La etnografía de Venezuela es una rama de la antropología que estudia de manera sistemática a los venezolanos, incluyendo su diversidad cultural, social, histórica y biológica. Analiza grupos étnicos, costumbres, tradiciones, prácticas sociales y procesos de mestizaje. Venezuela es un Estado multiétnico cuya población conforma una sociedad pluriétnica, integrada por diversos pueblos indígenas, afrodescendientes, mestizos y blancos que conviven y contribuyen a la identidad cultural y nacional del país.

No obstante, los venezolanos no suelen dividirse en categorías raciales rígidas como ocurre, por ejemplo, en los Estados Unidos. De hecho, el censo venezolano no ha recopilado información racial desde 1854. En Venezuela, la raza es un constructo social flexible, no algo fijo ni determinado solo por el color de piel. La sociedad evalúa la raza usando factores culturales y sociales: clase social, educación, estilo de vida, comportamiento, profesión, lugar de residencia, e incluso moralidad. Esto permite que alguien no blanco, con estatus y comportamiento «aceptables», sea percibido simbólicamente como blanco y acceda a ciertos privilegios asociados a la blancura, al igual que en otros países de América Latina, aunque no se trate de un cambio fenotípico, pudiéndose considerar una forma de «racismo cultural» y reflejando la posible existencia de actitudes racistas ocultas en el país (véase Blanqueamiento y Racismo en Venezuela).

Los estudios genéticos en Venezuela evidencian que la población es mayoritariamente mestiza, con una mezcla significativa de componentes indígenas, europeos y africanos. Una investigación de ADN mitocondrial en poblaciones urbanas reveló que aproximadamente el 80 % de la herencia materna es de origen indígena, mientras que las contribuciones africana y europea rondan el 10 % cada una; dentro de este último componente predominan orígenes españoles, portugueses e italianos. Otros estudios regionales confirman que, en las zonas urbanas y mestizas, la mezcla es trirracial, con predominio europeo, seguido del indígena y, en menor medida, del africano. En cambio, en comunidades indígenas la ascendencia es casi exclusivamente amerindia, y en algunas poblaciones específicas puede observarse un predominio africano. En lo que respecta a la herencia paterna, la mayoría de los linajes masculinos son de origen europeo.

En Venezuela existen numerosos pueblos indígenas, cada uno con su propia identidad, territorio, lengua y tradiciones. Entre los grupos más destacados se encuentran los pemones, ubicados principalmente en la Gran Sabana; los yekuanas y guajibos, en el estado Amazonas; los yanomamis, en la frontera con Brasil; los waraos, en el delta del Orinoco; los wayuus, en el estado Zulia; así como los piaroas, yucpas y timotes en los Andes venezolanos, entre otros. En total, se reconocen oficialmente más de 50 pueblos indígenas en el país, que suman alrededor de 725 000 personas (2019).

Origen Institucionalización de la antropología La antropología venezolana puede dividirse en dos grandes periodos: antes y después de la década de los cincuenta. El primero estuvo marcado por el positivismo, el evolucionismo unilineal y en menor grado el difusionismo y el determinismo geográfico, cultivado por eruditos influenciados por Europa, especialmente Alemania y Francia. El segundo periodo se inicia con la fundación en Caracas del Instituto de Investigaciones Antropológicas (1952), el Departamento de Antropología y Sociología (1953) y la Escuela de Antropología y Sociología (1954) en la Universidad Central de Venezuela, durante la dictadura de Pérez Jiménez. Esta etapa, en ruptura con la anterior, puede subdividirse en tres momentos: de la fundación a 1968, de 1968 a 1986 y de 1986 en adelante.

Los principios de la Escuela estuvieron marcados por Miguel Acosta Saignes, la influencia boasiana y funcionalista de profesores norteamericanos y el aporte de figuras como J.M. Cruxent, considerado el padre de la arqueología venezolana. En este primer periodo se puso énfasis en el trabajo de campo como recolección de datos, aunque en Venezuela se caracterizó por un desarrollo desigual y con limitaciones en cuanto a sistematicidad, generando un «boasianismo latino». La arqueología se consolidó en el marco del particularismo histórico, con Cruxent y Rouse definiendo estilos cerámicos, cronologías y el concepto de Área intermedia. Desde los años sesenta penetró la influencia marxista a nivel teórico, aunque la metodología siguió siendo funcionalista.

El segundo periodo, iniciado en 1968, implicó el abandono del trabajo de campo, que sobrevivió solo en arqueología. Llegaron la influencia del mayo francés y de científicos sociales del Cono Sur, especialmente argentinos exiliados, que impulsaron una reflexión teórico-metodológica radical, dando menor relevancia a la práctica etnográfica y priorizando el debate metodológico. Bajo la influencia althusseriana se releyó a Marx y se criticó el funcionalismo y el neofuncionalismo, sin superar la antinomia sujeto/objeto ni generar alternativas prácticas. La ciencia social venezolana, en formación académica desde 1952, recibió la influencia de tendencias de la antropología argentina, caracterizadas por un énfasis en la teoría y una menor atención al trabajo de campo prolongado. Factores como la valoración de la sociología argentina, la politización universitaria y lo que algunos autores denominan «vergüenza étnica» contribuyen a explicar esta situación.

La llamada «vergüenza étnica», entendida como resultado de la ideología colonial y de la multietnicidad, limitó el desarrollo de la producción científica y antropológica. En Venezuela se considera «todo lo bueno viene de fuera», fomentando que los investigadores publiquen en el extranjero y en lengua extranjera, lo cual ha sido interpretado como un factor de distanciamiento cultural y científico. Así, la antropología venezolana se desarrolló bajo una «mirada antropológica» influida por modelos norteamericanos y europeos, aunque en realidad debía ser una mirada hacia sí misma y hacia su propia sociedad. La etnología y la antropología social se vieron limitadas por debates teórico-metodológicos y por la menor valoración del trabajo de campo, lo que dificultó el estudio del indígena, objeto tradicional de la disciplina, mientras que la arqueología produjo más, al poder desligarse de compromisos sociales.

La arqueología venezolana ha tenido dos tendencias básicas: el particularismo histórico y el materialismo cultural, este último impulsado en los años setenta por Mario Sanoja e Iraida Vargas, ligados a la llamada arqueología social latinoamericana. Sin embargo, sus objetivos no siempre se materializaron en la práctica. En cuanto al indigenismo, liderado por Esteban Mosonyi, no logró plenamente sus objetivos de conservación de tierras, integración comunitaria y organización de movimientos indígenas, en gran parte debido a la falta de atención a la desalienación cultural de la población criolla, sin apoyo universitario ni mediático.

La crisis indígena se agudizó desde los años ochenta con la decadencia del modelo económico petrolero y el interés en explotar territorios indígenas. Este contexto ha representado un desafío para la labor antropológica y ha reducido el interés de algunos jóvenes en la disciplina. Diversos enfoques recientes enfatizan la necesidad de retomar el trabajo de campo como actividad consciente y multidisciplinaria, para comprender lo que significa «ser americano» y buscar soluciones propias a los problemas de la región. Se ha planteado que la antropología en América Latina puede orientarse hacia la práctica social, considerando la desalineación cultural, científica y de las poblaciones, así como el fortalecimiento de vínculos entre antropólogos latinoamericanos.

La tercera etapa de la antropología en Venezuela, iniciada en 1986, se desarrolla en un contexto político y económico de cambios, con señales de transformación disciplinaria. En este periodo se ha planteado que la práctica antropológica debe centrarse menos en los debates metodológicos del Norte y más en los problemas propios de la sociedad venezolana, en crisis de identidad y de desarrollo histórico.

Grupos étnicos en Venezuela Censo de 2011 miniaturadeimagen|Diversidad étnica de los venezolanos en la primera Asamblea de Wikimedia Venezuela. De acuerdo con el censo de 2011, cuando se inquirió a las personas acerca de su condición étnica o racial, con las opciones: «moreno», «blanco», «negro», «afrodescendiente» u «otro», un 51,6% de la población dijo ser morena, En el informe sobre el censo realizado en 2011 http://www.ine.gob.ve/documentos/Demografia/CensodePoblacionyVivienda/pdf/nacional.pdf se define a "Morena/Moreno: como "Es toda persona cuyas características fenotípicas son menos marcadas o pronunciadas que de la persona definida como negra o negro. Es un término que en algunos contextos puede ser utilizado para suavizar las implicaciones discriminatorias que conlleva ser una persona negra." Precisamente por este hecho, portales como http://www.aporrea.org/actualidad/a148186.html resaltaban que "Pese a todos los inconvenientes derivados de lo que fue la formulación de la pregunta número siete (7) por parte de los empadronadores y empadronadoras, referida al autorreconocimiento y al no haberse hecho correctamente en muchísimos casos la pregunta correspondiente, es satisfactorio haber cumplido con la propuesta del Movimiento Social Afrovenezolano (RAV-ROA), el colectivo e individualidades como el profesor Esteban Emilio Mosonyi, que hicieron posible al Estado venezolano incorporar la dimensión afro (negro, moreno-afrodescendientes) en el pasado censo y también el cumplimiento del plan de acción de la Conferencia Mundial contra el racismo y otras formas de exclusión en el año 2001 en la ciudad de Durban, Sudáfrica, donde desde Chile en la pre-conferencia contra el racismo (diciembre 2000) se cambió la nomenclatura de “negro” por afrodescendientes, a nivel planetario y en el lenguaje de las relaciones internacionales." 43,6% se identificó como blanca, un 2,8% dijo ser negra, 0,7% dijo ser afrodescendiente y el resto (1,2%) mentó que es de otra raza. Los indígenas fueron contados de forma independiente, sin tener en cuenta el color de la piel, y un 2,7% de los venezolanos se identificó como tal.

Morenos miniaturadeimagen|Distribución de la población morena en Venezuela por municipios, según el censo de población y vivienda de 2011, INE. En el censo realizado en 2011 se define a Morena/Moreno como "toda persona cuyas características fenotípicas son menos marcadas o pronunciadas que de la persona definida como negra o negro. Es un término que en algunos contextos puede ser utilizado para suavizar las implicaciones discriminatorias que conlleva ser una persona negra."

Se aplica el término moreno a personas con una apariencia intermedia entre los estereotipos indígenas, europeos y africanos.Cita requerida Los morenos están distribuidos en toda Venezuela.Cita Requerida El mestizaje en Venezuela comenzó en el cuando los conquistadores y colonos españoles se unían con mujeres indígenas o africanas, debido a la escasez de mujeres españolas en el país. También había enlaces entre esclavos africanos y mujeres indígenas, dando origen a los zambos.

Blancos miniaturadeimagen|Distribución de la población blanca en Venezuela por municipios, según el censo de población y vivienda del 2011. INE Los inmigrantes europeos eran al principio colonos españoles. Durante el unos 50 000 europeos llegan a Venezuela, en su mayoría inmigrantes canarios. Muchos de estos europeos se radicaron en las regiones andinas, por razones principalmente climáticas.