miniatura|Réplica del conocido como «ídolo de Zonzamas» en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife. Majo o Maho es el nombre que recibían los antiguos aborígenes de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, en el archipiélago atlántico de Canarias ―España— antes de la conquista europea en el .

La cultura de ambas poblaciones era muy similar, por lo que se las suele englobar en un mismo grupo. No obstante, en algunos trabajos modernos suele denominarse majo al aborigen de Lanzarote y majorero al de Fuerteventura.

Etnónimo y nombre de las islas

En la crónica de la conquista denominada Le Canarien se llama a los antiguos pobladores de ambas islas como canarios en general. El primero en aludir al término mahorero es el ingeniero Leonardo Torriani, quien en su obra publicada en 1590 alude a que los aborígenes de Lanzarote y Fuerteventura se llamaban así por denominarse Maoh sus islas. Otros autores contemporáneos a Torriani como el portugués Gaspar Frutuoso o el espurio Juan de Abréu Galindo, indican en sus obras que «...los isleños de estos dos islas se llaman mahoreros, que en nuestro idioma quiere decir ganaderos, porque este es su oficio...» y que «Los naturales destas dos islas (…) se llaman mahoreros, por que traian calzados de los cueros de las cabras, el pelo afuera, unos como zapatos á quien ellos llamaban mahos».

Por su parte, el poeta tinerfeño Antonio de Viana dice que los antiguos habitantes de ambas islas eran llamados mahorata como su isla, y que luego derivó en mahoreros.

Investigadores modernos como el filólogo Juan Álvarez Delgado propone como significado de maho el de 'campesino' u 'hombre de la tierra'. En el mismo sentido se pronuncia el también lingüista Ignacio Reyes, para quien el gentilicio de ambas poblaciones aborígenes sería mahorata como indica Viana, desde un primitivo mahār-at con el significado de 'los del país' o 'los hijos del país'.

El término está relacionado con el que se daban a sí mismos en general los amaziges. Diversos nombres numidios en *masi- como Masinisa, rey de los masilios, y la de los masesilos, o el término egipcio mašawaš, parecen relacionados con la raíz de maxos.

Orígenes de la población

Los recientes hallazgos arqueológicos en las islas orientales proponen un poblamiento premeditado por parte de las potencias marítimas de la Antigüedad en diversas oleadas con fines económicos.

Así se han encontrado pruebas de la presencia fenicia en Lanzarote y La Graciosa en torno al a.C., quienes provocarían una primera colonización con personas de su órbita cultural como los bereberes del norte de África. Posteriormente las islas recibirían nuevos aportes poblacionales a partir del siglo a.C. relacionado con la expansión de Cartago. Con el cambio de Era son los romanos quienes establecen factorías en las costas insulares e intensifican los contingentes poblacionales, quedando finalmente estas comunidades aisladas tras la desaparición de las actividades romanas en las costas africanas en los siglos o , dando origen al desarrollo de la cultura aborigen propiamente dicha.

Características físicas

La generalidad de los cronistas coincide en señalar la elevada estatura como rasgo distintivo de los majos de ambas islas, siendo superior a la del resto de aborígenes del archipiélago.

Las investigaciones antropológicas de restos humanos de Fuerteventura dan una altura media para los hombres de 171 cm y de 159 cm para las mujeres. Los majos de Lanzarote por su parte eran también altos y además robustos.

Juan de Abréu Galindo los describe en los siguientes términos:

Demografía

Los cronistas hablan para la isla de Lanzarote de 200 «hombres de defensa» −es decir, guerreros−, estimando los investigadores modernos una población total de unos 800 o un millar de habitantes en el momento de la conquista, achacándose este reducido número a las continuas razias esclavistas desarrolladas por navegantes mediterráneos a lo largo del siglo .

Cifras ligeramente superiores se dan para Fuerteventura, donde según las crónicas francesas sus habitantes vivían más reunidos que en Lanzarote.

Economía y subsistencia

miniatura|Cabras en Fuerteventura. La ganadería era la principal actividad económica del majo.

La economía de ambas islas se basaba principalmente y casi en exclusiva en la ganadería. La cabaña ganadera −la mayor del archipiélago− estaba formada mayoritariamente por cabras, así como por ovejas de una raza sin lana.

También estaban presentes como animales domésticos, aunque en menor medida, un tipo de cerdo −al que denominaban ylfe en ambas islas− con rasgos arcaicos, y perros de pequeño tamaño relacionados con razas pastoras norteafricanas.

Del ganado se aprovechaba principalmente la carne y la leche denominada aho, obteniéndose también derivados como el queso y la manteca.

La agricultura se desarrollaba de manera complementaria y de forma muy rudimentaria, no estando documentada su práctica en la isla de Fuerteventura. Se cultivaba sólo la cebada −llamada tamozen− en pequeños huertos arados con cuernos de cabra y palos próximos a los poblados. Este cereal era transformado en gofio una vez tostado y molido, siendo alimento fundamental que se consumía mezclado con leche, agua o manteca.

Los aborígenes también llevaban a cabo la recolección de algunos frutos silvestres como las moras de la zarzamora o los dátiles de las palmeras canaria y datilera, esta última posiblemente introducida por los aborígenes.

miniatura|La hubara canaria formaba parte de la dieta aborigen.

La pesca y el marisqueo aparecen como recurso importante en ambas islas. Los moluscos más comunes en los yacimientos son las lapas, los burgaos y la carnadilla.

Por su parte, destaca la caza de diversos tipos de aves como pardelas, palomas o hubaras, así como la de ejemplares de foca monje en Fuerteventura.

Impacto sobre el ecosistema insular

El poblamiento de las islas trajo consigo un considerable impacto en el medio ambiente insular. Así, en Fuerteventura desaparecen por el intenso pastoreo especies arbóreas como el madroño y el viñátigo, y quedan reducidas las poblaciones de palo blanco y laurel, indicativas todas ellas de la presencia de bosques de monteverde en el pasado remoto. Lanzarote también ve mermada su ya de por sí escasa masa boscosa, que estaría compuesta por bosquetes de fayas y brezos en los macizos montañosos más elevados.

La caza por parte de los aborígenes de ambas islas de diversos animales endémicos provoca su extinción. Tal es el caso de las pardelas de malpaís y de las dunas, y la codorniz canaria, reduciéndose también la presencia de la foca monje. En cuanto al ratón del malpaís, la introducción por parte de los aborígenes del ratón común provocó la competencia de ambas especies y la posterior extinción de la primera.

Hábitat

miniatura|Restos del poblado de Zonzamas, en Teguise.

Viviendas y asentamientos

El principal hábitat en ambas islas era el poblado en superficie dada la escasez de cuevas naturales que son el tipo de hábitat más común entre los aborígenes del archipiélago.

En Lanzarote construían casas de piedra seca semienterradas denominadas por ello tradicionalmente como «casas hondas». Las paredes eran construidas con un doble muro de grandes piedras con un hueco interior que se rellenaba con piedras más pequeñas y tierra. La planta es variada en el interior y circular u oval en el exterior. El piso y las paredes interiores estaban recubiertos de un mortero de toba caliza y arena, presentando la casa varias habitaciones. El techo se construía con lajas de piedra mediante el sistema constructivo de falsa cúpula.

En Fuerteventura aparece también la «casa honda», diferenciándose por presentar una planta circular tanto en el interior como en el exterior. El modo de construcción es similar al de Lanzarote, aunque a los muros se le agregaba en algunos casos una especie de argamasa a base de arcilla, piedras pequeñas y conchas.

miniatura|La denominada «quesera de Zonzamas», construcción aborigen de uso desconocido.

Lugares de enterramiento

Tanto en Lanzarote como en Fuerteventura el principal tipo de inhumación era el efectuado en cuevas naturales o en tubos volcánicos, de manera individual o colectiva. Los cuerpos no presentan momificación como en otras islas, siendo simplemente envueltos en pieles de cabra y colocados en posición decúbito supino. Junto a ellos se colocaban diversos objetos como vasijas, punzones o cuentas de collar y conchas decorativas a modo de ajuar funerario.

Existen asimismo referencias al enterramiento en túmulos y fosas, pero carecen de suficientes estudios modernos que lo corroboren.

Otras construcciones

En Lanzarote aparece otro tipo de construcción asociada a varios poblados. Se trata de un amplio recinto rectangular o «palacio» también semisubterráneo que se encuentra dividido en varias dependencias simétricas con respecto a un pasillo central. Su funcionalidad no está clara, siendo considerado posible su uso como lugar de reunión o como almacén.

En ambas islas se construían además unos templos, denominados efequén o esequén en Fuerteventura, que Torriani describe de la siguiente manera:

Otras estructuras aborígenes vinculadas al pastoreo son los taro −voz presente en la toponimia de Lanzarote−, especie de refugio pastoril a base de muros de piedra seca sin techo para protegerse del viento, los goros o goires, pequeños corrales circulares de piedra para estabular al ganado, y las gambuesas, grandes corrales colectivos donde se reúne al ganado durante las apañadas.

Los aborígenes de Lanzarote construían además charcos o embalses para el abastecimiento de agua de la población y el ganado. Estos eran excavados en la tierra, siendo el suelo arcilloso compactado y recubierto de piedras.

Industria

Útiles de piedra y madera

La industria de los majos se basaba en la utilización de la piedra y el hueso principalmente para realizar diferentes tipos de utensilios.

Con la piedra se confeccionaban cuchillos llamados tafiague, fabricados con lascas de basalto. Asimismo, sobre fonolitas o basaltos cavernosos se hacían molinos de mano, siendo de dos tipos: de mortero y otros compuestos por dos muelas con un orificio central, comunes al resto del archipiélago y al norte de África.

El hueso se trabajaba sobre todo para elaborar punzones para los trabajos de la piel y la cerámica, y espátulas.

En cuanto a la madera, sólo hay constancia de su utilización para la fabricación de armas y cayados de pastor.

Armas

Como armas los majos utilizaban piedras y unas lanzas denominadas tezezes hechas con madera de acebuche.

La cerámica

La cerámica de los majos era hecha a mano sin torno como en el resto del archipiélago, siendo una tarea femenina que se realizaba mediante la técnica del urdido.

En Lanzarote eran fabricadas vasijas con dos tipologías básicas: una de forma ovoide, de gran tamaño y base curva usados para almacenamiento; y otras troncocónicas de fondo plano y tamaño variable asociadas a los usos cotidianos. Las piezas eran decoradas en la zona próxima a los bordes con líneas.

La cerámica majorera era muy similar a la de Lanzarote, diferenciándose en dos tipos según sea su fondo plano o cónico. En este segundo grupo se engloban piezas de diferente tipología: semiesféricas, troncocónicas, ovoides o globulares.

Indumentaria

Los hombres de Lanzarote y Fuerteventura iban desnudos a excepción de una capa de piel de cabra llamada tamarco como en otras islas. Las mujeres iban cubiertas por una especie de traje talar que consistía en dos piezas de piel cosidas con tiras de cuero o tendones ceñidas a la cintura, utilizando también el tamarco.