miniatura|Ángel de la sonrisa, catedral de Reims, . Gótico primitivo miniatura|Escuela de Veit Stoss: Altar Rosenkranz, Liebfrauenmünster en Ingolstadt. Gótico tardío c. 1510 miniatura|Juan de Cervantes, sepulcro. Lorenzo Mercadante de Bretaña (1458). Catedral de Sevilla

La escultura gótica es el estilo escultórico que corresponde al periodo gótico del arte occidental, y por tanto se extiende desde finales del hasta comienzos del por la Europa Occidental cristiana. Este estilo que permaneció durante tres siglos aproximadamente en apogeo, nació en dos lugares de gran prestigio religioso, político y cultural la Basílica de Saint Denis y la catedral de Chartres pertenecientes a la Isla de Francia.

Fue un tipo de escultura que evolucionó a partir de la románica y que más adelante se «disolvió» en lo que sería la escultura del renacimiento y el manierismo. Durante el renacimiento —cuando los valores clásicos fueron reconsiderados de nuevo—, la escultura de los siglos inmediatamente anteriores era considerada como grosera y basta y se la llamó «gótica», ya que se creía que era fruto de la cultura de los godos, unos bárbaros responsables de la desaparición del Imperio romano. Pero nunca los que vivieron en la época gótica hicieron servir esta denominación, ni mucho menos, se consideraban bárbaros. Al contrario, la aparición del arte gótico fue visto como una innovación y fue nombrado opus modernum ( obra moderna), siendo la escultura una de sus expresiones más importantes. Sin embargo, esta valoración negativa se prolongó hasta mediados del , cuando surgió un movimiento revivalista, llamado neogótico, que hizo recuperar sus valores. A pesar de saber que el arte gótico no tenía nada que ver con los godos, se mantuvo el nombre, seguramente, por tantos años de uso.

La escultura gótica nació estrechamente vinculada a la arquitectura, como se observa en la decoración de las grandes catedrales y otros edificios religiosos, pero con el tiempo fue ganando independencia. Durante una primera etapa se cultivó un estilo austero, estilizado, de proporciones alargadas y con una apariencia general hierática, que quería transmitir espiritualidad, alejándose de la anatomía real de un cuerpo. Pero pronto evolucionó hacia un mayor naturalismo, hacia el realismo, a partir de una absorción progresiva de influencias clásicas y una observación más profunda de la naturaleza. A pesar de tratarse de forma independiente, la escultura gótica, incluso en sus etapas finales, continuó estando integrada a la decoración arquitectónica.

La historia de la escultura gótica aún tiene puntos oscuros. En algunas épocas hubo una destrucción masiva de monumentos y obras de arte medievales, como por ejemplo durante el movimiento iconoclasta que acompañó la Reforma protestante, y durante la Revolución Francesa. Por tanto, la determinación de la cronología, la genealogía y la distribución y propagación geográfica del estilo presenta muchos vacíos difíciles de llenar. Hay que añadir que cuando el gótico fue bien valorado, a partir de la segunda mitad del , por desconocimiento, se hicieron restauraciones inadecuadas en muchos monumentos. A pesar de estos problemas, existe una gran colección de esculturas esparcidas por toda Europa, lo que demuestra la intensa producción de los artistas de la época.

Antecedentes teóricos

El estilo gótico fue, en gran parte, resultado de establecer un nuevo vocabulario visual para la representación de imágenes, y del debate que se produjo en torno a algunos conceptos del cristianismo. Uno de los puntos más importantes de este debate fue la validez de la representación de las imágenes sagradas, un problema que databa desde el propio origen del cristianismo. El cristianismo primitivo tenía una aversión hacia la figuración de personajes sagrados, una reserva que había sido heredada de la religión judía que prohibía la creación de imágenes de culto, por temor de caer en la idolatría. Una orden explícita contra este tipo de representación provenía de los Diez mandamientos, ya que el tercero de ellos determina: No tendrás otros dioses delante de mí. Por otra parte, la antigua tradición clásica pagana, que proporcionaba los elementos esenciales para la formulación de la nueva fe, estaba completamente a favor de la representación de los dioses. Estas dos tendencias se mantuvieron en fricción constante durante toda la Edad Media. Una de las primeras declaraciones a favor de la representación cristiana vino del papa Gregorio Magno quien, hacia el año 600, en cartas al obispo de Marsella definió los principios a seguir. El papa decía que, al igual que en las cosas materiales, las imágenes no debían ser adoradas pero tampoco destruidas, porque la representación de escenas de la historia sagrada y de personajes bíblicos eran útiles para la enseñanza de la doctrina a la masa analfabeta, «que podían leer en ellas lo que no son capaces de leer en los libros», y su contemplación podía conducir a la contemplación de Dios. Gregorio tuvo que apelar al punto de vista de Basilio de Cesarea que, siglos antes, afirmaba que «la honra dada a la imagen asciende a su prototipo».

La declaración gregoriana, impulsada por un papa considerado un sabio —más tarde elevado a la condición de Doctor de la Iglesia, lo mismo que Basilio— junto con la contribución de Juan Damasceno, fueron unos argumentos poderosos en la cuestión iconoclastia, cuestión que agitaba a los cristianos desde sus orígenes y que se fue fortaleciendo durante el Imperio Bizantino. Aunque el asunto fue resuelto oficialmente el año 787, durante el Segundo Concilio de Nicea, cuando se legalizó la veneración de imágenes, el debate continuó a lo largo de los siglos siguientes, donde otros prelados escribieron en defensa del arte religioso. Especialmente vinculados a la aparición del gótico aparecieron los escritos de Pseudo Dionisio Aeropagita, un autor con una base platónica a través de Plotino, un neoplatónico muy respetado en Francia durante los siglos IX-X, y que influyó sobre el abad Suger, fundador de la primera iglesia gótica. En este punto, el problema iconoclasta ya fue superado finalmente por una serie de aportaciones teóricas y el arte religioso se consolidó definitivamente.

miniatura|izquierda|Adan, que originalmente estaba en la fachada de la catedral de Notre-Dame de París, c. 1260

Como dijo Ladner:

Nuevo orden de valores Sería erróneo suponer que en esta época el naturalismo ya representaba una liberación de los dictados de la iglesia y la abolición radical del interés por la espíritu. La escultura, con otras artes, se manifestó en una dualidad constante, en busca de una fórmula, de un compromiso entre los dos extremos. Si, por un lado, la atención a la naturaleza obligó a un avance extraordinario de la técnica escultórica que permitía imitar con un gran parecido las formas naturales, por otro, existía una tendencia a fragmentar la totalidad de la obra, de manera que las partes recibían más atención que el todo, un sentido de unidad, sólo se volvería a alcanzar al final de esta fase del gótico.

Los factores que caracterizaron este cambio de enfoque fueron la disolución del conservadurismo cultural y el desarrollo de un interés genuino por todo lo que era nuevo. Los cronistas de la época expresaron su entusiasmo por la aparición de un nuevo orden de valores, el cual permitiría la construcción de una sociedad más equilibrada, en la que el bienestar material se convirtió en una meta alcanzable, aunque —cabía suponer— debían prepararse para la salvación del espíritu. Y se reforzó la idea de que la humanidad se había renovado en Cristo, la gente ya no tenía que vivir tan oprimida por el peso de la mortalidad y el pecado, pudiendo expresar sin culpa la belleza, la vitalidad y la alegría. Estas tendencias naturalistas, no aparecieron todas al mismo tiempo y en todos los lugares; se conservaron tradiciones locales que aportaban a la obra rasgos diferenciales, a veces más arcaicos o exóticos si había un contacto con otras escuelas extranjeras. Por otro lado, la presencia de un maestro destacado, con una personalidad artística más definida, contribuyó a dirigir el estilo hacia alguna tendencia en concreto, aunque en los primeros tiempos de la escultura gótica, la mayoría de los escultores eran anónimos.

Temática simbólica

miniatura|Gárgola en la catedral de Ulm

La representación en la escultura gótica, especialmente la que decora o decoraba las iglesias, eran de animales, reales o fantásticos, tema que ocupaba un lugar importante dentro del pensamiento medieval. Junto con la decoración ornamental de motivos vegetales, era frecuente incorporar imágenes del cordero y el pescado —como símbolo de Cristo—, la paloma —que representaba el Espíritu Santo—, los animales asociados a los evangelistas —toro, águila y león—, y animales míticos como el grifo, el dragón o el basilisco, todos con significados simbólicos que se asociaban con una lección moral.

La forma de la gárgola se utilizó muy a menudo en la arquitectura de las catedrales como solución para drenar el agua. Según algunas tradiciones, tenían el poder de ahuyentar los malos espíritus, pero su verdadera interpretación aún presenta muchas lagunas. Además, la representación de animales fantásticos ofrecía libertad al artista ante la censura eclesiástica, era la manera que poseían los escultores para dar formar a su fantasía e impulsados por determinados estados de ánimo, expresar lo que querían con una gran variedad de formas extravagantes, de un gran efecto plástico.

Hacia el 1250 la escultura arquitectónica ya mostraba signos de declive y fue sustituida por una decoración abstracta o floral; ganaron importancia la estatuaria independiente, los relicarios, de una forma especial, los monumentos funerarios y las tumbas privadas. Dos características innovadoras de este último género, en particular, fueron la creación de pequeñas figuras que eran colocadas en nichos, habitualmente en una actitud yacente, y el intento de representar la verdadera cara de los difuntos. Antes de finales del , el gótico se había extendido por Alemania, la península ibérica, Inglaterra e incluso había llegado a Italia y Escandinavia, dando paso a la siguiente fase llamada gótico internacional.

Gótico internacional miniatura|Detalle de un Cristo, circa 1380. Polonia miniatura|Una piedad circa 1400

El llamado gótico internacional, comprende el periodo entre mediados del hasta mediados del , con su punto álgido hacia el año 1400, que fue cuando el estilo se convirtió en la lengua vehicular del arte europeo, con un gran movimiento de artistas y de intercambios entre las escuelas regionales. Pero cuando se habla de internacional no implica que el estilo se convirtiera en homogéneo. Por el contrario, la aparición de grandes centros urbanos en varios países, todos con tradiciones propias, generó un panorama de una gran diversidad, además, la existencia de clientes ricos permitió el cultivo de una amplia gama de nuevas posibilidades artísticas.

Nuevo espíritu religioso La escultura de este periodo no fue monumental, salvo casos esporádicos, y se centró en la realización de altares portátiles y de retablos. El se caracterizó por la aparición de una retórica naturalista derivada de la explotación de las apariencias superficiales de los objetos —aunque su fundamento haya sido metafísico—. La escultura de este estilo internacional siguió, por una parte, esta tendencia y por otro, dio lugar a un nuevo enfoque que sirvió como referente de una devoción moderna, en el que se convertiría en un renacimiento religioso que se inició en el seno de las órdenes mendicantes y que pronto se extendió entre los laicos.

miniatura|izquierda|Madona de Krużlowa, que presenta el típico contrapposto del gótico, ejemplo del tipo «bella Madona». Museo de Erasmus Cioleka, en Cracovia