Dionisio Alcalá-Galiano y Alcalá-Galiano (Cabra, Córdoba, 8 de octubre de 1760-Cabo Trafalgar, 21 de octubre de 1805) fue un destacado marino, cartógrafo, militar y científico español, brigadier de la Real Armada Española, célebre por su heroica actuación y muerte en la batalla de Trafalgar al mando del navío de línea Bahama.

Vida Inicio de su carrera De padre menciano y madre egabrense del mismo linaje, en 1772 ingresó en el Real Colegio de la Purísima Concepción de Cabra, ciudad en la que residía desde su nacimiento. En 1774, a los 14 años de edad, se trasladó a San Fernando donde ingresó en la Real Armada, sentando plaza de guardiamarina. Estudioso y aplicado, amante de las ciencias, se distinguió pronto como cartógrafo. Muy joven fue destinado a cooperar en la formación de las cartas marítimas, trabajo por el cual sintió desde entonces particular afición y en el que se distinguió con sumo provecho de la ciencia.

Embarcó en la fragata Júpiter en 1776 y al año siguiente tomó parte en la expedición que contra los portugueses llevó a cabo una escuadra al mando del marqués de Casa Tilly, con un cuerpo de desembarco a las órdenes del general Pedro de Cevallos, que tuvo por resultado la toma de la isla Santa Catarina en la costa del Brasil.

Pasó después a Montevideo y participó en el bloqueo y rendición de la Colonia del Sacramento, ocupada por los portugueses, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata. Embarcó en el paquebote San Cristóbal y en él sirvió dos años en aguas del archipiélago de las islas Malvinas, donde el gobierno español trataba de hacer valer su soberanía una década después de la expedición y el intento de apropiación francesa a cargo de Louis Antoine de Bougainville.

En 1778 ascendió a alférez de fragata. De nuevo en Montevideo, y declarada la guerra a Gran Bretaña, se dedicó al corso apresando a una fragata mercante enemiga. Regresó a Cádiz a bordo de la fragata Santa Bárbara.

Durante todos estos años, su afición a las ciencias le llevó a ampliar sus conocimientos, haciendo los estudios que por aquellos años se denominaban sublimes, mayores y astronómicos.

Expedición al estrecho de Magallanes Cuando finalmente se firmó la paz con Gran Bretaña, el ministerio de Marina pensó en perfeccionar los levantamientos topográficos de las costas de España y redactar su derrotero. Fue designado para ello Vicente Tofiño, para que, con el personal a sus órdenes en el Observatorio de Marina, llevase a cargo el cometido. Se le asignaron una fragata y un bergantín de escaso calado que le permitiese acercarse a la costa. De esta comisión, que duró de 1783 a 1788, formó parte Alcalá Galiano embarcado en la fragata Luisa en los años 1784 y 1785.

Pronto sus conocimientos astronómicos e hidrográficos tuvieron de nuevo aplicación activa, en expedición tan notable desde el punto de vista marinero, como la llevada a cabo en 1785 por el capitán de navío Antonio de Córdova, comandante de la fragata Santa María de la Cabeza, al estrecho de Magallanes, con objeto, entre otros, de experimentar si realmente valía la pena acometer sus pasos, con los buques de vela de aquel tiempo, a pesar de los huracanados vientos de componente oeste y las fuertes corrientes, o bien si era mejor desafiar los temporales del mar abierto, doblando el cabo de Hornos. Alcalá Galiano fue designado para formar parte de esta expedición por recomendación especial de Tofiño, por tener fama de aventajado en los estudios astronómicos y en el manejo de los instrumentos necesarios; era ya teniente de fragata.

Otra de las expediciones hidrográficas en que tomó parte Galiano, fue la que tuvo por objeto determinar la verdadera posición de las islas Terceras, situadas algo a la ligera por el oficial de la marina francesa Flerieu. La corte de Lisboa dio toda clase de facilidades, ya que se trataba de cosa de mucho interés para la navegación. La corrección de la carta de las Azores se dispuso la efectuasen la fragata Santa Perpetua y los bergantines Vivo y Natalia, mandado este último por Alcalá Galiano. Tofiño fue designado jefe de la pequeña flotilla.

La expedición Malaspina

Nuevamente, Galiano se mete de lleno en una expedición científica. Esta vez, en la célebre llevada a cabo en 1789 por el capitán de navío Alejandro Malaspina, con las corbetas Descubierta y , la primera mandada por Malaspina, jefe de la expedición, y la segunda por José de Bustamante y Guerra, también del mismo empleo que el primero.

Esta expedición, siguiendo la estela de James Cook y Jean-François de La Pérouse, se efectuaba no sólo con fines hidrográficos y astronómicos, sino también para estudio de la botánica y de las ciencias naturales en general, a cuyo efecto embarcaron naturalistas y dibujantes. Otro importante objeto de la expedición era conocer la verdad del estado de los territorios españoles de ultramar y sus necesidades políticas, económicas y militares. Galiano trabajó en la expedición con su ahínco acostumbrado y publicó al final una interesante Memoria con el resultado de sus observaciones astronómicas y cálculos.

Tras doblar el cabo de Hornos en compañía de Malaspina, recalaron juntos en Acapulco, donde recibieron la orden de efectuar una detallada exploración para comprobar o desechar la idea de la existencia del Paso del Noroeste, unión entre los océanos Atlántico y Pacífico, como había asegurado el navegante español Lorenzo Ferrer de Maldonado y también Juan de Fuca. A tal efecto, se propuso al virrey que los capitanes de fragata Dionisio Alcalá-Galiano y Cayetano Valdés dejasen la expedición de Malaspina, tomasen el mando de las goletas Sutil y Mejicana y llevasen a cabo un prolijo reconocimiento del estrecho de Juan de Fuca. Ambos barcos eran de muy poco calado, a propósito por ello para navegar por canales de poco fondo. La Sutil, aparejada de bergantín, y la Mejicana, de goleta, ambas bien pertrechadas de instrumentos astronómicos, antiescorbúticos y de objetos de rescate para regalar y cambiar con los indios. Como segundos iban los tenientes de navío Vernaci y Salamanca; Galiano, como oficial más antiguo, mandaba la expedición.

Visitaron primero el puerto de Nutca, donde había un puesto y varios buques españoles. Por observaciones astronómicas obtuvieron la longitud de Nutca, para referir a ella todas las demás por medio de los cronómetros, y procedieron a efectuar los reconocimientos ordenados luchando con las rápidas corrientes y los fuertes vientos encajonados entre altas montañas.

Antes de retornar a Nueva España, trabó conocimiento y cortés amistad con el célebre explorador George Vancouver. Con él los españoles cambiaron información sobre los descubrimientos realizados por los de una y otra nación, y una vez reconocidas todas las calas, con los buques o con los botes, y no hallada salida alguna, se dieron por terminadas estas exploraciones, demostrándose el carácter apócrifo del viaje que confirmaba al estrecho de Fuca como canal de unión entre los dos océanos.

Desarmadas las goletas, Galiano regresó a España vía México y Veracruz, llegando en los últimos meses del año 1794; había sido ascendido a capitán de navío en enero de ese mismo año.

Se considera a Galiano como inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar, de un astro a cualquier distancia del meridiano, aunque Mendoza, en la edición de sus tablas de 1809, se atribuya la paternidad del procedimiento. Quizá fuese también inventor por su lado, pero lo cierto es que queda demostrado en la «Memoria» de sus observaciones de longitud y latitud publicadas en 1796 que Alcalá-Galiano se le adelantó.

Trata en ella de cómo hallar la longitud de un lugar por dos alturas del sol observadas fuera del meridiano; deducirla por algunas estrellas en los crepúsculos aunque estén distanciadas de él; hallar la longitud por la distancia de la luna al sol o a una estrella.

De regreso a la Corte, obtuvo el hábito de la Orden de Alcántara por cédula real de fecha 5 de diciembre de 1795. La fama adquirida en sus anteriores trabajos le hizo ser designado para levantar el nuevo mapa topográfico de España, una vez firmada la paz de Basilea.

Cuando todos los preparativos estaban ultimados, la desgracia en que cayó el recién retornado Malaspina arrastró a los que eran sus amigos, incluso los no complicados en la conspiración contra Godoy, que le llevó a la prisión y al destierro. Galiano fue destinado al departamento de Cádiz, en cuyo puerto le fue conferido el mando del navío Vencedor.

Las guerras napoleónicas thumb|Dionisio Alcalá-Galiano. (Museo Naval de Madrid). El tratado de San Ildefonso renovó la alianza con Francia el 18 de agosto de 1796. Ello trajo consigo el intento de bombardeo de la escuadra de Nelson a Cádiz en 1797, en cuya defensa Galiano tomó parte principal y decisiva, al mando de algunas de las famosas “cañoneras”.

En 1798 Alcalá-Galiano es comandante del navío San Fulgencio y con él, en una noche tempestuosa, fuerza el bloqueo de Cádiz que mantenían los ingleses, realizando un viaje a América en busca de caudales de que estaba tan necesitada la Hacienda regia. A los 28 días de la salida llegó a Cartagena de Indias, continuando después a Veracruz. De allí, regresó a España con varios buques, pasando antes por La Habana donde quedaron las fragatas Juno y Anfitrite. Componían su división los navíos de línea San Fulgencio y San Ildefonso, así como las fragatas Esmeralda, Clara y Medea. Logró entrar en Santoña pese a la persecución de que le hicieron objeto los británicos. Para burlarlos remontó a ganar latitud hasta cerca de los bancos de Terranova. Trajo un total de siete millones de duros (monedas de a ocho reales) y diversos productos de ultramar.

El buen éxito de la expedición hizo que se pensase en repetirla y para ello pasó Alcalá-Galiano a Ferrol y sin ver a los suyos, se dispuso a volver a América en el navío San Pedro de Alcántara, cuyo mando había tomado. A la ida burló a sus perseguidores, pero no así a la vuelta, pues habiendo entrado en La Habana procedente de Veracruz como la vez anterior, cuando llegó la hora de salir encontró vientos contrarios, a más de las fuerzas británicas esperándole en superior número. En La Habana le sorprendió la Paz de Amiens. Después de firmada ésta, se encomendó a Galiano la traída de la segunda remesa de plata, que vino a España.

A su regreso a Cádiz le fue conferido el mando del navío Bahama de 74 cañones:

El buque formaba parte de una escuadra que debía ir a Nápoles a buscar a la futura princesa de Asturias, pero la boda con el príncipe don Fernando se aplazó y la escuadra entró en Argel en visita de miras diplomáticas. El Bahama, con la fragata Sabina, se destacó para desembarcar una comisión relacionada con el mismo asunto. La escuadra pasó seguidamente a Cartagena y allí el Bahama fue incorporado a la escuadra del marqués del Socorro destinada a ir a Nápoles a buscar a la princesa María Antonia de Borbón, prometida del Príncipe de Asturias, que posteriormente gobernaría como Fernando VII.

Con motivo de la boda de los Príncipes se concedieron muchas mercedes y ascendió Galiano a brigadier, no quedando contento por considerar que no debía recibir como merced entre las conferidas a muchos, lo que en justicia y como distinción le correspondía.

Manifestó su disgusto a Manuel Godoy y poco después se le comunicó que S.M. concedía a su hijo la gracia de alférez de fragata, con el privilegio que fuese educado precisamente a las órdenes de su propio padre; pero Galiano, que tenía otros planes con respecto a su hijo, no aceptó esta gracia altamente honrosa.