Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) fue una organización política juvenil española fundada en marzo de 1936, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones generales de febrero (durante la Segunda República Española), como resultado de la fusión de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) del Partido Comunista de España (PCE) y la Federación de Juventudes Socialistas (FJS) del PSOE. Tras el final de la guerra civil española muchos cuadros de la JSU partieron al exilio y los que permanecieron en España se vieron abocados a una fuerte represión. Progresivamente, fueron languideciendo durante la década de 1950 hasta su definitiva desaparición en 1961.

Antecedentes La Federación de Juventudes Socialistas (FJS) experimentó un avance espectacular a partir de la proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 1931. En diciembre de 1929 decía contar con solo 2697 afiliados pero en febrero de 1932, cuando celebró su IV Congreso, ya había alcanzado los 12 000 militantes y pasó de los de 20 000 en abril de 1934, cuando celebró su V Congreso. «Se convirtió así en una de las organizaciones políticas que contaba con más afiliados, y la más importante numéricamente entre las organizaciones juveniles obreras».

Tras la proclamación de la República no le sucedió lo mismo a la UJCE debido a que «los ataques a la política republicana y la defensa de una revolución de tipo soviético aislaron en 1931 a los comunistas españoles» y a que el mantenimiento de la política de «clase contra clase» acordada en el VI Congreso de la Internacional Comunista (1928) les llevó al enfrentamiento contra las otras fuerzas obreras: el PSOE, que durante el primer bienio formó parte del gobierno en coalición con los republicanos de izquierda, y la CNT. Para intentar salir del aislamiento político en que se encontraba la UJCE intentó infiltrarse en otras organizaciones y atraerse a los numerosos jóvenes parados. En junio de 1933 la UJCE dijo contar con algo más de 11 000 militantes.

A partir de 1933, y especialmente tras el triunfo del centro derecha en las elecciones de noviembre de ese año, comenzó el proceso de radicalización de los socialistas españoles en el que la FJS se convirtió en su «punta de lanza», lo que favoreció el acercamiento a las juventudes comunistas de la UJCE, aunque al principio no se produjo ningún resultado concreto debido a su desacuerdo en cómo formar el «frente único juvenil» (desde arriba como defendía la FJS, o desde abajo, según la UJCE) y a las importantes diferencias políticas y estratégicas que todavía las separaban y que se pusieron en evidencia en la reunión que mantuvieron a finales de julio de 1934. Lo único positivo que salió de esta reunión fue el cese de los ataques mutuos y la colaboración en acciones concretas (así lo recomendó el periódico de la FJS Renovación el 28 de julio: que «en los casos de acción directa contra el fascismo se inteligencien localmente con las demás juventudes obreras»; por su parte la UJCE pidió a sus militantes que apoyasen la venta de Renovación) aunque la rivalidad no desapareció en absoluto.

Lo que fue acercando a la FJS y a la UJCE a partir del verano de 1934 fueron las acciones colectivas en las que participaron conjuntamente para hacer frente a la «amenaza fascista» pero sobre todo fue el asesinato de dos miembros de sus organizaciones en enfrentamientos con falangistas: Juanita Rico, miembro de la FJS, el 10 de junio de 1934; y Joaquín de Grado, dirigente de la UJCE, el 29 de agosto. El asesinato de Joaquín de Grado se produjo un día después de que el gobierno radical-cedista de Ricardo Samper hubiera aprobado un decreto en que se prohibía la militancia política a los menores de 16 años y a los de menos 23 sin el consentimiento de sus padres. Dos meses antes, tras el asesinato de Juanita Rico, había aprobado otro decreto que prohibía «los grupos en formación con insignias, banderas, emblemas» en Madrid y sus alrededores.

El entierro de Grado el 31 de agosto constituyó un punto de inflexión en el acercamiento entre la FJS y la UJCE. Ambas organizaciones, junto con las Juventudes Libertarias, hicieron un llamamiento conjunto para que se asistiese a su entierro como «homenaje a todos los militantes obreros asesinados». Durante el acto desfilaron conjuntamente las juventudes socialistas y comunistas uniformadas y encabezaron el cortejo dirigentes de ambas organizaciones (los discursos los pronunciaron miembros de la UJCE pero también intervino un militante de las juventudes socialistas de Madrid). Después de esa fecha fueron aumentando los actos convocados conjuntamente por las dos organizaciones. El 14 de septiembre celebraron uno en protesta por el decreto del gobierno que limitaba la militancia juvenil, en el que también intervinieron dirigentes del PSOE y del PCE.

En la Revolución de Octubre de 1934 las dos organizaciones juveniles tuvieron una participación muy importante (se llegaría a decir que la juventud había sido «la vanguardia del proletariado en Octubre»). Tras su fracaso representantes de la FJS y de la UJCE se reunieron en Madrid el 1 de noviembre. La FJS informó de un manifiesto que había elaborado en el que se hacía un llamamiento a reconstituir la unidad del movimiento juvenil internacional sobre nuevas bases y a que todas las organizaciones juveniles obreras políticas (es decir las del PCE, y de los partidos comunistas no afiliados al Internacional Comunista, la Izquierda Comunista de España-ICE y del Bloque Obrero y Campesino -BOC) ingresaran en la FJS para lograr así una única organización juvenil. Lo justificaba diciendo que la FJS se hallaba «en mejores condiciones que cualquier otra fuerza para realizar la unidad en nuestro seno» y que en ella «no queda ni una fracción reformista». Pero no se llegó a ningún acuerdo, excepto el de potenciar las Alianzas Obreras que se habían formado en Octubre.

En 1935 la radicalización de la FJS continuó y apoyó incondicionalmente a la izquierda socialista revolucionaria encabezada por Francisco Largo Caballero frente al sector "centrista" reformista liderado por Indalecio Prieto (solo un sector minoritario de la FJS apoyaba las posiciones de este último y se oponía a la «bolchevización» del PSOE). En marzo hizo público un manifiesto en el que ratificaba «su ferviente deseo de seguir luchando por el triunfo de la dictadura del proletariado, llevando su combatividad hasta aniquilar la fracción reformista dentro de las Juventudes y del Partido», a la que hacía responsable del fracaso de Octubre. Llegó a proponer la «depuración» del PSOE con «la expulsión del reformismo y la eliminación del centrismo en la dirección». Asimismo se opuso a formar una coalición electoral con los republicanos de izquierda y defendió, al igual que el sector caballerista, las Alianzas Obreras como «organismos que preparasen la insurrección». La FJS consideraba al PSOE como «el partido bolchevique de nuestro país» (por lo que el PCE debía integrarse en él) y, por tanto, el único con el que tenía que tratar la Internacional Comunista.

Por otro lado, continuaron la labor propagandística y las acciones conjuntas de la FJS y la UJCE que en su mayoría tenían como objeto denunciar la represión y las «amenazas fascistas» y exigir la amnistía de los encarcelados por la Revolución de Octubre (cuando se celebró su primer aniversario suscribieron un manifiesto común). Se ha destacado que la convivencia en la cárcel de dirigentes de la FJS como Santiago Carrillo y Carlos Hernández Zancajo, y de la UJCE como Trifón Medrano y Jesús Rozado, contribuyó de forma notable al acercamiento entre las dos organizaciones. También constituyó un paso importante la constitución en julio de la «Unión de Estudiantes Antifascistas» integrada por los estudiantes socialistas y comunistas miembros de la Federación Universitaria Escolar (FUE). Al mismo tiempo la FJS fue adoptando símbolos, movilizaciones y consignas comunistas, como la conmemoración de la Revolución bolchevique y de los aniversarios de la muerte de Lenin, de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo.

El proceso de confluencia se vio facilitado por la resolución del VII Congreso de la Internacional Comunista (o III Internacional) celebrado en Moscú en agosto de 1935 que ponía fin a la doctrina del «socialfascismo» y que abogaba por la formación de Frente Populares antifascistas integrados por comunistas, socialistas y fuerzas «burguesas» democráticas. Solo un mes después las Juventudes Socialistas de Valencia ya pedían que se activaran «las conversaciones para llegar a una inteligencia con la III Internacional» y que la FJS «se dirija a los camaradas comunistas exponiéndoles la conveniencia de reunir o fundir en un sólo organismo nacional juvenil los actuales», aunque siguieron oponiéndose a la coalición con los republicanos de izquierda (Santiago Carrillo en una carta a Margarita Nelken escrita desde la cárcel le había dicho que sin «el frente previo de la clase obrera» no podía «haber una alianza con la burguesía»). A finales de septiembre y principios de octubre se celebró el VI Congreso de la Internacional Juvenil Comunista (IJC) al que asistió como delegado de la FJS José Laín, que estaba exiliado en Moscú desde la Revolución de Octubre. En noviembre era la Juventud Socialista Madrileña la que defendía la entrada en la Internacional Comunista, lo que implicaba la ruptura con la IOS, que no se había solidarizado con los socialistas españoles a diferencia de la ayuda prestada por la URSS a los unitarios Comités de Ayuda a los Presos. Según los jóvenes socialistas madrileños habían «desaparecido las causas que dificultaban nuestro ingreso» —la subordinación de las secciones nacionales a Moscú— y era «el único medio de consecución de la unidad política [obrera] en nuestro país». Añadían que aceptaban plenamente «la organización de la conquista del Estado sobre las bases de la Revolución Rusa» (es decir, la dictadura del proletariado).

Historia Frente Popular El 15 de enero de 1936 se constituyó el Frente Popular. El PSOE firmó el pacto también en nombre de la FJS que hasta diciembre del año anterior no había aceptado la coalición con los republicanos de izquierda. Tras ser presionada por el ala caballerista del PSOE, justificó su cambio de posición por la «obligación de intentar salir a través de ella [la victoria en las elecciones] de esta dolorosa situación» (en referencia a la amnistía de los presos de Octubre), pero especificando que no renunciaba a sus objetivos: «revolución y dictadura del proletariado». El presidente de la FSJ desde el congreso celebrado en abril de 1934 Carlos Hernández Zancajo y el vocal de su ejecutiva Leoncio Pérez fueron los que más resistencia opusieron. Más flexible se mostró su secretario general Santiago Carrillo.