miniatura|350px|Mapa de las Islas Canarias, Las Islas Canarias son un archipiélago del océano Atlántico, situado al oeste del Sáhara Occidental. Las islas son conocidas de la antigüedad, época en la que estaban habitadas por los aborígenes canarios. A partir del , los europeos se vuelven a interesar en el archipiélago, cuya invasión comenzó en 1402 (con la expedición de los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle). Una segunda etapa de la invasión, la invasión de realengo, fue iniciada por la Corona de Castilla en 1477. Después de la invasión española, el mestizaje humano y cultural dio lugar a la sociedad canaria moderna. Los comienzos del se caracterizan por una serie de ataques de piratas, que no llegaron a invadir ninguna isla. Tras estar dirigidas por la Dictadura Franquista entre 1939 y 1975, Canarias, al igual que el resto de España, entra en el periodo de transición democrática. Actualmente son una comunidad autónoma de España, dividida en las provincias de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife.
Periodo prehispánico
miniatura|Estatua que representa a Beneharo, mencey de Anaga en la plaza de la Patrona de Canarias, Tenerife. Las Islas Canarias estaban habitadas desde el Las distintas poblaciones popularmente se han venido conociendo como guanches, aunque en realidad, cada isla tiene una denominación: canarios (habitantes de Gran Canaria), majos (Lanzarote y Fuerteventura), benahorita (La Palma), bimbaches (El Hierro), gomeros (La Gomera) y guanches (Tenerife).
Los antiguos habitantes de Canarias eran un pueblo entroncado con los antiguos bereberes del norte de África, parentesco confirmado por estudios de ADN antiguo sobre restos arqueológicos que demuestran su afinidad genética con los actuales norteafricanos de ascendencia bereber. Hasta mediados del , algunos investigadores defendieron una teoría que vincula a las poblaciones bereberes con los romanos; sin embargo, esta teoría es rechazada actualmente por historiadores y antropólogos. En cuanto al poblamiento de las islas, hay dos hipótesis enfrentadas, una que defiende que estas poblaciones fueron traídas por los fenicios y otra que indica que existieron sucesivas oleadas producidas primero por la desertización progresiva del desierto del Sáhara y después con un segundo evento migratorio provocado por la presión del Imperio romano sobre el norte de África. Tanto el tipo humano como las raíces lingüísticas apuntan a una casi segura procedencia bereber. En todas las Canarias existen topónimos de clara ascendencia bereber o amazig (Tegueste, Tinajo, Tamaraceite o Teseguite).
Las principales actividades económicas de estas poblaciones eran el pastoreo, la agricultura, la recolección de frutos y bayas y el marisqueo en las costas.
Conocimiento de Canarias por parte de los europeos Es difícil separar los relatos de los mitos oceánicos de la antigüedad y las referencias directas a las Islas. En la Antigüedad Clásica el Atlántico era el límite del mundo conocido y los relatos míticos sobre los Campos Elíseos o el jardín de las Hespérides se mezclan con los conocimientos geográficos de la época. Las citas más antiguas son dudosas y probablemente hacían referencia a distintos puntos del Mediterráneo occidental y de la costa atlántica norteafricana. En los textos romanos de Plinio el Viejo, las islas Canarias aparecen ya citadas y descritas.
Posiblemente, las islas fueron descubiertas por primera vez por el explorador cartaginés Hannón el navegante en su “Periplo”, el primer viaje de circunvalación africano, en el año 570 a. C. El primer documento escrito con una referencia directa a Canarias se debe a Plinio el Viejo, que cita el viaje del rey Juba II de Mauritania a las islas en el 40 a. C., y se refiere a ellas por primera vez como islas de los Afortunados (Fortunatae Insulae). En este documento también aparece por primera vez el término Canaria utilizado probablemente para hacer referencia a la isla de Gran Canaria. De acuerdo con Plinio, este nombre le fue dado a la isla en memoria de dos grandes mastines que los enviados de Juba capturaron allí y llevaron posteriormente a Mauritania (el actual Marruecos), y que aparecen representados a ambos lados del actual escudo de Canarias. Esta historia, no obstante, tiene algunos visos de no ser exacta, entre otras cosas porque se sabe que a la llegada de los castellanos y otros navegantes europeos posteriores, las razas de perro nativas del archipiélago eran de pequeño tamaño, al igual que las cabras de los guanches, hoy persisten unos 'perros de presa canario', de gran porte y temida ferocidad descendientes de los perros de guerra que trajeron los castellanos. Los perros nativos se describen como "lobos pero más pequeños" lo que coincide con la actual raza de lobito herreño. Actualmente, algunas teorías lo relacionan con el etnónimo norteafricano canarii, grupo bereber que se ubicaba en la zona noroccidental africana. De hecho el propio Plinio menciona en otro texto a los canarii, si bien de nuevo vuelve a relacionar este término con los perros. El historiador José Juan Jiménez defiende que el término «Canarii» alude a la existencia de lobos marinos.Un experto sitúa en el mapa a los canarii, víctimas de los romanos
Los romanos bautizaron a cada una de las islas como; Ninguaria o Nivaria (Tenerife), Canaria (Gran Canaria), Pluvialia o Invale (Lanzarote), Ombrion (La Palma), Planasia (Fuerteventura), Iunonia o Junonia (El Hierro) y Capraria (La Gomera). En torno al fundaron el primer y único asentamiento romano conocido en Canarias, el de la isla de Lobos cerca de Fuerteventura. Dicho asentamiento se dedicaba principalmente a la producción de púrpura, muy apreciada y producto de lujo en el imperio romano.https://blogs.20minutos.es/cronicaverde/2012/05/01/descubren-en-la-isla-de-lobos-el-primer-yacimiento-romano-de-canarias/
El geógrafo hispanorromano Pomponio Mela las situó por primera vez con exactitud en un mapa, y Plutarco fue informado por el general Sertorio de la existencia de las islas, a las que este último pensó en retirarse desde Hispania por sus problemas políticos.
Tras el derrumbe del imperio romano, en los siguientes mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas parecen desaparecer de la historia pues quedaron más aisladas al romperse las rutas comerciales anteriores. El único testimonio documental de esta época, muy dudoso, es el viaje de san Borondón, cuya leyenda se extendió durante siglos por la Europa cristiana. Durante la Edad Media fueron visitadas por los árabes. En el se produce el redescubrimiento de las islas. Se produjeron numerosas visitas de mallorquines, portugueses y genoveses. Lancelloto Malocello se instala en la isla de Lanzarote en 1312. Los mallorquines establecieron una misión en las islas con un obispado, que permaneció desde 1350 hasta 1400, y del cual proceden algunas imágenes y tallas de vírgenes que actualmente son veneradas en las islas y que anteriormente lo fueron por los guanches.
Del al
miniatura|izquierda|Mapa de las islas de William Dampier, 1699. miniatura|Enrique el Navegante, quien compró el señorío de la isla de Lanzarote, lo que generó una revuelta entre los nativos para expulsar a los portugueses. miniatura|Cristóbal Colón hizo escala en la isla de La Gomera justo antes de dirigirse a las Indias Occidentales. miniatura|Juan de Bethencourt, noble de origen normando, célebre colonizador de las islas Canarias.
La conquista de Canarias concluyó en 1496. Desde aquel momento, las islas se incorporaron plenamente al área cultural europea. Sus referentes políticos, sociales, económicos y culturales serán desde entonces los de Castilla. Su desarrollo histórico estuvo ligado a los destinos de la Corona Española.
Crecimiento demográfico A mediados del , la población del conjunto de las Islas Canarias, no superaba los treinta y cinco mil habitantes. Esta población se concentraba principalmente en las islas de Tenerife y Gran Canaria (aproximadamente las tres cuartas partes de total).
Tenerife era la isla más poblada con una población entre nueve y diez mil habitantes, de los que unos dos mil quinientos serían descendientes de los antiguos guanches y aborígenes de otras islas, especialmente grancanarios y gomeros, y esclavos africanos, tanto berberiscos como negros, y el resto eran sobre todo portugueses y españoles, y también grupos de genoveses, flamencos, franceses, judíos, etc. A finales de aquel siglo la población ascendía a algo más de veinte mil habitantes.
En Gran Canaria se aprecian dos fases diferenciadas marcadas por un crecimiento inicial y luego por un estancamiento poblacional para la segunda mitad del . A principios de siglo vivían menos de tres mil habitantes en la isla, población que aumentará hasta las ocho mil personas en torno a 1550, este crecimiento debe agradecerse a la inmigración desde la Península (tanto Portugal como España) así como a las importaciones de esclavos desde África y por supuesto al crecimiento natural, todo ello al amparo de la expansión de la economía azucarera. Pero a finales de dicha centuria la población apenas rebasaba aquella cifra y de hecho a principios del XVII incluso cae hasta los seis mil habitantes, siendo superada en este concepto por La Palma. Las causas de este estancamiento y luego retroceso fueron las destructivas invasiones piráticas de los años 90, las epidemias, las malas cosechas y la emigración causada por la crisis económica desencadenada con el fin del ciclo azucarero.
El resto de las islas presentaban los siguientes registros poblacionales a finales del : La Palma, 5.580 habitantes; La Gomera 1.265 habitantes; El Hierro, 1.250; Lanzarote menos de mil y Fuerteventura unos 1900 habitantes.
El fue, a diferencia de lo que ocurría en los territorios peninsulares de la Corona española, un periodo de crecimiento demográfico. Se pasó de algo menos de 41000 habitantes en 1605 a 105075 en 1688, concentrando las Canarias occidentales alrededor del 70 por ciento, mientras que en las Canarias orientales vivían en torno a 30000 habitantes. Tenerife, con algo más de 50000 habitantes y Gran Canaria, con 22000 habitantes siguen siendo las islas más pobladas. De las islas menores, La Palma era la única que superaba los 14000 habitantes. El resto de las islas experimentaron importantes crecimientos, alcanzando cifras en torno a los cuatro mil habitantes para cada una de ellas.
La causa de este desigual crecimiento se debió al auge económico que conocieron Tenerife y La Palma, gracias al desarrollo de la actividad vitivinícola, objeto de una fuerte exportación. Sin embargo, las Canarias orientales, singularmente Gran Canaria sufrieron los efectos del colapso del ciclo azucarero, los embates de los ataques piráticos, las epidemias y la emigración hacia Tenerife y La Palma. Todo lo cual explica su estancamiento demográfico del que sólo podrá empezar a salir a partir del último tercio del siglo.
El crecimiento demográfico continúa durante el . Globalmente la población del archipiélago pasa de 105.075 a finales del , a 194.516 en el año 1802. El reparto de la población es desigual; más de dos tercios se concentraban en Tenerife y Gran Canaria, las islas más prósperas, mientras que El Hierro no incrementa la población en todo el periodo. A diferencia de lo ocurrido en los siglos anteriores, el incremento benefició especialmente a las islas orientales, puesto que las occidentales sufrieron los efectos de la crisis del vino, cuyo efecto inmediato fue la intensificación de la emigración hacia América.
La sociedad miniatura|San Cristóbal de La Laguna en 1842. La sociedad canaria de esta época presentaba las características propias de las sociedades europeas: la mayoría de campesinos, generalmente sin tierras, privilegios para las élites nobiliarias y eclesiásticas, existencia de un numeroso clero regular y la existencia de esclavos.