thumb|Máscara de Gabón.
El arte africano es un conjunto de manifestaciones artísticas producidas por los pueblos del África negra a lo largo de la historia.
El continente africano acoge una gran variedad de culturas, caracterizadas cada una de ellas por un idioma propio, unas tradiciones y unas formas artísticas características. Aunque la gran extensión del desierto del Sahara actúa como barrera divisoria natural entre el norte de África y el resto del continente, hay considerables evidencias que confirman toda una serie de influencias entre ambas zonas a través de las rutas comerciales que atravesaron África. La mayoría de las esculturas africanas están exhibidas en museos de Occidente.
En numerosas tribus indígenas de África, el arraigo de la tradición artística autóctona ha permitido el mantenimiento de diversas manifestaciones estéticas hasta épocas relativamente recientes. De hecho, es precisamente a partir de principios del cuando este arte comienza a ser apreciado en Occidente, primero por los representantes de la vanguardia y después por museos y público en general. Hay grandes diferencias estilísticas de unas zonas a otras, encontramos desde figuras y máscaras esquemáticas a piezas muy naturalistas. Aunque casi todas tienen en común la simetría, el darle más importancia a la cabeza y torso y mucho menos a las piernas, que se suelen representar cortas y con menos detalle que el resto de las partes del cuerpo.
Historia
thumb|Cabeza moldeada en bronce, obra del pueblo Yoruba. Ife, Nigeria, c.
Antes de la colonización europea
El arte africano es tan variado como las culturas que pueblan el continente. Las primeras manifestaciones artísticas, como ocurrió en Norteamérica y Europa, con las pinturas y grabados rupestres que se remontan al Neolítico y que se encuentran en la zona del Sahara (por ejemplo, las pinturas del Tassili).
En términos generales, como todas las manifestaciones artísticas primitivas, el arte africano es esencialmente funcional, siempre surge asociado a un acto religioso o de carácter social, y de ahí que esté fuertemente condicionado por las creencias.
En las áreas donde predominaba la cultura pastoril (desde el Sudán, al sur de Sahara, hasta la sabanas orientales y meridionales), las principales manifestaciones artísticas se dan en el ámbito de adorno personal, donde aparecen con frecuencia motivos inspirados en los animales. En estas zonas, el arte rupestre tiene también una importante presencia. Entre los pueblos agricultores de África central y occidental (cuencas de los ríos Congo y Níger) la escultura dominaba el panorama artístico. Las primeras esculturas conocidas como cabezas y figurillas de cerámica de la cultura Nok de Nigeria (500 a. C.-200 d. C.). También corresponden a esta cultura las primeras muestras del trabajo en hierro del área subsahariana. La más antigua evidencia del uso del cobre y sus aleaciones procede del asentamiento Igbo de Igbo-Ukwu, también en Nigeria; yacimientos del han sacado a la luz objetos de bronce que, no obstante, no guardan relación alguna con los famosos bronces de la ciudad yoruba de Ifé (siglos-), en Nigeria.
Antes de que se iniciara el proceso de colonización del continente, la mayor parte de los pueblos africanos eran animistas, es decir, atribuían un alma o principio vital a todos los seres y fenómenos de la naturaleza. Sólo las civilizaciones más desarrolladas llegaron a crear un panteón de divinidades establecidas. Los africanos creían en un dios todopoderoso que no se comunicaba con los imperfectos seres humanos. Esa divinidad otorgaba a todas las criaturas un espíritu, que podía ejercer una influencia positiva o negativa; los más poderosos eran los antepasados: cuando un hombre moría, su espíritu se separaba de su cuerpo y vagaba por el lugar donde vivió. Los africanos creían que estos espíritus moraban en las figuras talladas que representan a los difuntos y que eran custodiadas por sus parientes.
En general, los valores fundamentales que presiden este sistema de creencias son la unidad y la armonía dentro de la familia y con el clan, con los antepasados y los espíritus. La religión es un acto comunitario, no individual. Los nativos que se convirtieron al cristianismo o al islamismo se esforzaron por mantener estos principios. En este contexto se diferenciaron dos manifestaciones artísticas básicas: fetiches y máscaras: Los fetiches son objetos a los que se atribuye un poder sobrenatural para ejercer influencias maléficas o beneficiosas. Cabe distinguir entre figuras-relicario, con cavidades para guardar objetos, fetiches de clavos, que ejercen influencias malignas, fetiches que transmiten los mensajes de los espíritus y tallas conmemorativas de personajes relevantes. Por su parte, las máscaras se emplean para captar la energía sobrenatural de los espíritus, en ritos funerarios y mágicos o en ceremonias destinadas a propiciar la fecundidad de la tierra. La realización de una máscara o de un fetiche se acompaña de un ritual específico, como el sacrificio previo de un animal.
La elección del naturalismo, de la extrema estilización o, al contrario, del exceso fantasmal se determina por las relaciones complejas que mantienen las esculturas con el medio ambiente. Se revelan como instrumentos activos por los cuales se estructuran y hablan los individuos.
Los objetos representan un papel primordial en las relaciones con el más allá, con el fin de comunicar con los antepasados y los espíritus.
La gran mayoría de las manifestaciones del arte africano tiene como materia básica la madera. En las tribus más desarrolladas se utilizaron, ocasionalmente, materiales como el hierro (en objetos de uso cotidiano, como cuchillos, azadas y hachas) o el bronce. El oro fue empleado por las culturas más evolucionadas, como las de Costa de Marfil, para joyas, pequeñas máscaras o colgantes.
Periodo colonial
miniaturadeimagen|Una típica figurilla de colono, de la colección del Tropenmuseum.
Hasta principios del el continente africano era el gran desconocido para los europeos; en él coexistían una gran pluralidad de etnias y se hablaban más de diez mil lenguas. Aunque los portugueses habían llegado al río Congo en 1482, el interés científico y, sobre todo, económico de las naciones europeas por África no se desarrolló hasta mediados de la mencionada centuria. A partir de esa fecha, sucesivas expediciones nutrieron de piezas los museos de las metrópolis.
Figurilla de colono
Temas del arte africano
thumb|Pintura que representa a mujeres africanas cargando con la cosecha. Los temas suelen girar en torno a la agricultura y la ganadería.
Asociado a las distintas culturas sociales del Mundo en sí africanas ha surgido un arte generalmente unido a los rituales mágico-religiosos de las distintas creencias animistas. Este arte se ha desarrollado desde la prehistoria. En el arte africano destacan las realizaciones en madera, tanto por su número como por su calidad, aunque hay esculturas más antiguas en terracota (Nok S. V AC) y bronces de Benín (), en la actual Nigeria.
Los principales temas de los objetos artísticos representan:
Fertilidad: En estas sociedades, con economías basadas en la agricultura, ganadería y pesca, los rituales más importantes son los que más obras artísticas han producido, estando relacionados con la fecundidad humana y por extensión la del ganado y los campos. Todos estos pueblos tienen numerosas esculturas de maternidades, parejas y diferentes amuletos destinados a propiciar la fertilidad. La muerte es otro ritual que genera una gran producción de objetos artísticos. Se piensa que, de algún modo, los muertos siguen presentes en el mundo de los vivos y con capacidad de influenciar en sus vidas. Por lo que hay que complacer a los difuntos, propiciando rituales y objetos escultóricos. Espiritualidad: El fetichero o Nganga es a la vez médico, psicólogo y guía espiritual. Dentro de las prescripciones puede incluir el encargo de la realización de una escultura a la que inducirá los poderes curativos concretos.
Las otras grandes demandantes de arte africano son las sociedades de máscaras, buena parte de ellas son secretas y casi todas masculinas. Junto a estas sociedades, los grandes y pequeños imperios africanos han generado también multitud de objetos de prestigio, esculturas, asientos reales, bastones de mando, tejidos, etc., destinados a exaltar el poder de sus propietarios.
Arquitectura
La arquitectura doméstica tradicional se materializa en forma de sencillas chozas o cabañas; cuando se necesitan varias habitaciones se van añadiendo más cabañas.
En la zona de influencia del Islam y la iglesia ortodoxa, la arquitectura desempeñó un papel fundamental: existen notables ejemplos, tanto en el área occidental del continente (la mezquita de barro de Yené, en Malí) como en las regiones orientales (iglesias rupestres de Lalibela, en Etiopía).
Música
Desarrollos regionales
Los bronces de Benín
En África tropical, en el centro del continente, se desarrolló tempranamente la técnica de la cera perdida para las pequeñas esculturas de bronce, como atestiguan los hallazgos de Benín. El reino de Benín, que entre los siglos Y ocupó el territorio de la actual Nigeria, fue muy rico en esculturas realizadas con materiales diversos, como hierro, bronce, madera, marfil o terracota. Piezas como el Altar de la Mano ejemplifican la maestría con la que los artistas manipulaban el bronce, así como la importancia de los elementos simbólicos en el arte. En la parte central de esta obra aparecen una serie de figurillas en relieve que veneran al rey y glorifican su poder divino. El monarca es la figura central del conjunto; lleva en las manos los símbolos de su poder, y su cabeza es mayor que las de sus cortesanos.
Estas destacadas piezas del arte africano llegaron a Inglaterra en 1897, cuando la capital del reino fue destruida. Se trataba de un tesoro formado por esculturas de bronce y marfil, entre las que sobresalían cabezas-retrato de reyes, figuras de leopardo, campanas y placas con altorrelieve, todas ellas realizadas con sorprendente maestría, con la técnica de la cera perdida. El mismo método se empleó en la realización de otras dos cabezas, muy similares, que se encontraron en Ifé en 1938. La sorpresa surgió cuando éstas se fecharon de forma inequívoca en los siglos-, es decir, eran anteriores a la primera escultura europea hecha a la cera perdida, datada a mediados del XVI.
Otros ejemplos
Otros ejemplos de cerámica son las cabezas de Lyndenburg, en Sudáfrica (500). Conocemos también esculturas en piedra de la zona de la desembocadura del Congo, y de Sierra Leona (), estas últimas probablemente obra de los artesanos Sherbro, los mismos que realizaron excelentes tallas de marfil.
Las más antiguas esculturas de madera conocidas son los retratos de los reyes de cuba, de la zona central de la actual República Democrática del Congo, que datan del . Sin embargo, muchas de las mejores esculturas en madera corresponde a la segunda década del : por ejemplo, los trabajos de los maestros yorubas Olowe de Ise (después de 1939) y Areogun de Osi-llorin (hacia 1880-1954).
Las primeras piezas textiles conservadas del área subsahariana son bastos fragmentos de la cultura Igbo-Ukwu () y las prendas de algodón y lana encontradas en las cuevas de Tellem, en la zona de Bandiagara, en Malí ().
Las artes escénicas (danza, teatro y música) presentan tanta relevancia o más que las visuales. Las características más sobresalientes de la música africana son la complejidad del ritmo, marcado mediante el empleo de diversos tipos de tambores, y la relación entre la forma melódica y la estructura tonal del lenguaje.