miniatura|Vasija de la Cueva de Boquique en Plasencia, representativa de cerámica de Cogotas, con decoración rellena de pasta blanca procedente de la inhumación de San Román de Hornija, provincia de Valladolid (Bronce final, Cultura de Cogotas-I, 1100-800 a.C.). miniatura|200px|Cerámica excisa,Bronce final, Cogotas-I miniatura|200px|Fíbula de codo,Bronce final, Cogotas-I miniatura|200px|Castro de las Cogotas. Reconstrucción de la puerta principal. Cogotas II miniatura|200px|Verraco de granito en el cercano municipio de Mingorría. Cogotas II Las Cogotas es el nombre que recibe un yacimiento arqueológico situado en el término municipal de Cardeñosa en la provincia de Ávila (España). Situado en un cerro y fortificado, deparó una secuencia estratigráfica que fue dividida en dos grandes periodos con un hiato entre ambos, uno propio del Bronce Final (Cogotas I) y otro del comienzo de la segunda Edad del Hierro (Cogotas II). La investigación de Las Cogotas permitió conocer mejor los modos de vida peninsulares previos a la invasión romana.

Fue excavado por Juan Cabré en los años 1920 y es la principal referencia de los vetones, un pueblo de cultura celta que habitó una extensa zona que abarcaba las actuales provincias de Ávila y Salamanca y parte de Toledo, Zamora, Cáceres y los Trás-os-Montes de Portugal durante la Edad del Hierro.

Cogotas I

Se distinguen las siguientes fases en su formación y desarrollo: Galán y Saulnier, Catalina 1998 "Sobre la cronología de Cogotas I". Cuadernos de prehistoria y arqueología Nº 25, 1, págs. 201-244

Fase 1: Proto-Cogotas I (2000-1700 a.C.). Incursión por el Alto Ebro.

Llamativamente, los primeros elementos del "complejo" Cogotas I no hacen su primera aparición en la que se considera su cuna de origen (Meseta Norte), sino en las proximidades del alto Ebro (El Portalón de Atapuerca 2034 a.C.) y poco tiempo después se hallan en el Ebro medio, llegando en poco más de un siglo hasta el bajo valle del Duero. Esto se debe a que las nuevas formas cerámicas en el repertorio de la alfarería, entonces tradicional de esas áreas geográficas, son consecuencia de una primera llegada de "elementos" europeos en busca de territorios en los que asentarse que, lógicamente, hacen su primera aparición a través de los pasos pirenaicos.

Fase 2: Cogotas I inicial (1700-1550 a.C.). Asentamiento en la Meseta Norte.

En esta fase los mayores y mejores yacimientos adscritos a ese horizonte se localizan ahora en los valles del Duero, Tajo y alto Ebro (Los Tolmos, Arevalillo, La Plaza, El Cogote, La Corvera, La Venta). Se caracteriza por: 1) cerámica incisa con decoración impresa de espigas, zig-zag y guirnaldas de semicírculos de boquique, y 2) por su extensión por los valles del Duero (Los Tolmos, Arevalillo, La Plaza, Castelho Velho), Tajo (Perales del Río). Es esta distribución la que parece confirmar su origen en la Meseta Norte y su posterior expansión hacia las regiones periféricas.

Fase 3: Cogotas I medio (1550-1350 a.C.). Expansión por la Meseta y valles del Sur.

Se produce un enriquecimiento del repertorio decorativo con aparición de cerámica excisa, nuevo modelo decorativo que responde a una segunda llegada de elementos europeos incorporados al complejo cultural. Es esta la causa de que, de nuevo, la cerámica excisa aparezca en el valle del Ebro antes que en La Meseta (1550 a.C. en Moncín, 1466 a.C. en Los Tolmos). En esta fase se produce también la aparición de las cerámicas tipo Cogotas-I fuera de la Submeseta Norte y por tanto de su área de origen, con presencia a partir del 1550 a.C. en el sudeste (Gatas en Almería, Cuesta del Negro en Granada) y del 1350 a.C. en el valle medio del Guadalquivir (Llanete de los Moros).

Fase 4: Cogotas I final (1350-1000 a.C.). Extinción y transición al Hierro.

La fase final se caracteriza por la decoración basada en la incrustación de pasta roja y amarilla en las decoraciones incisas-impresas, que puede considerarse característica del estilo final de Cogotas I, que ya solo pervive en su área de origen (valles del Duero, Tajo y alto Ebro).

Cogotas II

Es un yacimiento de la Segunda Edad del Hierro de la provincia de Ávila. Está ubicado en la zona norte del valle de Amblés.

El Valle Amblés es una fosa tectónica en el sistema Central, recorrida por el río Adaja, vía natural de comunicaciones, localizada en la provincia de Ávila. Tiene forma de triángulo y fondo plano por donde fluye el río con apenas desnivel, entre las laderas septentrionales de La Serrota y la sierra de la Paramera, que quedan al sur del valle, con altitudes medias que oscilan entre 1600 y 2200 m, la vertiente meridional de la sierra de Ávila y Villanueva que quedan al norte del valle, con una altitud media de 1600 m, para concluir, las estribaciones de la Serrota y la sierra de Villanueva cierran el occidente, y la sierra de Ojos-Albos en el extremo oriental.

Sobre los granitos y pizarras predominan suelos silíceos ácidos, muy erosionables, de profundidad variable, con escasa capacidad de retención de humedad y con afloramientos rocosos. Suelos de vocación ganadera, poco aptos para la agricultura. En la vega, el río, gracias a los suelos aluviales ricos en minerales, aumenta las posibilidades de aprovechamiento agrícola. En los sectores más húmedos, encinas, fresnos y pinos piñoneros y resineros. En cuanto a la fauna local, hoy sólo pervive la fauna autóctona en lugares muy concretos protegidos, animales como lobos, jabalíes, cigüeñas, garzas, buitres y águilas.

El poblamiento más destacado en el valle es de la Segunda Edad de Hierro y se caracteriza por poblados fortificados, u Oppida, en las estribaciones de las sierras del valle. Los más importantes son: Ulaca, con más de 70 ha, siendo el más grande de ellos, el Castro de la Mesa de Miranda con 30 ha y Las Cogotas con 14,5 ha.

Hay indicios de que bajo la ciudad actual de Ávila se encuentre Obila, mencionada por Ptolomeo (2,5,7), aunque los materiales hallados hasta el momento no lleven su cronología más allá del Se observa una ocupación importante en el valle desde el Bronce Final. Por otro lado, en las zonas llanas próximas a la vega aparecen hábitats no amurallados de menor entidad, como Muñogalindo, Padiernos o Ermita de Sonsoles, los cuales son considerados por sus investigadores como ”hábitats menores”. Los hallazgos son escasos y con materiales de superficie, por lo que no se puede afirmar que sean lugares de hábitat en todas las ocasiones. Los estudios del territorio de explotación de estos lugares revelan una tendencia agrícola entre el 60-80 % en un radio de 2 km, ya que los suelos que ocupan son aluviales, o están cerca de las dehesas, mientras que los castros revelan tendencias ganaderas.

Dentro del patrón de poblamiento se deben incluir las esculturas de toros y cerdos, conocidos como verracos. Se han interpretado de muchas maneras, dándoles un valor mágico de protección del ganado, para potenciar la reproducción, o atribuyéndoles la función de ser monumentos funerarios, ya que existen piezas con inscripciones de este tipo. Sin embargo, las últimas revisiones proponen una explicación distinta y complementaria, es decir, no descartan su valor simbólico. Gran parte de las esculturas carece de contexto arqueológico claro, se localizan a varios kilómetros de los poblados y la mayoría, en zonas de buenos pastizales. El alto coste de producción de los mismos puede tener mucho más sentido si con los zoomorfos se estableciesen hitos o referencias fijas en el paisaje de los recursos críticos, como lo son los pastos invernales.

Cronología En cuanto a la cronología de las murallas, no es segura para el primer recinto, mientras que sí se tiene material fechable asociado al segundo recinto. Los sondeos realizados junto a la muralla en este recinto han proporcionado cerámica a torno, fíbulas de caballito y otras tardías con esquema de La Tene que permiten pensar en una cronología de III-II a.C., se puede precisar aún más, ya que se observó que coincide con el nivel de fundación del alfar, documentado junto a ella, e incluso la existencia de un basurero debajo de la muralla, y por lo tanto anterior, lleva a proponer a sus investigadores una secuencia cronológica: para el momento de la primera ocupación del lugar, es decir, de la construcción del primer recinto, se daría hacia el y un momento posterior para la construcción del segundo recinto y del alfar en los siglos III-II a. C.

Castro Se encuentra en el reborde meridional de la Meseta Norte, en el sector central de la provincia de Ávila, a seis kilómetros hacia el suroeste del pueblo de Cardeñosa, en el extremo de la estribación más oriental de la sierra de Ávila, junto al río Adaja. Su nivel máximo es de 1156 m sobre el nivel de mar, coincidiendo con uno de los berrocales de granito, que, como ya se ha referido antes, da nombre al yacimiento, elevándose unos 140 m sobre el río. Abarca una superficie intramuros de 14,5 ha y sus ejes máximos son unos 455 m por algo más de 310 m. Pertenece a la Segunda Edad de Hierro, aunque algunas cerámicas pertenecientes a la acrópolis se adscriben a una ocupación previa del Bronce Final, pero no de gran importancia.

Responde a los tipos de emplazamiento en cerro o acrópolis y en meandro. Caracterizado por la proximidad a cauces fluviales, el río Adaja, la facilidad de defensa natural, por su orografía escarpada y la accesibilidad está determinada por la pendiente. Las Cogotas se organiza en torno a dos recintos amurallados con tres entradas cada uno, siendo la principal del recinto superior la más complicada de todas ellas. Se trata de murallas potentes con engrosamientos a modo de bastiones, con campos de piedras hincadas delante de las entradas, como ocurre en otros castros de la región para estos momentos. En el recinto superior se conocen algunas casas adosadas a la parte interior de la muralla. La técnica constructiva empleada combina el adobe con la piedra sobre un eje rectangular en planta.

Estructuras defensivas Murallas