thumb|Indio de la etnia huottuja o piaroa sosteniendo una cerbatana (Crevaux y Lejanne 1882, p. 295). En general, las cerbatanas son considerablemente más largas que la del grabado.
La cerbatana (también pucuna o bodoquera) es un arma sencilla de largo alcance que consiste en un tubo largo y estrecho para disparar proyectiles ligeros, como dardos. Funciona colocando el proyectil dentro del tubo y utilizando la fuerza creada por la exhalación forzada para impulsarlo neumáticamente. La potencia de propulsión está limitada por la fuerza de los músculos respiratorios del usuario y la capacidad vital de sus pulmones.
Etimología La palabra pucuna viene del quechua pukuna, para referirse a un arma de tiro consistente en un tubo o canuto estrecho que se usa para lanzar dardos o flechas soplando con fuerza por uno de los extremos.
Uso en América del Sur, Centroamérica y México
Historia thumb|Guerrero mixteca utilizando una cerbatana mientras sostiene una aljaba supuestamente llena de dardos. Pictograma extraído del Códice Bodley. (Ver Cultura mixteca)
Existen pruebas científicas que demuestran el uso de la cerbatana durante la antigüedad en muchos lugares de América del Sur, Centroamérica y México. Concretamente en Perú se hallaron evidencias sobre su uso en épocas remotas.
Evidencias arqueológicas Son muy raras las armas antiguas de este tipo halladas en excavaciones arqueológicas. Uno de estos raros hallazgos se realizó en una tumba mochica localizada en la costa sur del Perú. Allí se encontró un tubo largo con el interior perfectamente pulido, extremos ahuecados y ligaduras finas atadas a ciertos intervalos, que se conserva en la colección de Javier Prado y Ugarteche en Lima.
Sin embargo, las evidencias documentales no son tan escasas. Nique y d'Harcourt describen unas vasijas halladas en Trujillo, que están decoradas con la estampa de un cazador armado con cerbatana apuntando a unos pajarillos. Otro ejemplo (Wassermann-San Bias 1938, fig. 473) es el de un jarrón perteneciente a la cultura protochimú encontrado en la misma localidad, también decorado, donde se representa el tronco de un árbol con tres ramas, en cada una de las cuales hay un pájaro. En la parte inferior del jarrón, una persona protegida con un escudo está disparando a las aves valiéndose de una cerbatana. En la colección de Rafael Larco Hoyle en Trujillo (Stirling 1938, p. 80), hay un recipiente, probablemente del Chimú temprano, decorado con la estampa de lo que parece ser un hombre usando una cerbatana.
En un pedazo de tela hallado en Pachacámac (Max Schmidt 1910, p. 47-48), que se conservaba antes de la Primera Guerra Mundial en el Museo de Etnología de Berlín, estaba representado un individuo haciendo ademán de soplar una cerbatana. Este individuo llevaba colgado del hombro lo que se podría interpretar como una especie de cuerno, y apuntaba con su arma de caza a la copa de un árbol sobrevolado por un pájaro.
Estos ejemplos de la arqueología peruana (muy escasos, teniendo en cuenta la riqueza del material arqueológico de Perú) demuestran la existencia de la cerbatana en la América prehispánica. Y, en cualquier caso, los tres ejemplos de cerámica y la pieza de textil citados demuestran que ya se usaba en la costa peruana antes de la dominación Inca.
Es bien sabido que la cerbatana se utilizó en México y la América Central durante la época precolombina. Así lo demuestran, por ejemplo, himnos religiosos aztecas, hallados en la ciudad mexicana de Sahagún, y representaciones en el mapa de Alonso de Santa Cruz, conservado en la biblioteca de la Universidad de Uppsala, Suecia. En algunas narraciones del Popol Vuh, también se hace referencia a la cerbatana. Uno de los ejemplos más destacados del uso de la cerbatana en el antiguo México es el encontrado en un fragmento de vasija descubierto en Teotiguacán (Linné 1939, p. 57). En dicho fragmento, aparece un hombre portando una cerbatana en la mano derecha, que se dedica a cazar quetzales disparando, lo que parecen ser, bolitas de arcilla.
Hay evidencias que apuntan a que,el uso de la cerbatana en México y Centroamérica es posterior al de Sudamérica. Una de ellas es que no se tiene constancia del uso de bolitas de arcilla, como munición para la cerbatana, desde los albores culturales estudiados por antropólogos especializados en la cultura maya, como, por ejemplo, George Vaillant. Sin embargo, sí se han encontrado rastros de esta munición en algunos trabajos arqueológicos realizados en Teotihuacán. La cerbatana mexicana y centroamericana existente a mediados del , descrita por el arqueólogo Jens Yde, no difiere en estructura, según sus palabras, a la de los tipos sudamericanos. Según este investigador, la cerbatana sudamericana consta de un tubo simple que usa como munición bolitas de arcilla. Por este motivo (argumenta Yde), y respaldado por el hecho de que las primeras cerbatanas mexicanas son posteriores a las cerbatanas halladas en la costa peruana, no es probable que esta arma de caza se haya inventado en México o América Central. Su presencia puede deberse influjos culturales que se remontan hacia atrás en el tiempo, provenientes de América del Sur, y en una fecha relativamente tardía.
Los primeros escritos thumb|400px|Cerbatana tipo I, «cartuchera» o aljaba, y dos dardos, encontrados en posesión de un miembro del grupo étnico De'Aruwa (Huottuja o Piaroa) en el lugar conocido como raudal Gavilancito, río Gavilán, afluente del río Cataniapo, afluente del río Orinoco. La cerbatana era relativamente corta (1.75 m) y sólo tenía el «cañón» sencillo de bambucillo tipo I. Se puede observar la mira (el abultamiento aproximadamente a la mitad del cañón) Los dardos medían 50 cm de largo.
La cerbatana era un arma desconocida para los antiguos conquistadores españoles que exploraron las tierras de América del Sur. Por este motivo, atrajo su atención, y la describieron en algunas de sus narraciones. En 1539, el cronista español Cieza de León dio cuenta de las armas utilizadas por los nativos en la provincia de Armas, Colombia, con las siguientes palabras: «Las armas que tienen estos indios son dardos, lanzas, hondas, tiraderas con sus estólicas» (Cieza de León, 1922, p. 61). Como nota curiosa decir que, aunque en esta brevísima descripción, como se puede ver, no se hace ninguna referencia a la cerbatana, la traducción incorrecta al inglés realizada por Sir Clements R. Markham logró hacerse camino, erróneamente, entre la literatura etnográfica anglosajona, traduciendo «tiraderas con sus estólicas» por la palabra equivalente en inglés de cerbatana.
Jens Yde, en su artículo The regional distribution of south american blowgun types (Yde Jens. Tomo 37, 1948. pp. 275-317), recopila varios autores españoles y portugueses que describieron en sus crónicas el uso de la cerbatana por parte de diferentes poblaciones indígenas. A continuación, se muestra una lista ordenada cronológicamente con algunos de ellos:
Jorge Robledo. Antioquía (1541) Es a partir de 1537, en los inicios de las exploraciones y conquista del territorio antioqueño, enmarcado dentro de la actual Colombia, cuando personajes como Jorge Robledo dejan constancia en sus crónicas sobre el uso de cerbatanas por parte de algunos pueblos en la provincia de Anserma.
En otro sitio encontramos una descripción de algunos de los pueblos en la costa oeste de Colombia (Robledo, p. 142): «En las provincias de Sima y Tatape y Chocó llámanse por sí provincia de barracoas en indio...; tienen por armas unas cerbatanas á manera de acá; tiran con ellas unas flechecitas con unas puntas de palma negra». La breve descripción de la cultura de esta región está de acuerdo con lo que se conoce de los indios chocó.
Juan Pérez de Tolosa. Cucutá (1549) En este año, Juan Pérez de Tolosa, en su viaje de Cucutá al lago de Maracaibo, se reunió con los indios bobures en las llanuras a lo largo del Río Zulia. Escribió de éstos que no eran muy guerreros.
En relación con este texto destacar que la cerbatana rara vez se usó como arma de guerra en Sudamérica y que, por aquella época, hace ya mucho tiempo que los Motilones aparentemente no la empleaban, siendo los bobures una subtribu de estos últimos.
Juan Álvarez de Maldonado. Río Madre de Dios (1567) En este año, según otras publicaciones en 1570, el explorador español Juan Álvarez de Maldonado observó cerbatanas en algún lugar de la región Río Madre de Dios. La descripción del arma aparece en su hoja de méritos y servicios, donde se le acredita como «descubridor de Nueva Andalucía, Chunelos, Mojos y Paitití». Allí, entre una lista de tribus que usan arcos y flechas, se nombra a los corocoro utilizando cerbatanas con pequeñas flechas untadas con «yerba de ballesteros, una cosa excesivamente mala». Hoy día no es posible identificar la mayor parte de las tribus citadas por Maldonado. Tal vez los corocoro fuesen grupos que estuvieron asentados en algún río del actual municipio boliviano de Coroico, cerca de la región actualmente habitada por los lecos.
Bernal Díaz del Castillo. Santiago de Guatemala (1568) Los biógrafos de Bernal Díaz del Castillo dicen que en ese año termina de pasar a limpio su manuscrito de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Siete años después llegó una copia manuscrita a la Península ibérica, en la que se basó la primera edición impresa, que fue publicada póstuma en 1632. En el capítulo CIV de su obra, donde se describen los regalos que el emperador Moctezuma envía como tributo al emperador Carlos I, Diaz del Castillo nombra dos veces la cerbatana.
Según Covarrubias, el esquero es «una cierta bolsa que andaba asida en el cinto, donde la gente del campo llevaba la yesca y pedernal para encender lumbre.» Atendiendo a la definición de bodoque del mismo autor, las bodoqueras son en este caso las bolitas o proyectiles que se disparan con la cerbatana.
Más adelante, en el mismo capítulo, vuelve a nombrar de nuevo las cerbatanas.
Juan de Castellanos. Nueva Granada (1592) Aunque el manuscrito lleva la fecha de 1602, es en este año cuando Juan de Castellanos completa su Historia del Nuevo Reino de Granada, que constituye la cuarta parte de su obra en verso Elegías de varones ilustres de Indias. En ella habla sobre la conquista de Bogotá, Tunja y pueblos aledaños. En una edición posterior, editada en Madrid en 1886, se describe el uso de la cerbatana por parte de los indios moscas, «moradores de todo lo que llaman tierra fría». En el texto se emplea la palabra «cebratana», en lugar de cerbatana.
En la misma obra, se hace de nuevo referencia a la «cebratana» durante la narración de un enfrentamiento entre los españoles y los indios panches:
El cronista franciscano Fray Pedro Simón recoge también algunas referencias del uso de cerbatanas por parte de los panche, que probablemente daten de las mismas fechas. En la edición de Bogotá, 1882-1892, se puede leer en el volumen 2, página 161, lo siguiente: «No faltaba entre ellos quien trajase sobre los hombros largas y gruesas mazas, otros ondas, y lisas piedras en unos mochilas ó zurrones; otros zaetas emplumadas y cerbatanas con que las tiraban, y todas estas armas con mortífero veneno». En la página 163, se mencionan expresamente las «cervatanas» en relación con los indios panche.
Fray Pedro Simón. Provincia de Betoma (1592) En sus crónicas sobre la exploración de la provincia de Betoma, llamada por los españoles Caldera y Valle de San Marcos, a las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, el cronista Pedro Simón menciona cómo los indios taironas, que habitaron el departamento de Magdalena, disparaban pequeñas flechas valiéndose de cerbatanas para matar pájaros, cuyas plumas luego usaban de ornamento.
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