Extensión de Grecia durante el periodo de entreguerras.|thumb|upright=2

El periodo de entreguerras en Grecia fue un periodo político turbulento caracterizado por la alternancia de la monarquía y de la república, los sucesivos pronunciamientos militares a favor de las distintas opciones políticas y la continua debilidad económica del país. Estrictamente, el país no salió de la Primera Guerra Mundial hasta su derrota a manos de la nueva república turca en la guerra de 1919-1922 y no entró en la Segunda Guerra Mundial hasta el ataque italiano de octubre de 1940.

A pesar de contar durante casi todo el periodo de entreguerras con gobiernos parlamentarios y sólo con cortos periodos de dictaduras (hasta la de Metaxás a partir de 1936), sí que fue frecuente la aplicación del estado de sitio, que permitía a los gobiernos infringir los derechos civiles. La característica principal de la política griega de la época no fue, sin embargo, la continuidad del sistema parlamentario, sino la perpetuación del «cisma nacional» entre partidarios de Eleftherios Venizelos y los de los sucesivos monarcas, que había comenzado en 1915. La abolición de la monarquía y la posterior retirada temporal de Venizelos de la política en 1924 favoreció la intromisión de los militares en la política. El modelo de estado, disputado entre republicanos y monárquicos, fue una de las principales causas de la continua crisis política. Los militares, divididos también entre republicanos y monárquicos, dieron sucesivos golpes de Estado (1925, 1926, 1933 y 1935), a favor de la república hasta que, en 1936, tras la restauración de la monarquía, los oficiales republicanos fueron expulsados de las fuerzas armadas.

En economía, el de entreguerras fue uno de los periodos más dinámicos de la historia del país, marcado por el crecimiento industrial, el desarrollo económico y la redistribución de la riqueza. El crecimiento, sin embargo, fue insuficiente para que el campesinado y el proletariado griegos alcanzasen un buen nivel de vida. Al igual que otros países balcánicos de la época, el rápido crecimiento demográfico, la baja productividad agraria, el insuficiente crecimiento de la industria para absorber la superpoblación del campo y un mercado interno débil mantuvieron a aquellos en la pobreza.

Política interior Características generales

La política interior griega en el período de entreguerras, que para el país comenzó propiamente con el fin de la guerra con Turquía en 1922-1923, se caracterizó fundamentalmente por el enfrentamiento entre dos bloques, surgidos a partir de 1909 y afianzados durante la Primera Guerra Mundial, en la que protagonizaron en llamado «cisma nacional»: el venizelista y el antivenizelista, nombres derivados de uno de los políticos principales de la historia griega del primer tercio del siglo , Eleftherios Venizelos. Los partidarios del primero eran mayoritariamente republicanos, como otros grupos menores de izquierda como los agrarios y los comunistas, los del segundo, monárquicos. Los dos grupos se articulaban en torno a un partido principal al que acompañaban otros, en ocasiones de existencia pasajera. El del grupo venizelista fue el Partido Liberal, fundado y dirigido por el propio Venizelos y luego, hacia el final del período, por Themistoklis Sophoulis. El del antivenizelista fue el Partido Popular (a veces llamado Populista), fundado por Dimítrios Goúnaris y presidido luego por Panagis Tsaldaris, que absorbió las estructuras de los antiguos partidos arrumbados por el advenimiento de Venizelos a la política nacional en 1909. El Partido Liberal era la organización política por excelencia de la burguesía propiamente dicha, la formada por mercaderes, armadores, pequeños banqueros e industriales.

La guerra con Turquía también tuvo una influencia considerable en la política griega de la época: acabó con la importancia fundamental del irredentismo como eje de la política exterior, cambió radicalmente la composición del censo electoral por la llegada de más de un millón de personas, hizo del problema de los refugiados el principal de los internos del país y facilitó el fin temporal de la monarquía.

Los partidos políticos fueron en general estructuras clientelistas y caudillistas, que las agrupaciones de afiliados no lograron eliminar. Los dos principales partidos lo fueron, pese al intento, sobre todo en el caso del liberal, de transformarse en un partido moderno de masas basado en agrupaciones de afiliados en vez de en grupos clientelares de notables locales, que estos frustraron. El carácter caudillista y clientelar de las organizaciones políticas fue aún más patente en el caso de los partidos menores, compuestos fundamentalmente por su fundador, los notables que se escindían con él del partido matriz por insatisfacción y sus redes clientelares, fundamentalmente correspondientes a sus regiones de origen. El clientelismo era además más acentuado en los partidos de derecha que en los de izquierda —nulo en el caso del comunista—, en las zonas rurales que en las urbanas y en los territorios del antiguo reino que en las anexadas a partir de 1912.

La derrota contra Turquía y sus consecuencias (1923-1925) Refugiados griegos y armenios en Atenas, 1923. El asentamiento del gran número de refugiados de Asia Menor tras la derrota en la guerra con Turquía afectó gravemente a la economía griega de posguerra y modificó intensamente su composición social.|thumb|right miniatura|izquierda|Los coroneles Stilianos Gonatas (centro) y Nikolaos Plastiras (derecha), cabecillas del pronunciamiento de septiembre de 1922 que precipitó el exilio definitivo del rey Constantino I. El período de entreguerras griego comenzó tras una serie de grandes cambios, algunos de los cuales se extendieron aún durante algunos años de la década de 1920: la década de guerras casi ininterrumpidas de 1912 a 1922, el gran cambio de población con Turquía que aconteció entre 1919 y 1924 y la aplicación de una gran reforma agraria entre 1917 y 1927.

Al ser vencida Grecia en la guerra contra la nueva república turca, un pronunciamiento en 1922 derrocó al Gobierno monárquico que había dirigido los últimos años de la campaña y estableció uno de los breves periodos de gobierno no parlamentario de la historia de la Grecia moderna. Lo encabezaron los coroneles Plastiras y Gonatas, que contaron con el apoyo de veinte mil soldados que desembarcaron en Lavrio. Los golpistas presentaron un ultimátum al rey del 26 de septiembre, que esta aceptó antes de dejar el trono a su hijo Jorge y partir al destierro. El golpe, que contó con amplio respaldo, dio paso nuevamente a un Gobierno civil. Los oficiales republicanos lograron temporalmente el control del Ejército tras la derrota en Asia Menor y ejecutaron a seis ministros y militares monárquicos, considerados los principales responsables de la derrota en noviembre de 1922. Los ajusticiados sirvieron fundamentalmente de chivos expiatorios del descalabro militar, lo que permitió exonerar de la derrota al Ejército en su conjunto y apaciguar los deseos de venganza de los soldados y los refugiados, pero también perpetuó la división surgida durante la guerra mundial entre partidarios del rey y de Venizelos. En principio, el nuevo Gobierno militar presidido por el coronel Nikolaos Plastiras pretendió presentarse como apartidista, pero la represión de los antivenicelistas y la ejecución de «los seis» hizo que tomase un cariz venicelista. El golpe militar tuvo dos consecuencias principales: dividir a los venicelistas en partidarios y contrarios al sistema republicano y la emancipación de los militares respecto de los dirigentes políticos civiles.

Unas de las primeras labores del Gobierno militar fue negociar la paz con Turquía, que se rubricó finalmente el Lausana el 24 de julio de 1923, y asentar a los refugiados llegados de territorio turco. La derrota militar griega ante Turquía trajo un acuerdo de intercambio de poblaciones entre los dos países (30 de enero de 1923): alrededor de un millón cuatrocientos mil refugiados de territorios turcos pasaron a Grecia y unos trescientos cincuenta mil turcos y búlgaros la abandonaron. Solo exceptuaron a la población turca de Tracia occidental y la griega de Constantinopla. Esto hizo de Grecia uno de los Estado nación con menor porcentaje de minorías —6%— y concentró a casi toda la población de habla griega en el país. Para Grecia, que entonces contaba con unos cinco millones de habitantes, el asentamiento y la integración de los refugiados supuso un gran problema que tuvieron que tratar los sucesivos Gobiernos. El intercambio eliminó, sin embargo, uno de los pilares de la anterior política exterior griega desde la independencia del país en el siglo , el irredentismo, que desde entonces quedó reducido a la minoría griega en Albania, Chipre y el Dodecaneso, de importancia secundaria. El asentamiento de unos setecientos mil refugiados en Macedonia, región en disputa con Serbia (luego Yugoslavia) y Bulgaria, aseguró la helenización del territorio: si la población de cultura griega había sido aproximadamente un 43% del total en 1913 frente a un 39% de musulmanes, en 1926 ya suponía en 89%. Lo mismo sucedió con la importante y cosmopolita urbe de Tesalónica, que en 1912 contaba con una mayoría de población judía serfardí.

La principal amenaza al Gobierno militar de Plastiras —«caudillo» de la «revolución»— y Gonatas —primer ministro— fueron los oficiales que creyeron insuficiente el derrocamiento de Constantino y el fusilamiento de los responsables políticos y militares de noviembre de 1922 y que exigían el fin de la monarquía, que se agruparon en una liga militar en julio de 1923. La liga socavó la disciplina en el Ejército y acrecentó la influencia política de algunos oficiales: los generales Theodoros Pangalos, Georgios Kondilis y Alexandros Othonaios y el almirante Alexandros Chatzykiriakos. Esta agrupación de los militares republicanos suscitó la de sus adversarios.

Los militares monárquicos y liberales opuestos a los republicanos trataron en vano de derrocar al gobierno republicano del general Stilianos Gonatas en un golpe de Estado fallido el . La gran purga de oficiales antivenicelistas que siguió a la fallida intentona —más de un millar fueron expulsados del Ejército— y el temor de que los antivenizelistas se cobrasen venganza por los ajusticiamientos de noviembre de 1922 hicieron de los oficiales venicelistas decididos defensores de la república. El fracaso también acabó con las esperanzas de victoria electoral en las elecciones previstas del partido de Ioannis Metaxás, que hasta entonces había preocupado a sus adversarios venicelistas, y el propio Metaxás huyó del país. Selló asimismo temporalmente el destino de la monarquía, abolida poco después.

El gobierno militar celebró elecciones a finales de 1923 (el 16 de diciembre), en las que no participaron los «populistas» (monárquicos) y que resultaron en un Parlamento ampliamente republicano y dividido entre diversas corrientes del venicelismo. Los militares obligaron al rey Jorge II a partir al exilio dos días después de los comicios de diciembre, pese a que la mayoría del Parlamento era liberal conservadora y no particularmente favorable a implantar la república. El Gobierno militar cedió el poder a la Asamblea Constituyente elegida en diciembre de 1923 en enero del año siguiente.