miniaturadeimagen|400px|Cuatro imágenes representativas de la historia de los rallies de cuatro épocas distintas. Esquina superior izquierda: André Boillot participante del Rally de Montecarlo de 1932, la prueba más clásica de la disciplina. Esquina superior derecha: el Lancia Stratos de grupo 4, primer coche diseñado para la especialidad pilotado por Björn Waldegård, primer piloto campeón del mundo; esquina inferior izquierda: el Audi Quattro S1 de grupo B, primer automóvil con tracción a las cuatro ruedas, el cual revolucionó las carreras abriendo la época dorada de los rallies; esquina inferior derecha: Citroën Xsara WRC, modelo de la época de los World Rally Car pilotado por Sébastien Loeb, piloto con más títulos mundiales y poseedor de la mayoría de los récords del campeonato del mundo.
Un rally (en inglés), rallye (en francés) o rali es una competencia automovilística que se disputa en carreteras abiertas al tráfico pero que se cierran especialmente para su celebración. A la parte cerrada al tránsito rodado se le denomina «tramo», que es el lugar donde cada participante compite y que debe completar en el menor tiempo posible. El ganador es aquel que, con la suma de los tiempos de todos los tramos, haya empleado menos para completar la carrera.
Este deporte es una disciplina automovilística con una reglamentación propia y tiene cuatro grandes diferencias respecto a las carreras en circuitos. En primer lugar, se disputan en vías públicas convenientemente cerradas al tránsito rodado; en segundo lugar, el tipo de vehículos utilizados deben ser aptos para circular por carreteras públicas por lo que deben estar matriculados y dotados de los mismos elementos obligatorios que el resto de coches como los faros, la rueda de repuesto o los intermitentes. La tercera peculiaridad es que a diferencia de los circuitos, los equipos que compiten en rally están dotados de dos personas: un piloto y un copiloto, cada uno con una función distinta. La cuarta y última característica es que mientras en circuitos, todos los participantes toman la salida a la vez, en rally lo hacen de uno a uno con un tiempo de un minuto entre ellos por lo que cada piloto compite en solitario y rara vez se topa con un contrincante durante la carrera, salvo que este se haya accidentado o se haya parado por una avería. Todos estos aspectos están fijados en una normativa que la Federación Internacional del Automóvil, el ente máximo del deporte motor, establece. Esta normativa es genérica para todos los países, pero en cada uno ellos las respectivas federaciones locales pueden variar las normas a su criterio. Por ello se puede establecer un patrón común pero las características y funcionamiento de un rally varían si se trata de una prueba del Campeonato Mundial de Rally, una prueba internacional o una nacional o regional. Además, el formato de los rally ha variado mucho a lo largo de los años. En el pasado se disputaban por carreteras abiertas, con salidas desde diferentes puntos y con una ciudad como meta, el kilometraje era mucho mayor y los vehículos eran prácticamente idénticos a los de serie.
En rally se compite con automóviles de turismo debidamente modificados para su adaptación a la competencia aunque es frecuente ver motos y camiones en su principal variante los raids y al igual que otras competencias automovilísticas, es un deporte mixto, donde hombres y mujeres compiten en igualdad de condiciones.
El organismo rector de estas competencias a nivel mundial es la Federación Internacional del Automóvil (FIA). Se organizan en todo el mundo competencias continentales, nacionales y regionales. La FIA organiza entre otras competencias el Campeonato Mundial de Rally, considerado como la competición más importante del automovilismo junto con la Fórmula 1. Abarca rallies disputados en varios continentes bajo diferentes condiciones climatológicas y superficies: tierra, asfalto, nieve, gravilla o hielo. Algunos de los rallies más populares son el Rally de Montecarlo, el Rally de Gran Bretaña y el Rally de Finlandia.
Etimología
El término «rally» es una palabra de origen inglés que significa «encuentro» o «reunión». Se utilizó posiblemente por primera vez en el Rally de Montecarlo de 1911 y hasta finales de la década de 1920 fue poco usado. No sería hasta mediados del cuando las competiciones en Europa comenzaron a llamarse rally y que en Francia, país donde se celebraron muchas de las primeras carreras de automóviles, se le añadió -e, quedando: rallye. En español se emplean ambas acepciones: rally y rallye; mientras que en el plural es muy común encontrar las formas rallyes o rallies. El Diccionario panhispánico de dudas propone «rali» como singular correcto en español y «ralis» como su plural (El Diccionario de la lengua española no recoge el plural de rally). Cabe mencionar que el uso del término «rally» no es exclusivo en esta disciplina. Muchas pruebas han empleado con frecuencia «tour» y «critérium» como principal apelativo. En el primer ejemplo destacan el Tour de Corse o el Tour Belgique y en el segundo el Criterium Molson du Quebec en Canadá o el Critérium Luis de Baviera en España.
El término «rally» durante el se usó también para referirse a celebraciones deportivas y sociales no solo de automóviles, sino también de motocicletas e incluso avionetas. Fuera del ámbito del deporte de motor, en el lenguaje bursátil se usa como sinónimo de «repunte» y en tenis se refiere al «intercambio» o «peloteo» entre dos tenistas.
Historia
Debido a que el Rally de Montecarlo fue la primera carrera en recibir este apelativo y al celebrarse en los primeros días del mes de enero dio el pistoletazo de salida a varios de los campeonatos en los que formó parte, caso del Campeonato de Europa en 1953 o el Campeonato del Mundo en 1973, de modo que es inevitable establecer un paralelismo entre la historia del Montecarlo y la propia historia de esta especialidad. De la misma manera sucede con el Campeonato del Mundo de Rally que tras arrancar en 1973 se convirtió en la máxima categoría de este deporte.
Primeras carreras, finales del
thumb|El conde Albert de Dion en la París - Rouen de 1894.
Las primeras carreras de automóviles se organizaron a finales del y se disputaban en carreteras abiertas, lógicamente sin asfaltar y con salida y meta en diferentes ciudades. La mayoría de ellas se celebraron en territorio francés y París concentró la mayoría teniendo como meta ciudades como Ámsterdam, Viena, Ostende o Berlín. Si por entonces el hombre ya competía a pie y a caballo, también se vio motivo a hacerlo sobre los nuevos carruajes de motor dispuesto a demostrar que podía con todo. La primera carrera documentada fue la París – Rouen que en 1894 organizó Pierre Giffart del periódico francés Le Petit Journal. Estaba reservada a carruajes sin caballo y arrancó el 22 de julio a las ocho de la mañana. El recorrido de 126 km debía completarse «circulando sin peligro, a costos aceptables y proporcionando confort a los pasajeros» según los criterios de los organizadores. El ganador provisional fue el conde Albert de Dion que, a bordo de un vehículo manejado a palanca, motor a vapor y de construcción propia, fue descalificado a consideración del jurado en favor de uno de los rivales que conducía un vehículo de motor a gasolina. El premio se otorgó a un Peugeot y un Panhard et Levassor. El conde enfadado organizó al año siguiente la París-Burdeos-París, una maratón de 1200 km a la que se apuntaron vehículos movidos por diferentes combustibles, gasolina, vapor, gas o electricidad. El ganador fue Émile Levassor que disputó toda la carrera en solitario y cruzó la meta tras 48 horas y doce minutos con un promedio de 25 km/h. Fuera del territorio francés, en Italia en 1895 se corrió la Turín-Asti-Turín y en 1906 nació el Targa Florio que se celebró hasta los años setenta y en Estados Unidos se organizó la carrera Chicago-Evastone con un recorrido de 90 km donde solo dos participantes llegaron a la meta. En 1898 se organizó la primera edición del Tour de Francia Automovilístico con un recorrido de 2.216 km repartidos en siete etapas que premiaba más la regularidad que la velocidad.
: primera década
thumb|left|Marcel Renault en la carrera París-Madrid de 1903.
En 1903 se celebró la París-Madrid una de las más ambiciosas de la época sin embargo una serie de accidentes durante la misma provocaron la muerte a un total de siete personas entre la que se encontraba Marcel Renault, cofundador junto a su hermano Louis de la marca Renault, por lo que las autoridades paralizaron la carrera que no pasó de Burdeos. Este hecho supuso un antes y un después, puesto que la seguridad de estas carreras quedó en entredicho y colmó la paciencia de las autoridades que ya no verían con buenos ojos la celebración de las mismas. Como alternativa a las carreras entre ciudades se optaron por cerrar al tráfico las carreteras públicas y correr en ellas, si bien el formato actual de los rally no llegaría hasta años después en la década de los cincuenta. Algunos ejemplos que utilizaron esta fórmula fue la Copa Vanderbilt de 1904 en Estados Unidos o el primer Gran Premio de Francia con un recorrido diseñado de más de 100 km por carreteras nacionales. Aunque poco después nació el primer circuito cerrado permanente de carreras, el de Brooklands (Gran Bretaña), las carreras entre ciudades no desaparecieron del todo. En 1907 se organizó la primera gran carrera de la primera década del , la Pekín-París. Nació por iniciativa del periódico parisino Le Matin que quiso averiguar si el automóvil estaba destinado a cambiar el mundo como medio de transporte incluso en las condiciones más extremas. Teniendo como meta la ciudad de París escogieron la ciudad más alejada posible, Pekín, a donde enviaron por mar a los cinco coches que se inscribieron: dos De Dion Bouton, un Itala, un Spyker y un triciclo Contal. Las únicas reglas que se marcaron era el juego limpio y de ayudarse mutuamente llegado el caso. Sin un trazado definido las participantes se encontraron con una carrera muy dura, con condiciones climatológicas adversas, ausencia de mapas fiables y las continuas averías que solo podían reparar con lo que pudiesen encontrar por el camino. El vencedor fue el príncipe italiano Scipione Borghese a bordo del Itala y acompañado de su mecánico y de un periodista del The Daily Telegraph que lo convenció para lo que llevara en el asiento trasero. Después de pasar mil y una penalidades el príncipe llegó a París con una semana de adelanto sobre el segundo clasificado el Spyker holandés. Del resto de participantes solo el Contal no llegó a meta. Borghese fue recibido por una multitud y como único premio le otorgaron una botella de champán francés, símbolo hoy utilizado para las carreras automovilísticas. Al año siguiente, en 1908, tras el éxito de la Pekín-París se celebró la no menos polémica, Nueva York-París con un recorrido que partía de la ciudad estadounidense atravesaba el país, de Alaska pasaba por Siberia y finalmente el continente europeo con meta en la ciudad francesa. De nuevo otro periódico, esta vez el New York Times, organizó la prueba a la que se apuntaron seis coches: tres franceses, un alemán, un italiano y un estadounidense. Partieron desde la sede del periódico el 12 de febrero y el ganador fue el Protos germano que llegó a la meta el 26 de julio de ese mismo año.
Años 1910-1930 miniaturadeimagen|Cartel anunciador del primer rally de la historia: el Rally de Montecarlo de 1911. Como muchos de la época se organizó para promocionar la ciudad lejos y estaba lejos todavía de tener un formato de competición.