscila entre 8 y 15 centímetros, aunque los hay más grandes y más pequeños. thumb|left|<center>Bifaz achelense típico. Tecnológicamente, se caracterizan porque se fabrican sobre canto, bloque o lasca, por medio de una hechura bifacial, con negativos de lascados que, por lo común, invaden la pieza en sus dos caras. Esta talla puede realizarse con percutor duro (de piedra), pero puede completarse, para obtener resultados más finos, con percutor blando (de cuerna). Sin embargo, en el aspecto tecnológico el bifaz también presenta numerosas excepciones: por ejemplo, los llamados monofaces están tallados por una sola cara y los bifaces parciales conservan una gran porción de la corteza natural del soporte, con lo que a veces es fácil confundirlos con cantos tallados; y los «bifaces de economía», al estar tallados sobre soportes muy adecuados (generalmente lascas), apenas se elaboran con unos pocos retoques.
En resumen, a pesar de que el bifaz es un tipo lítico de personalidad reconocida por múltiples escuelas tipológicas y por diferentes paradigmas arqueológicos, y a pesar, también, de ser fácilmente reconocible (al menos los ejemplares más característicos), sus límites son prácticamente imposibles de determinar debido a su personalidad politética: es decir, el modelo ideal reúne una serie de atributos bien definidos, pero ninguno de ellos es necesario ni suficiente para que una pieza en concreto sea considerada un bifaz. Unos cuantos de esos atributos bastan para la identificación del útil, aunque falten otros tantos.
Por lo que respecta al continente asiático durante el Paleolítico Inferior, los bifaces aparecen en el Subcontinente Indio y en Oriente Medio, al sur del paralelo 40° N, pero están ausentes al este del meridiano 90° E; de tal modo que el arqueólogo estadounidense Hallam L. Movius estableció una frontera entre las culturas con bifaces, hacia el oeste, y las que mantienen la tradición lítica basada en los cantos tallados y las lascas retocadas, como la industria de Zhoukoudian, la cultura Fen y la cultura de Ordos en China, o sus equivalentes de Indochina. Excepcionalmente el Padjitaniense de Java es el único que presenta bifaces en una situación tan oriental. Páginas 18-19.
Desde los primeros experimentos de talla pudo comprobarse la relativa facilidad con la que es posible fabricar un bifaz: Página 82. esto podría ser, en parte la clave de su éxito. Por otra parte, no es un instrumento muy exigente respecto al tipo de soporte, ni de roca, siempre que la fractura sea concoidea. Admite la improvisación y las correcciones, sobre la marcha, sin necesidad de planificar excesivamente y, sobre todo, no es necesario un aprendizaje largo ni sacrificado. Todo unido, ha hecho que los objetos de talla bifacial sean extremadamente persistentes a lo largo de toda la Prehistoria. A esto, se une su falta de especialización funcional, siendo potencialmente eficaces en una enorme variedad de tareas, desde las más pesadas, como cavar la tierra, talar un árbol o romper un hueso, hasta las más delicadas, como cortar la coyuntura de una articulación, filetear la carne o perforar diversos materiales.
Por último, el bifaz constituye una forma prototípica que, refinándose, da lugar a tipos más evolucionados, especializados y sofisticados, como puntas de proyectil, cuchillos, azadas, hachas, etc.
Análisis
Dadas las dificultades tipológicas para determinar los límites de lo que es un bifaz, es importante, en su análisis, tener en cuenta el contexto arqueológico del que procede (ubicación geográfica, estratigrafía, otros elementos asociados del mismo nivel, cronología...). Igualmente, al ser una pieza de orígenes tan antiguos, es necesario estudiar su estado físico (estableciendo las alteraciones naturales: pátina, lustre, rodamiento, alteraciones mecánicas —roturas—, térmicas y/o físico–químicas que ha sufrido, para poder distinguirlas de las cicatrices dejadas por la mano humana).
La materia prima es un factor significativo en el estudio de los bifaces, no tanto por el resultado que se puede obtener al trabajarla, sino para intentar comprender la economía de abastecimiento de los humanos prehistóricos y sus movimientos a través de su entorno. En la Garganta de Olduvai (Tanzania), los lugares más próximos para abastecerse de materia prima distan unos diez kilómetros de los asentamientos; en cambio, en las terrazas fluviales de Europa occidental, el sílex o la cuarcita son accesibles por doquier; esto implica, necesariamente, distintas tácticas de aprovisionamiento y aprovechamiento de los recursos disponibles.. Páginas 11-12. En cambio, la mejor o peor respuesta a la talla de la materia prima es, comparado con lo anterior, un factor subsidiario, ya que los artesanos paleolíticos eran capaces de adaptar su estrategia de trabajo a lo que tuvieran a mano, obteniendo los resultados más o menos deseados, incluso con las rocas más rebeldes, tal como han comprobado numerosos especialistas (Bordes, Tixier, Balout: en Benito del Rey, 1982, op. cit. páginas 306-307; Hayden, Carol et alter, Jeske, etc.: en Torrence, 1989). A pesar de ello es importante anotar el tipo de grano, su textura, la presencia de diaclasas, vetas, impurezas, conos de fractura…
Para cubrir el estudio de la utilización, se indica si existen trazas de uso visibles macroscópicas: como seudorretoques, roturas y flexiones de utilización, incluso lustre. Si la pieza estuviese en buen estado, se podría preparar para un estudio trazalógico microscópico, asunto que se tratará más abajo. Aparte de estas generalidades, comunes a toda pieza arqueológica tallada, los bifaces necesitan un análisis técnico de su hechura y un análisis morfológico.