Nuestra Señora de la Santa Muerte, a menudo abreviado a Santa Muerte, es un nuevo movimiento religioso, deidad femenina, narcosanta, y santa popular en el neopaganismo popular mexicano. Siendo una personificación de la muerte, sus devotos la asocian con la curación, la protección y la entrega segura al más allá. A pesar de la condena de la Iglesia católicaKingsbury and Chesnut 2019, The Church's life-and-death struggle with Santa Muerte, The Catholic Herald y los pastores evangélicos,Kingsbury and Chesnut 2020, Colonizing Death -American Evangelist Crusades Against Santa Muerte at Landmark Shrine in Tepito, Global Catholic Review su culto se ha vuelto cada vez más prominente desde principios del .

La Santa Muerte casi siempre aparece como una figura esquelética femenina, vestida con una túnica larga y sosteniendo uno o más objetos, generalmente una guadaña y un globo. Su túnica puede ser de cualquier color, ya que las imágenes más específicas de la figura varían mucho de un devoto a otro y según el ritual que se realiza o la petición que se le hace.

Su seguimiento actual fue reportado por primera vez en México por antropólogos estadounidenses en la década de 1940 y fue una práctica oculta hasta principios de la década de 2000. La mayoría de las oraciones y otros rituales se realizaban tradicionalmente de manera privada en casa. Desde principios del , el culto se ha vuelto más público, comenzando en 2001 en Ciudad de México, después de que una creyente llamada Enriqueta Romero fundara su famoso santuario en dicho lugar. Desde el 2005, al culto que promovía a la Santa Muerte se le canceló el registro constitutivo por la Secretaría de Gobernación de México (SEGOB) debido a que su adoración «desvía gravemente los fines establecidos en los estatutos de la ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de México». En 2008, se dio a conocer el «Templo Santa Muerte», localizado en el Pueblo San Mateo Cuautepec, en Tultitlán, Estado de México, un centro de adoración religioso que cuenta con la imagen más grande dedicada a dicha deidad.

El número de creyentes en la Santa Muerte ha crecido en las últimas dos décadas, a un estimado de 12 millones de seguidores que se concentran en México, Centroamérica y Estados Unidos, con un contingente menor de seguidores en Canadá y Europa. La Santa Muerte tiene dos homólogos masculinos similares en América Latina, los santos populares esqueléticos San La Muerte de Argentina y Paraguay, y Rey Pascual de Guatemala y Chiapas, México. Según R. Andrew Chesnut, la Santa Muerte está en el centro del nuevo movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo.

Historia Los estudios sobre la Santa Muerte suelen describir el culto como un fenómeno religioso de formación histórica compleja, desarrollado dentro de la religiosidad popular mexicana. Autores han señalado en su configuración la convergencia de elementos procedentes de la iconografía cristiana occidental de la muerte, tradiciones devocionales católicas, prácticas populares mexicanas vinculadas a los muertos y, según algunas interpretaciones, posibles resonancias de imaginarios mesoamericanos sobre la muerte y el inframundo; sin embargo, la existencia de una continuidad cultual directa con religiones prehispánicas continúa siendo materia de debate académico. Siguiendo el enfoque de Claudio Lomnitz y de J. Katia Perdigón Castañeda, quienes afirman explícitamente que el culto no parece ser heredero directo de un culto prehispánico, las concepciones mexicanas sobre la muerte pueden analizarse como el resultado de procesos históricos complejos (coloniales, religiosos, nacionales y culturales); esta perspectiva ha sido empleada por diversos estudios para matizar las afirmaciones sobre los orígenes de prácticas religiosas contemporáneas vinculadas a la muerte.

Orígenes e Interpretaciones del Culto Algunas lecturas (académicas, populares y devocionales) también han propuesto vínculos con imaginarios mesoamericanos; no obstante, estas asociaciones no implican necesariamente una continuidad cultual directa desde la época prehispánica.Carlos Garma: El culto a la Muerte; Periodico El Universal; México, DF Viernes 10 de abril de 2009 Los principales elementos encontrados que se pueden distinguir son los siguientes:195x195px|thumb|Estatua de Mictlantecuhtli en el museo del Templo Mayor. Ah Puch. dios maya rey de Xibalbá, el inframundo. Descrito como un esqueleto o cadáver con un rostro de jaguar (o búho) adornado con campanas; Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. dios y diosa de la muerte aztecas, la oscuridad y el Mictlán «la región de los muertos». Ñuhu Iya Q Cuañe. Reina y guardiana del Ñuu Andaya, el inframundo mixteco. Día de muertos. Una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. La unción de los enfermos en la que se pide a Dios una «santa muerte», es decir, «morir en amistad con Dios», en el caso de que el enfermo se encuentre en estado terminal. Apocalipsis. La Biblia coloca a la muerte como uno de los Jinetes del Apocalipsis en la primera parte del capítulo 6.º del Apocalipsis, y la Muerte y el Hades en la última mitad del capítulo 20° del Apocalipsis. San Pascual o San Pascualito Rey En la religión católica, se refiere a San Pascual Baylón; originado en Guatemala y el Estado mexicano de Chiapas, se representa como un esqueleto humano coronado. Ha sido objeto de rechazo de la propia religión católica desde su origen y su culto prohibido por la Inquisición y rechazado hasta hoy, en que persiste su veneración, al igual que la "Muerte", se le adicionan colores en las ropas con que se represente o en las velas que se le ofrendan, que representan las diversas peticiones favorables o adversas, según sea el caso. La Muerte. En la cultura helénica y occidental desde tiempos remotos existe en la mitología la figura de la Muerte. La imagen de la muerte personificada que se ha hecho más popular es la de un esqueleto con una guadaña y, en ocasiones, con una túnica negra que lo cubre desde la cabeza hasta los tobillos. En la iconografía de tal figura se pueden ver claramente estos elementos en el culto actual. Sustituto de la advocación mariana. Para los antropólogos, es notable e innovador que la Santa Muerte sea una figura femenina. En la psique del mexicano está muy presente la figura de la Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte es una alternativa moderna, en el cual su vestimenta recuerda a la de las vírgenes de los altares y la ornamentación funeraria en las monjas de la época virreinal. De hecho, es tal la confusión que muchos creyentes también le llaman de forma cariñosa «virgencita». En el mismo sentido, el periodista José Gil Olmos la llama «la virgen de los olvidados». El esoterismo y la tradición mexicana. México es una nación altamente creyente en temas esotéricos lo cual ha permeado en distintos ámbitos de la sociedad mexicana, incluida la política con la que usualmente se vincula la veneración de esta figura. Varios símbolos y rituales asociados con La Santa Muerte, como lo es vestirla de distintos colores según su significado espiritual, la manera en que se le reza, o las ofrendas que se les deja en su altar recuerdan a distintas tradiciones populares que se pueden encontrar a través del país. Cabe mencionar que la manera en que se le representa tiene parecido con la imagen de la carta de la Muerte en el tarot, e incluye simbolismos que se pueden ver a través de los distintos arcanos mayores.

Detalle del culto prehispánico thumb|202x202px|Escultura con rostro de la muerte, pieza emblemática del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. En la religión mexica, el Mictlán era el destino de quienes morían de determinadas causas naturales y su tránsito implicaba atravesar diversos obstáculos, descritos en las fuentes coloniales, antes de comparecer ante los señores del inframundo. Algunos autores han señalado semejanzas generales entre ciertas prácticas rituales mesoamericanas relacionadas con los muertos —como la importancia de las ofrendas— y expresiones posteriores de la cultura mexicana de la muerte, aunque tales paralelos no son considerados prueba concluyente de continuidad histórica. En este contexto suelen mencionarse también tradiciones mexicanas como el Día de Muertos y otras formas culturales de relación ritual con los difuntos.

Origen moderno en la cultura popular miniaturadeimagen|Retablo dedicado al Señor de la Buena Muerte Durante los siglos XVI al XVIII, la figura de la Muerte formó parte importante de la iconografía y pedagogía católicas en la Nueva España. Como fueron las representaciones teatrales religiosas, sermones, pinturas murales y otros recursos destinados a recordar la fugacidad de la vida y la necesidad de prepararse para una buena muerte, como por ejemplo lo es el Señor de la Buena Muerte en el pueblo de Texocuixpan, Puebla. De manera más destacada, en las procesiones del Viernes Santo novohispano desfilaban carretas de la muerte, figuras esqueléticas que simbolizaban el triunfo temporal de la Muerte sobre Cristo, costumbre que aún se conserva en España pero ahora omitida en México. Es así que la imagen de la Muerte llegó a ocupar un lugar relevante en los oratorios domésticos indígenas, situación que pudo haber contribuido a que posteriormente cayera en desuso dentro de la religiosidad oficial debido a la preocupación eclesiástica por posibles desviaciones devocionales.

Claudio Lomnitz ha señalado que la evangelización novohispana generó una intensa cultura de la muerte basada en el purgatorio, las ánimas, los sufragios y la memoria ritual de los difuntos. Hacia el siglo XVII, esta clericalización de la muerte había alcanzado tal profundidad que algunos observadores registraban con asombro la participación de indígenas en la difusión y defensa de los principios cristianos relacionados con la salvación y la condenación. Desde finales del siglo XVI algunos cronistas expresaron sospechas respecto a la adopción indígena de las celebraciones de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Mientras autores como Motolinía consideraban estas prácticas una muestra del éxito evangelizador, otros, como Diego Durán, interpretaron ciertas ofrendas y ceremonias como posibles continuidades de tradiciones funerarias prehispánicas bajo formas cristianas. miniaturadeimagen|Imagen de la muerte usada en procesiones del Viernes Santo en Zaragoza España