La matanza de la Escuela Santa María de Iquique fue una masacre de trabajadores del salitre cometida en Chile el 21 de diciembre de 1907 y perpetrada por las Fuerzas Armadas de dicho país. Diversas fuentes contabilizan las muertes entre 2200 a 3600 personas mientras que las cifras oficiales del gobierno del presidente Pedro Montt solo las situó en 126. Eran personas de diversas nacionalidades que se estaban alojando en la Escuela Domingo Santa María de Iquique, en el contexto de una huelga general.
La tragedia acaeció en la época del auge de la producción salitrera, en el salar de Antofagasta y Tarapacá, bajo los gobiernos parlamentarios. La huelga —provocada por las míseras condiciones de trabajo y la explotación de los obreros— fue reprimida por medio del indiscriminado uso de la fuerza armada por parte del gobierno de Pedro Montt. El general Roberto Silva Renard —al mando de las unidades militares bajo instrucciones del ministro del interior Rafael Sotomayor Gaete— ordenó reprimir las protestas. Las tropas acabaron con la vida de los trabajadores junto con sus familias y dieron un trato especialmente duro a los sobrevivientes.
Se estima que un alto número de víctimas eran argentinos, bolivianos y peruanos, quienes —a pesar del pedido de sus cónsules— se negaron a abandonar el movimiento.
Antecedentes Sus antecedentes históricos se encuentran en el nacimiento del movimiento obrero en general, y el sindicalismo en particular. Ambos iniciaron su desarrollo dentro de los mineros del salitre, en tiempos de profunda decadencia institucional de su país. Esta huelga y su trágico corolario fueron el fin de un ciclo huelguístico iniciado en 1902 y que tuvo como principales protagonistas a la huelga de Valparaíso de 1903 y la de Santiago de 1905.
thumb|left|Trabajadores del salitre. Geográficamente toda la zona del salitre en Chile está constituida por el desierto de Atacama. Los territorios de Tarapacá y Antofagasta fueron obtenidos por Chile tras la Guerra del Pacífico (1879-1884), significando para Chile acceder a una zona de riqueza mineral compuesta principalmente por grandes yacimientos de cobre y salitre.
Este último se convertiría a fines del en el principal puntal de la economía del país, productor exclusivo a nivel mundial. Las tensiones provocadas por el dominio de las minas habían sido una de las principales causas de la Guerra Civil de 1891, cuando el bando del Congreso, protegiendo los intereses chilenos y británicos de la zona, vencieron en la contienda contra el presidente José Manuel Balmaceda.
Los yacimientos se encontraban en la mitad de la pampa, es decir, la planicie existente entre el océano Pacífico y los faldeos de la cordillera de los Andes. Según el censo del 28 de noviembre de 1907, Tarapacá tenía 110 000 habitantes. En esta provincia y en la de Antofagasta trabajaban cerca de 40 000 operarios, de los cuales cerca de 13 000 provenían principalmente de Bolivia y Perú. La vida en las minas era muy dura. Las empresas ejercían un duro control sobre la vida y obra dentro de los yacimientos, lo que provocaba un alto grado de vulnerabilidad de los trabajadores ante las arbitrariedades cometidas por los dueños, ya que este control desbordaba claramente el mero ámbito laboral de los trabajadores. La concentración de poderes era inmensa. Aparte de ser dueños de las viviendas obreras, las empresas contaban con un sistema policial propio, controlaban las pulperías y a todos aquellos que se dirigían a realizar negocios en las oficinas, establecieron un sistema exclusivo de pago por medio de fichas las cuales eran exclusivamente canjeables en las oficinas y negocios de su propiedad, y no dudaban en retrasar los pagos hasta dos o tres meses.
A principios del , la cuestión social en la región de Tarapacá empezó a manifestarse en el malestar de los cargadores y lancheros de varias oficinas salitreras, que pedían sueldos de acuerdo con un cambio estable, en reemplazo del sistema de fichas salitreras, entre otras peticiones que les permitiera mejorar sus deplorables condiciones de vida y laborales, tales como aumentos de sueldos que les permitiera alimentarse correctamente. Ante la negativa por parte de las empresas y del gobierno de Santiago, exigieron que les facilitaran los medios para regresar al sur del país, desde donde venía la mayoría, demanda que también fue rechazada. Los gobiernos parlamentarios eran reacios a intervenir en las negociaciones entre empleadores y trabajadores y tendían a considerar a los movimientos de gran escala, especialmente si iban acompañados de demostraciones masivas, como rebeliones incipientes.
Huelga general de 1907 thumb|250px|Marcha por las calles de Iquique de obreros que llegan desde la pampa. El 10 de diciembre de 1907, una huelga general se desató en la salitrera San Lorenzo y el paro se amplió a la de Alto San Antonio, iniciándose la «Huelga de los 18 peniques». Este nombre se debe a que los jornaleros pedían el pago de salarios a este tipo de cambio ya que el salitre era comercializado en libras esterlinas. La numerosa columna de huelguistas de Alto San Antonio llegó al puerto de Iquique, sede del gobierno regional, portando banderas de Chile, Perú, Bolivia y Argentina, alojándose en el hipódromo del puerto (donde hoy se ubica el Estadio Municipal de Cavancha). A este movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país.
thumb|250px|Marcha de los obreros en huelga en Iquique antes de ser alojados en la Escuela Domingo Santa María. El 14 de diciembre, a las 10 de la mañana, los obreros de la oficina San Lorenzo acordaron bajar al puerto de Iquique. A su vez, alrededor de tres mil trabajadores se congregaron en una reunión general en la oficina de San Antonio y decidieron marchar hacia Iquique, siguiendo la ruta del ferrocarril salitrero. La caravana llegó al Alto del León al amanecer del 15 de diciembre, y a las 7:30 horas empezaron a ingresar al hipódromo, siendo custodiados por las tropas del Regimiento Granaderos de Iquique, en presencia del intendente subrogante, Julio Guzmán García, Santiago Toro Lorca, Antonio Viera Gallo y el jefe de división Agustín Almarza.
Los huelguistas establecieron una comisión para entrevistarse con el intendente subrogante y así plantearle sus demandas, que incluían un pago de salarios al cambio de 18 peniques, cambio de fichas salitreras a la par, control para la venta al público en las pulperías, colocando una romana fuera del negocio, prohibición de arrojar a la rampa el caliche desechado, entre otras peticiones menores.
thumb|250px|Mitin de obreros en la Plaza Arturo Prat. La reunión se realizó en los salones de la Intendencia, en la calle Baquedano 951. Las autoridades pidieron a los dirigentes una tregua de ocho días para negociar las peticiones con los industriales salitreros, pero este tiempo fue rechazado por la multitud de obreros, quienes pidieron 24 horas para darles una solución a sus solicitudes. Julio Guzmán insistió, y le pidió al Comité Directivo de la huelga que se quedara unos días en Iquique, mientras el resto de obreros debía regresar a sus respectivas oficinas salitreras en un tren que saldría a las 17:00 horas Inicialmente los obreros acataron la medida, pero ya en el tren finalmente desistieron y se dirigieron a la Plaza Arturo Prat para hacer un mitin y luego dirigirse al edificio de la Intendencia, donde son llamados al orden por sus dirigentes. El intendente subrogante entonces acuerda facilitarles la Escuela Domingo Santa María para que pasen allí la noche.
En la mañana del 16 de diciembre, los obreros enviaron a la Intendencia un petitorio con diversos puntos, que fueron publicados para su lectura pública:
Durante esa mañana, los trabajadores también eligieron el Comité Directivo de la Huelga, que quedó presidido por José Brigg; se presentaron los delegados de las distintas oficinas salitreras, y los representantes de los distintos gremios de Iquique que apoyaban las demandas de los salitreros.
thumb|250px|Escuela Domingo Santa María en 1907. El 17 de diciembre la huelga se había generalizado tanto en la pampa como en Iquique. Julio Guzmán anunció a los dirigentes que en Santiago se había formado una comisión que llegaría a Iquique para solucionar el conflicto. A las 20:00 horas llegó un convoy con más de cien trabajadores que venían de los alrededores de Lagunas, los que también se instalaron en la Escuela Santa María, que por entonces había pasado a apodarse entre los obreros como el «cuartel general». Su azotea era utilizada por el Comité Directivo, mientras que los amplios salones del primer piso se habían adaptado como dormitorios, comedores y bodegas de comida. Por su parte, durante el transcurso del día y el día siguiente fue llegando más contingente militar desde otras ciudades, lo que llevó al Comité Directivo a decidir el 18 de diciembre no celebrar más comicios públicos, para evitar pretextos por parte de las autoridades de represalias por la vía armada.
thumb|izq|250px|Recepción de las autoridades el 19 de diciembre de 1907. A las 14:00 horas del 19 de diciembre, llegaron otros dos mil trabajadores provenientes de los alrededores de Huara, que se instalaron igualmente en la Escuela Santa María. Paralelamente, llegó a puerto el crucero Zenteno, que traía a bordo la Comisión anunciada por Julio Guzmán para dar solución al conflicto. Esta Comisión estaba integrada por el intendente titular Carlos Eastman Quiroga, el general Roberto Silva Renard y el coronel Sinforoso Ledesma. Con la llegada de esta Comisión, acabó el rol de mediador del intendente subrogante Julio Guzmán García. La Comisión se dirigió directamente al edificio de la Intendencia, seguida de numerosos trabajadores y civiles, que los recibieron con aclamaciones, ya que creían que venían comisionados para trasladarlos y solucionar sus problemas. Desde uno de los balcones del edificio, Eastman prometió entre vítores que arreglarían el conflicto, tras lo cual los obreros se trasladaron a la Escuela Santa María para esperar nuevas noticias.
A las 9:00 horas del 20 de diciembre llegaron alrededor de 3000 huelguistas más desde Negreiros y Huara. En total se estima que deben haberse reunido entre 8 mil y 10 mil hombres, mujeres y niños en la Escuela, muchos de los cuales eran peruanos y bolivianos.
Para evitar que siguiesen llegando trabajadores a la ciudad, las autoridades iniciaron detenciones a quienes viajaban para unirse a la huelga. En Huara detuvieron al comerciante Pedro Regalado Núñez y al obrero Pedro Díaz, quienes fueron acusados de agitadores y trasladados al puerto de Iquique, donde quedaron prisioneros en un buque de guerra. Todavía durante la mañana, el Comité nombró una comisión para ir a saludar a las autoridades en la Intendencia de parte de todos los trabajadores, gesto que fue bien recibido por el Intendente, quien declaró que «la autoridad está dispuesta y tiene los medios para asegurar en todo caso la tranquilidad de la ciudad y de la provincia». Sin embargo, durante el día siguieron llegando trabajadores pampinos (cuyos delegados fueron presentándose ante el Comité Directivo de la huelga) y alrededor de las 22:00 horas, el Intendente Eastman dictó un decreto equivalente al de un estado de sitio, que fue publicado en la prensa y dejaba las libertades constitucionales suspendidas, prohibiendo las reuniones de más de seis personas y el tránsito nocturno, obligando a los pampinos a concentrarse en la Escuela Domingo Santa María y en la Plaza Manuel Montt, y respaldando a las fuerzas del orden para dar «estricto cumplimiento» al decreto.
La matanza thumb|izq|Obreros huelguistas esperando al crucero Esmeralda. thumb|Marinería del crucero Blanco Encalada. thumb|izq|Regimiento Esmeralda durante la represión de la huelga. thumb|Concentración de mineros en la Plaza Montt, 21 de diciembre de 1907.