La Casa Botines (o Casa Fernández y Andrés) es un edificio de estilo modernista situado en la ciudad española de León, capital de la provincia homónima. Originalmente era un almacén comercial y residencia particular. Construido y diseñado por el arquitecto Antoni Gaudí entre 1891 y 1892, es una de sus tres obras fuera de Cataluña, junto con el Palacio Episcopal de Astorga —también en la provincia de León― y El Capricho de Comillas, en Cantabria.

Se encuentra ubicado junto al palacio de los Guzmanes —sede de la Diputación de León— y junto a la plaza de Santo Domingo, lugar de encuentro entre el casco antiguo y el ensanche. Fue declarado Monumento histórico de interés cultural en 1969 y restaurado íntegramente en 1996. Desde 2017 acoge el Museo Casa Botines Gaudí, gestionado por la Fundación Obra Social de Castilla y León (Fundos).

El término «Casa Botines» deriva del apellido del fundador de la sociedad, Juan Homs y Botines,Lucas del Ser, Carmelo de: Catalanes en León. Juan Homs i Botines. El comerciante que dio nombre al edificio de Gaudí en León. Nuevas Iniciativas, revista de Caja España, número 20, correspondiente a octubre-noviembre-diciembre del año 2002, páginas 42-47. un empresario y comerciante de origen catalán asentado en la capital leonesa. Sus socios Mariano Andrés González-Luna y Simón Fernández Fernández fueron los responsables del encargo de la casa a Gaudí.

Esta obra pertenece al período neogótico de Gaudí (1888-1898), etapa en que el arquitecto se inspiró sobre todo en el arte gótico medieval, el cual asumió de forma libre, personal, intentando mejorar sus soluciones estructurales. El neogótico fue en aquella época uno de los estilos historicistas de mayor éxito, sobre todo a raíz de los estudios teóricos de Viollet-le-Duc. Gaudí estudió con profundidad el gótico catalán, balear y rosellonés, así como el leonés y el castellano en sus estancias en León y Burgos, y llegó al convencimiento de que era un estilo imperfecto, a medio resolver. En sus obras de esta época eliminó la necesidad de contrafuertes mediante el empleo de superficies regladas y suprimió cresterías y calados excesivos.

Esta obra está inscrita como un monumento declarado en el registro de bienes de interés cultural del patrimonio español.

Historia

miniatura|izquierda|Alzado del edificio realizado por Gaudí miniatura|izquierda|Plano del edificio realizado por Gaudí La ciudad de León se encontraba a inicios del en cierto estancamiento tras su glorioso pasado medieval, aunque esta situación cambió con la llegada del ferrocarril en 1860, que, junto con el auge de la minería del carbón, convirtió a la ciudad en un importante enclave comercial entre el norte y el centro de la península ibérica.

En León se asentó en 1834 una prendería regentada por el comerciante catalán Juan Homs y Botines,Según otra versión, el apellido original sería Botinás o Botinàs. dedicada a la compraventa de tejidos. Con el tiempo, dicho comerciante pasó a formar sociedad con uno de sus empleados, Simón Fernández Fernández, más tarde casado con una cuñada suya. Fernández se estableció con el mismo negocio de tejidos en la plaza de Don Gutierre —entonces plazuela de Boteros— y terminó asociándose con otro antiguo empleado de Juan Homs, Mariano Andrés González-Luna, con lo que la primitiva firma Homs y Fernández se convirtió en Fernández y Andrés, con domicilio en la plaza Mayor. Con el tiempo ampliaron sus actividades y, además de tejidos, se dedicaron a la compraventa de oro y títulos bancarios.

Fernández y Andrés se convirtieron en los representantes en la capital leonesa del Banco Hispano Colonial, con sede en Barcelona, fundado por el marqués de Comillas, Antonio López y López; este era suegro del empresario Eusebi Güell, mecenas de Gaudí, que fue quien recomendó al arquitecto para llevar a cabo la construcción de una nueva casa para el negocio en la plaza de San Marcelo. El inmueble tomó el nombre de Botines por el promotor original de la sociedad, aunque se conoce también como Casa Fernández y Andrés. A la muerte de Simón Fernández en 1891 le sucedieron en la sociedad sus hijos José y Aquilino Fernández Riu. En ese momento Gaudí trabajaba en Astorga, en la obra del Palacio Episcopal (1889-1893), por lo que aceptó el encargo debido a su cercanía y consonancia estilística, si bien algunos estudiosos han planteado la posibilidad de que el encargo del Palacio Episcopal y de la Casa Botines se realizara al mismo tiempo; o, incluso, de que Botines fuera anterior al Palacio Episcopal.

Construcción

La parcela sobre la que se ubicaría el edificio, de , fue comprada por Fernández y Andrés al duque de Uceda (Francisco de Borja Téllez-Girón y Fernández de Velasco) y sus dos hermanas, Rosario y María de la Piedad, a quienes la Diputación de León ya había adquirido el contiguo palacio de los Guzmanes en 1882. El precio de compra fue de 17 000 pesetas. Originalmente, el proyecto fue objeto de un enconado litigio promovido por el ayuntamiento a instancias del vecino de poniente, Eleuterio González del Palacio, que no veía con agrado la implantación aprobada, por ser atentado contra el ornato público y dejar sin lucimiento la fachada del palacio. Este pleito iría ligado a la cesión del terreno y al dominio de la parte del solar en la plaza de San Marcelo. La resolución judicial, de 1891, reconoció a los propietarios una superficie de .

miniatura|Antoni Gaudí El arquitecto mandó los planos en diciembre de 1891 y dedicó el invierno a la preparación de la obra. Con la llegada del buen tiempo, Gaudí se trasladó a León con su equipo de maestros y oficiales, donde no había obreros especializados, pero sí canteros que trabajaban en la restauración de la catedral. Las obras comenzaron el 4 de enero de 1892. La construcción estuvo rodeada de intrigas y malos augurios, que Gaudí zanjó pidiendo por escrito y firmados todos los informes técnicos contrarios para, una vez terminada la casa, exponerlos en un sitio visible del vestíbulo.

En cualquier caso, Gaudí no disponía de mucho tiempo para enfrentarse a las discrepancias suscitadas, por tenerlo absorbido en Barcelona el estudio de la nueva estructura que pensaba dar a la Sagrada Familia y al colegio de las Teresianas. Estas atenciones le obligaron a espaciar sus visitas a la obra, que suplía con eficacia las más frecuentes de su encargado Claudi Alsina, portador de sus instrucciones. En el equipo figuraban además Antonio Cantó, encargado de la cantería; Mariano Padró, albañilería; y Juan Coll, carpintería. Por otro lado, la carpintería de taller fue encargada a la firma barcelonesa Casas, Planas y Cía —posteriormente Casas y Bardés—; las columnas de fundición se encargaron a Hijos de Ignacio Damians, también barcelonesa; la puerta principal de hierro forjado fue elaborada por los talleres de Joan Oñós, también de la Ciudad Condal; la verja del sótano, las barandillas y el montacargas fueron confeccionados por Kessler, Laviada y Cía., de Gijón; los techos decorados eran de Hermanos Vila; y las rejas de las ventanas del sótano de Bernardo Valero, de León.

La construcción se concluyó tras diez meses en noviembre de 1892, un hecho notable por el grado de elaboración artesanal que presenta en la mayoría de sus elementos y que sorprendió a los leoneses de la época. La imagen de San Jorge y el dragón fue colocada con posterioridad al fin de las obras, el 15 de noviembre de 1893.

Evolución posterior

miniatura|izquierda|La Casa Botines en construcción A comienzos del , Mariano Andrés compró la parte del negocio de su socio a sus descendientes, José y Aquilino Fernández Riu. A su fallecimiento en 1911, la propiedad de la casa pasó en una mitad a su viuda, Leonarda Lescún Lubén, y la otra mitad a sus hijos, Mariano y Rogelia Andrés Lescún.

miniatura|La puerta de forja de la Casa Botines antes de su colocación, en el taller de Joan Oñós (Barcelona). Obsérvese la desaparecida inscripción Fernández y Andrés En 1929, el edificio fue adquirido por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. La compra a los herederos de Mariano Andrés se hizo por 750 000 pesetas. En 1931, esta entidad hizo una pequeña remodelación, en que se suprimió el altillo de madera del centro de la planta baja y la escalera central, al tiempo que se sustituyeron los mostradores de madera por otros de mármol y cristal.

Hubo una nueva reforma en 1953, que fue polémica porque rompió con el diseño original, pues eliminó siete de los veintiocho pilares del sótano. Se encargó la remodelación al arquitecto Luis Aparicio Guisasola, quien para proporcionar más espacio a la planta noble suprimió las columnas por vigas metálicas horizontales; en el semisótano se forraron las columnas con placas rectangulares de madera, frente al anterior fuste cilíndrico metálico; y, en la planta noble, se forraron las columnas con mármol blanco y se ocultaron los capiteles bajo un falso techo de escayola.

En el transcurso de estas obras, en las que se pretendía sustituir la estatua de san Jorge por una de la Virgen del Camino, patrona del Reino de León, se encontró detrás de la estatua un tubo de plomo que contenía una serie de documentos relativos a la obra, como los planos del edificio firmados por Gaudí, el contrato de propiedad del solar, el acta de conclusión de las obras y unos periódicos locales. Al encontrarse los planos se pudieron atestiguar diversos elementos proyectados por Gaudí que finalmente no se ejecutaron —el arquitecto solía realizar numerosas modificaciones sobre la marcha—, como una puerta de madera y unas balaustradas laterales en la entrada principal, unos pilares de piedra en la verja del foso rematados por animales fantásticos y un chapitel poligonal en el torreón noreste.

El 24 de agosto de 1969, la Casa Botines fue declarada por el Decreto 1794/1969 del Consejo de Ministros como Monumento histórico-artístico de carácter nacional, junto con otras dieciséis obras de Gaudí.

El edificio fue propiedad de Caja León hasta que esta absorbió en 1990 a otras cuatro cajas de ahorros y se convirtió en Caja España, entidad que seis años después acometería nuevamente obras de restauración en el edificio para devolverlo a su estado original. Después de estas obras, que le valieron el premio Europa Nostra en 1998, el edificio Botines se convirtió en la sede de la caja de ahorros. En la nueva rehabilitación, realizada por los arquitectos Félix Compadre Díez y Mariano Díez Sáenz de Miera, se procuró respetar al máximo el opus gaudiniano, al tiempo que se buscaba conjugar en la medida de lo posible los valores físicos del edificio con la utilidad y la funcionalidad. Así, se recuperaron los diversos elementos originales suprimidos o transformados en la anterior reforma, a través de su reconstrucción o de su recuperación.

Tras la fusión de Caja España y Caja Duero se creó en 2016 la Fundación España-Duero y la Casa Botines fue reconvertida en museo, el Museo Casa Botines Gaudí, cuya inauguración se produjo el 23 de abril de 2017. El nuevo museo permitió la visita al edificio gaudiniano abierto al público por primera vez. En sus salas se exponen diversos objetos y obras de arte de la Fundación. En 2018, la Fundación España-Duero cambió su nombre por Fundación Obra Social de Castilla y León (Fundos).

Descripción

miniatura|izquierda|Maqueta del edificio, en Cataluña en Miniatura miniatura|Parte trasera de la Casa Botines vista desde la muralla El proyecto de Gaudí consistía en un edificio a cuatro vientos de estilo neogótico, resuelto con su inconfundible sello modernista, si bien se ha apuntado igualmente cierta influencia renacentista, dada cierta similitud con el castillo de Azay-le-Rideau (Indre y Loira).