La Revolución del Parque, también conocida como Revolución de 1890, fue una insurrección cívico-militar producida en la Argentina el 26 de julio de 1890 dirigida por la recién formada Unión Cívica, liderada por Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, entre otros. La revolución fue derrotada militarmente por el gobierno pero llevó a la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Pellegrini.
Antecedentes miniatura|El presidente Juárez Celman estaba muy desprestigiado en 1890. miniatura|Francisco Barroetaveña convocó a la juventud a formar la Unión Cívica. miniatura|Leandro Alem, cabeza de la revolución, nombrado presidente provisional. miniatura|Aristóbulo del Valle: como senador agitó la revolución desde su banca. miniatura|El general Manuel J. Campos fue el jefe militar de la revolución.
En 1889 la Argentina estaba convulsionada desde dos años atrás por una grave crisis económica-social con una acentuada caída de los salarios, desocupación obrera y un reguero de huelgas nunca antes visto. La presidencia del general Julio Argentino Roca (1880-1886) había sido sucedida por la de su cuñado Miguel Juárez Celman, cuya gestión era denominada por sus opositores el Unicato y salpicada por denuncias de corrupción y autoritarismo.
En sus dos primeros años de presidencia, Juárez Celman se benefició con una suerte de tregua política; Sarmiento dio su último combate contra él pero se retiró al Paraguay donde murió poco después y Mitre dijo que "juzgaría al gobierno por sus hechos, olvidando lo espurio de su origen", por lo que no quedaron a la vista dirigentes que pudieran oponérsele y recién con el crack bursátil de 1888 empezó a manifestarse el descontento.
Dice Roy Hora que si bien durante la presidencia de Juárez Celman el acceso al crédito público, el otorgamiento de concesiones para la construcción de puentes o líneas de ferrocarriles y la creación de centros agrícolas que aumentaban repentinamente el valor de las tierras cercanas favoreció el enriquecimiento de algunos amigos del régimen, la importancia de estos hechos no fue grande en comparación con lo sucedido en períodos anteriores y posteriores de la historia del país. Por otra parte, desde 1886 el déficit de la balanza comercial había ido creciendo, llegando en 1889 a un acumulado de más de ciento sesenta y un millones de pesos oro y el papel moneda -los pesos fuertes- que en 1883 se cotizaban a la par del peso oro, ahora valían treinta y ocho centavos.
Señalan Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde que para comprender el proceso político que se vivió en la época se debe tener presente que la sociedad estaba en una rápida transición que hizo perder vigencia a las fórmulas políticas que eran válidas años atrás; en muy breve tiempo la gran aldea y el país provinciano se había convertido en una nación cosmopolita y moderna pero la transformación no había alcanzado a todos los sectores y "subsistían formas políticas del pasado mientras la economía, y en medida importante el Estado, ya habían sufrido transformaciones impresionantes".
A mediados de 1889 Juárez Celman estaba en la cúspide del poder después de haber desplazado a Roca de la jefatura del PAN para empezar a gestar la próxima candidatura de Ramón J. Cárcano, en tanto Pellegrini -una figura singularmente popular- se mantenía alejado de la política. Entre julio y agosto de 1889 comenzaron a realizarse en forma regular reuniones en la casa de Aristóbulo del Valle para discutir la organización de un partido político que se opusiera al PAN con la participación de los mismos políticos que habían integrado en 1886 la coalición Partidos Unidos -mitristas, católicos, exrepublicanos y bernardistas- que se había disuelto días después de su derrota electoral.
El 20 de agosto de 1889 apareció en el diario La Nación un artículo titulado ¡Tu quoque juventud! En tropel al éxito, firmado por Francisco Barroetaveña, que sacudió a la opinión pública y a la juventud en particular, donde condenaba la ausencia de principios morales y el apoyo de ciertos jóvenes al entonces presidente Miguel Juárez Celman diciendo:
Al día siguiente de la publicación, Modesto Sánchez Viamonte, Carlos Zuberbühler y Carlos F. Videla felicitaron al autor y ofrecieron homenajearlo en un banquete, pero Barroetaveña sugirió que en cambio organizaran una fiesta cívica, lo que llevó a la formación alrededor de su figura de un grupo juvenil que convocó a un gran mitin el 1 de septiembre de 1889 en el Jardín Florida de la ciudad de Buenos Aires mediante una invitación que firmaban, entre otros, Emilio Gouchon, Adolfo Mujica, Pedro Varangot, Rufino de Elizalde y Marcelo T. de Alvear. En esa reunión se leyó una adhesión de Bartolomé Mitre y se pronunciaron varios discursos, comenzando por el de Barrotaeveña, que no se refirieron al tema económico sino que se centraron en los valores cívico-morales de la juventud; en el mitin se dejó constituida la Unión Cívica de la Juventud cuyo propósito era aglutinar al amplio espectro de opositores al gobierno de Miguel Juárez Celman, sostenido por el oficialista Partido Autonomista Nacional.
El 15 de diciembre de 1889, la Unión Cívica de la Juventud inauguró con un acto realizado en el Teatro Iris un club cívico para la parroquia de San Juan Evangelista de la ciudad de Buenos Aires y al finalizar la reunión los asistentes fueron atacados con armas de fuego por un grupo parapolicial enviado por el gobierno. La policía presente en el lugar no detuvo a los atacantes y en cambio reprimió violentamente a los asistentes al acto, lo que causó una gran indignación pública y es mencionado como el desencadenante más inmediato de la revolución. El 20 de diciembre la nueva agrupación creó un comité de coalición patriótica que contaría con una junta consultiva de ciudadanos mayores a los que se explicaría el proyecto y pocos días después Leandro Alem, Mariano Demaría y Aristóbulo del Valle tomaron la decisión de levantarse en armas para "impedir la sumisión sin esperanza al régimen de Juárez" y al grupo inicial se sumaron Juan José Romero, Miguel Navarro Viola y Manuel Anselmo Ocampo.
Por esos días llegó de Europa el general Manuel J. Campos, un militar de plena confianza de Bartolomé Mitre, que al ser contactado por Del Valle para sumarlo a la revolución dio una respuesta contundente:
En forma paralela a los preparativos secretos de la conspiración, la Unión Cívica de la Juventud conducida por Barroetaveña, buscó ampliar sus bases de apoyo popular en la ciudad de Buenos Aires, organizando un partido político más amplio, la Unión Cívica, con el propósito declarado de “formar un gran partido de coalición política que vencería en las luchas eleccionarias, o en el campo de la acción, si los gubernistas burlaban los derechos del pueblo, con fraudes o violencia”.
En enero de 1890, la crisis económica se siguió agravando, las obligaciones a término no pudieron ser pagadas y se produjo una corrida bancaria, el pánico llevó a los comerciantes a subir los precios de los artículos de primera necesidad y la población se empobreció súbitamente; el descontento de la población se generalizó y encontró rápidamente al presidente Juárez Celman como chivo emisario y Juan Balestra definió el momento con la frase "una revolución anda por las calles buscando quien la dirija". En las elecciones locales realizadas el 2 de febrero -en las cuales el voto no era obligatorio- prácticamente nadie se presentó a votar y el diario El Nacional tituló al día siguiente:
El oro que en 1885 se cotizaba a 137 pesos había subido a 148 en 1888, en marzo de 1890 ya estaba en 260 y el 10 de abril de 1890, cuando su valor era de trescientos pesos, renunció sorpresivamente todo el gabinete de Juárez Celman. El 13 del mismo mes se realizó un gigantesco mitin para fundar la Unión Cívica, cuya convocatoria fue firmada prácticamente por todos los sectores opuestos al gobierno a través de sus máximos representantes, desde el expresidente Bartolomé Mitre y sus seguidores, de tendencia conservadora oligárquica, hasta los líderes católicos José Manuel Estrada y Pedro Goyena, que se oponían activamente al laicismo del gobernante Partido Autonomista Nacional. Entre los convocantes habían jóvenes como Juan B. Justo, que pocos años después fundó el Partido Socialista de Argentina y el abogado Francisco Barroetaveña, que había movilizado a los jóvenes progresistas de clase media de Buenos Aires, el político Bernardo de Irigoyen, que se había alejado del oficialismo, el historiador y exrector de la Universidad de Buenos Aires Vicente Fidel López, el histórico general Juan Andrés Gelly y Obes, el empresario Mariano Billinghurst y la que fuera el ala popular del alsinismo, Leandro Alem y Aristóbulo del Valle; Leandro Alem fue la gran figura de la noche y resultó elegido presidente de la Unión Cívica.
La creación de la Unión Cívica finalizó con una enorme marcha hacia la Plaza de Mayo en cuya primera fila iban tomados del brazo Mitre, Alem, del Valle, Vicente López y Estrada, a los que se fueron sumando muchos ciudadanos que llenaron las calles del centro de la ciudad y la convirtieron en el primer acto político de masas de la historia argentina contemporánea. La manifestación produjo una seria crisis política en el gobierno y la renuncia inmediata de todos los ministros; en los medios favorables al gobierno se publicó un telegrama de Juárez Celman afirmando que el acto había sido una mascarada de extranjeros y de localistas ambiciosos y que continuaría su tolerancia mientras no pasaran de procesiones.
Los rumores sobre la situación económica se multiplicaban y se comenzó a hablar de emisiones de billetes clandestinas, esto es sin respaldo, y Marco Avellaneda, presidente del Banco Nacional, renunció a su cargo por no querer participar en la maniobra. y el 18 de abril, cuando el precio del oro estaba en 310 pesos, Juárez Celman designó como nuevo ministro de Hacienda al banquero Francisco Uriburu, pero al ser desautorizado por el presidente en una medida que había tomado, renunció el 9 de junio.
Los preparativos miniatura|130px|José Félix Uriburu, con 22 años en 1890, fue uno de los organizadores de la Logia de los 33 Oficiales que apoyó la Revolución.
La Unión Cívica no era una organización política con fines electorales, no presentó los habituales programas partidarios, no alentó a sus partidarios a votar ni propuso candidatos para el Congreso en las elecciones de febrero de 1890: era una cortina de humo para la preparación de la revolución. Mitre partió para Europa después del acto del 13 de abril y se formó una Junta Revolucionaria iniciándose los contactos entre los dirigentes políticos opositores y sectores de las fuerzas armadas descontentos con el roquismo. En particular se formó una logia militar para apoyar a la Unión Cívica, que contaba con la simpatía de los jóvenes oficiales y fue conocida como la Logia de los 33 oficiales. Sus líderes eran el capitán José M. Castro Sundblad, capitán Diego Lamas, el teniente Tomás Vallée y el subteniente José Félix Uriburu. Este último 40 años más tarde encabezaría el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen.
La logia militar le ofreció a Alem el apoyo del 1º de Infantería, el 1º de Artillería, el 5º de Infantería, el batallón de ingenieros, una compañía del 4º y un grupo de cadetes del Colegio Militar.
Simultáneamente Alem se puso en contacto con los oficiales de la marina de guerra, encabezados por los tenientes de navío Ramón Lira y Eduardo O'Connor, y poco después contaba con el apoyo de toda la flota.
El 30 de abril la Junta ejecutiva de la Unión Cívica convocó a los ciudadanos de las provincias a formar grupos de opinión.