José Matías Delgado y de León (San Salvador, 24 de febrero de 1767-San Salvador, 12 de noviembre de 1832) fue un eclesiástico y político salvadoreño. Realizó sus estudios en el Seminario Tridentino de Guatemala y en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, donde obtuvo el grado de Licenciado y Doctor en Cánones. En San Salvador, participó como uno de los principales líderes del fallido movimiento independentista del año 1811, y el año 1821 fue uno de los firmantes del Acta de independencia centroamericana como miembro de la Diputación Provincial de Guatemala.
Con la anexión de las provincias centroamericanas al Imperio mexicano de Agustín de Iturbide, también encabezó la oposición a la anexión incondicional de la provincia salvadoreña. Tras la abdicación de Iturbide, Delgado fue elegido como el presidente de la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, y posteriormente logró ser investido como nuevo Obispo de la diócesis de San Salvador por parte del gobierno de su país, hecho por el que sostuvo una fuerte polémica con el arzobispo de Guatemala Ramón Casaus y Torres.
Durante la presidencia de Manuel José Arce en la República Federal de Centroamérica, Delgado, aparte de disputar contra las autoridades federales junto a los liberales salvadoreños y guatemaltecos, tuvo un papel determinante en la solución pacífica de la primera guerra civil de la región. Después de su fallecimiento fue reconocido como «Benemérito de la Patria» por parte de la Asamblea Legislativa de El Salvador, y también es considerado como un Prócer centroamericano.
Primeros años y educación Los ascendientes de José Matías Delgado, por la línea paterna, eran originarios de la provincia de Burgos, aunque Alonso Delgado y Guzmán, nacido en Polán, provincia de Toledo, fue el primero en arribar al continente americano en el . Alonso Delgado procreó a Sebastián Delgado, padre de Pedro Delgado Matamoros, oriundo de Panamá y fundador de la familia Delgado en la ciudad de San Salvador; ya que allí contrajo nupcias con Mariana de León Mejía y Lobato Suárez en 1760. Ella era descendiente de Sancho de Barahona, acompañante de las expediciones de Hernán Cortés y Pedro de Alvarado. En San Salvador, Pedro Delgado fungió como alcalde ordinario de primer voto, regidor y alférez real en 1797. El matrimonio procreó siete hijos: Manuel, Miguel, José Matías, Josefa, Juan, Francisco y Mercedes.
Dentro de este entorno, es probable que José Matías creciera en un ambiente de holgura económica, pues se sabe que la familia poseía bienes inmuebles tanto dentro como fuera de la ciudad. Sin embargo, el capital familiar era más bien «modesto», comparado con el patrimonio de los «peninsulares». De su infancia se conoce poco, aunque existe un testimonio de Pedro de Avellaneda de la época en que Delgado optaba a las órdenes del diaconado. Avellaneda, quien le conocía desde niño, describe lo siguiente: thumb|200px|José Antonio de Liendo y Goicoechea, un fraile franciscano, reformó la educación en la universidad. Fue profesor de la mayoría de los eventuales líderes de la independencia centroamericana. Incluido Delgado En una edad no determinada, Delgado estudió en el Colegio Tridentino de Guatemala, probablemente por medio de una beca real otorgada por el arzobispo de Guatemala don Cayetano Francos y Monroy. Allí obtuvo la calidad de pasante en leyes. Continuó sus estudios en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en Guatemala, como era usual para alguien de su condición económica. Es posible que lograse su ingreso por medio de una capellanía. En ese recinto recibió el grado de bachiller en Filosofía, estudió además Sagrados Cánones y Leyes, y por un año Teología Moral; su participación fue tan relevante que en más de una ocasión sustituyó a los profesores en las cátedras. Cabe agregar que, para esa época, en ese centro de estudios había disminuido la influencia clerical gracias a las Reformas borbónicas. Se sabe también que trabajó en el bufete de don Manuel Talavera, abogado de la Real Audiencia. Para junio de 1794, era clérigo en órdenes menores y posteriormente solicitó ante el deán y gobernador del arzobispado la obtención de las órdenes de subdiaconado y diaconado.
Para ese tiempo le faltaba un poco más de un año para obtener el título de Licenciado y Doctor en Cánones, por lo que mandó un memorial al rey Carlos IV solicitando la dispensa para graduarse antes de los cuatro normales, ya que deseaba retirarse a San Salvador y ordenarse sacerdote, «para obviar el perjuicio que le seguiría de tener que volver a Guatemala». El rey concedió todo lo solicitado.
Retorno a San Salvador En 1795 regresó a San Salvador y su estadía duró un año, durante el cual se concentró exclusivamente en las actividades religiosas. A finales de 1798 resultó nombrado como cura de la parroquia del Salvador del Mundo. En ese tiempo, dicho templo se encontraba dañado desde el terremoto de 1775, y él mismo apadrinó la idea de reconstruirlo, lo cual llevó a cabo en 1802; de acuerdo al libro El Padre Delgado de Alberto Luna: «...entre él y su familia donaron a la iglesia la suma de veinte mil pesos y, concluidos que fueron, acudió a la caridad pública, que no lo abandonó en ningún momento, viendo que el óbolo era empleado honradamente. Él mismo trazó e hizo ejecutar los planos…».
El templo fue bendecido en junio de 1808, pero aún quedaba pendiente pagar las sumas debidas a los obreros y otros gastos. Para solventarlas, Delgado vendió su derecho de herencia en una hacienda, y no siendo suficiente, tuvo la intención de vender su biblioteca, pero fue persuadido por Silvestre García de la tercera orden franciscana quien liquidó la suma restante. Para el investigador Mauricio Domínguez T.: «Delgado logró la colaboración total de los habitantes de la provincia, prueba irrefutable de que su popularidad era absoluta». Por otra parte, también se afirma que Delgado era miembro de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.
Participación en los movimientos independentistas de San Salvador
Movimiento de 1811 200px|izquierda|thumb|Cuadro del pintor chileno Luis Vergara Ahumada de 1957, que muestra el Primer Grito de Independencia de Centroamérica en San Salvador. En primer plano el padre Delgado con el brazo derecho extendido. En la segunda mitad del y principios del , se desarrolló el pensamiento marcado por el racionalismo, que en España coincidió con el auge del Despotismo ilustrado. En América, los sucesos de la independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, influyeron en el pensamiento de los criollos. Además, un hecho fundamental que repercutió en las posesiones españolas americanas fue la imposición de José Napoleón como Rey de España en 1808, que desencadenó la resistencia del pueblo español, la formación de Juntas Patrióticas, y el surgimiento de la Junta Suprema Central que el 1809 invitaba a las Cortes de Cádiz, órgano que reconocía a los americanos como parte del gobierno español; una circunstancia que afirmaba el sentimiento libertario en el continente.
Los criollos de la provincia de San Salvador no escaparon a esa agitación, ya que estaban agobiados por la crisis económica debido a la caída de los precios del añil, principal producto de exportación del Reino de Guatemala, y del cual San Salvador era el principal productor. También comenzaban a cuestionarse el dominio de la metrópoli guatemalteca en el reino.
Los movimientos que buscaban la autonomía en la provincia salvadoreña eran liderados por minorías cultas, entre las que sobresalían los sacerdotes. Aunque de acuerdo al historiador Carlos Meléndez Chaverri, ellos decidieron confiar la acción política a los criollos seglares, prevenidos de la muerte de Miguel Hidalgo y Costilla, en el Virreinato de Nueva España. Sin embargo, los religiosos enfrentaron la censura de las autoridades eclesiásticas de Guatemala, quienes consideraban su conducta como herejía. Por otra parte, varios de esos líderes independentistas estaban unidos por lazos familiares: el mismo Delgado era tío de Manuel José Arce, y guardaba parentesco con la familia Lara y Aranzamendi, y era primo de los hermanos Aguilar. En contraposición a sus aspiraciones, los insubordinados salvadoreños tenían a las autoridades del reino encabezadas por la alianza del capitán general José de Bustamante y Guerra, y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.
En la Intendencia de San Salvador, los criollos tomaron la decisión de buscar la autonomía el año 1811. Un detonante fue el apresamiento del religioso Manuel Aguilar en Guatemala, y el comparendo de su hermano Nicolás ante las autoridades eclesiásticas; además se esparció el rumor que el cura Delgado estaba amenazado a muerte, por lo que la población se organizó en grupos para defender su persona. Para el investigador José Guandique, Delgado y Manuel José Arce se convertirían en el «binomio rebelde» de los acontecimientos posteriores.
El día 5 de noviembre de ese año, los insurgentes decidieron tomar presos a los españoles de San Salvador. De acuerdo a testimonios, en la residencia del cura Delgado se reunían los sediciosos, y su autoridad se advierte en un llamado que dirigió al corregidor Manuel Morales ante un reclamo de Pedro de Alda, por el apresamiento del entonces intendente de San Salvador Antonio Gutiérrez y Ulloa por parte de los amotinados. En un primer momento, Morales se había negado a presentarse por sus muchas ocupaciones, pero acudió ante una esquela del cura Delgado.
Tras asumir el poder los rebeldes ese mismo día, el nombre de Delgado aparece nuevamente demandando la entrega del bastón de mando a José Rossi, comandante del escuadrón de Dragones; quien desatendió la petición. Asimismo, fue también relevante su predicación para que el amotinamiento no se degenerara en violencia. Para la investigadora María López Velásquez, su posición contrastaba con la de Arce quien predicaba la lucha armada, pues la del sacerdote, por el contrario, era un «protesta pacífica, menos frontal, y sin derramamiento de sangre». A pesar de todo, la revuelta no halló respaldo en el resto de la provincia, por lo que la sublevación acabó en fracaso.
Para acabar con la insubordinación de manera pacífica, las autoridades del reino decidieron enviar una comisión desde la ciudad de Guatemala. Los salvadoreños también organizaron una representación para las conversaciones, de la cual Delgado formó parte.
Una vez calmada la situación, el 22 de diciembre de 1811 Delgado expresó en un discurso:
De acuerdo al historiador Chaverri, Delgado debía dar ejemplo de «moderación, respeto, y hermandad cristiana»; también José Guandique declara que Delgado conocía «el terreno y decidido a la prosecución de la lucha», mantuvo «sus propósitos sin ofender a los poderosos en turno». Por el contrario, otras opiniones expresarían que sus palabras iban en contra de los rebeldes y el intento de sublevación. Sea como fuere, Delgado, por medio de solicitud del capitán general Bustamante al Arzobispado guatemalteco, terminó confinado por un tiempo en la Ciudad de Guatemala.
Movimiento de 1814 thumb|200px|Portada de la primera edición de la Constitución de Cádiz. thumb|Left|Jose Matías Delgado, líder del primer movimiento independentista de San Salvador,. No se encontraba en El Salvador en el momento de la segunda insurrección en 1814, y no participó en ella. En 1812 entró en vigencia la Constitución de Cádiz que contenía un espíritu liberal, y que además otorgaba autoridad a los ayuntamientos americanos. El mismo Delgado pronunció un sermón el 8 de octubre de ese año cuando se juró la constitución en San Salvador, declarando: