Acrocanthosaurus atokensis (gr. «lagarto de espinas altas de Atoka») es la única especie conocida del género extinto Acrocanthosaurus de dinosaurio terópodo carcarodontosáurido que existió a finales del período Cretácico Inferior, de entre , durante el Albiense, en lo que hoy es Norteamérica. Sus restos fósiles han sido hallados en los estados de Oklahoma y Texas, mientras que dientes atribuidos a este género proceden de Maryland.

El Acrocanthosaurus era un depredador bípedo, y como el nombre indica, se lo conoce principalmente por sus apófisis espinosa, ubicadas en muchas de sus vértebras, y que parecen haber sostenido una «joroba» encima del cuello, espalda y caderas del animal. El acrocantosaurio fue uno de los terópodos más grandes, de casi 12 metros de longitud y un peso de entre 5.7 a 6.2 toneladas. Grandes huellas fósiles descubiertas en Texas pudieron pertenecer al acrocantosaurio, aunque no se las ha asociado directamente con esqueletos.

Una serie de descubrimientos recientes han permitido clarificar muchos detalles de su anatomía, como también realizar estudios detallados de su estructura cerebral y la función de sus miembros delanteros. Sin embargo, persiste el debate sobre sus relaciones evolutivas, mientras que algunos científicos lo clasifican como un alosáurido, otros en cambio sostienen que es un carcarodontosáurido. El acrocantosaurio era el téropodo más grande de su ecosistema y posiblemente un superpredador que dio caza a grandes saurópodos y ornitópodos.

Descripción miniatura|izquierda|Comparación de tamaño entre Acrocanthosaurus y un ser humano. Aunque era más pequeño que su pariente el Giganotosaurus, el Acrocanthosaurus fue uno de los terópodos más grandes que han existido. El individuo más grande y completo que se ha descubierto, NCSM 14345 se estima que su longitud fue de 11,5 metros y con un peso estimado de 5,7 a 6,2 toneladas, con un rango máximo de 7,25 toneladas posibles para el espécimen y su cráneo medía aproximadamente 1,3 metros de largo.

El cráneo del acrocantosaurio, al igual que el de otros alosáuridos, era largo, bajo y estrecho. Un agujero en frente de su cuenca ocular conocido como fenestra anteorbital, le permitía reducir un tanto su peso, dicha abertura era muy grande y medía más de un cuarto de la longitud craneal y dos tercios de su altura. La superficie externa del maxilar y el lado superior del hueso nasal, justo al tope del hocico, no poseían una textura rugosa como en el giganotosaurio o el carcarodontosaurio. De los huesos nasales partían largos y cortos bordes que recorrían ambos lados del hocico hasta detrás de los ojos, donde continuaban sobre los huesos lagrimales. Esto es un rasgo característico de todos los alosauroides. A diferencia del alosaurio, no se presentaba una prominente cresta sobre el hueso lagrimal que se ubicaba frente a los ojos. Los huesos lagrimales y postorbitales se encuentran formando un arco superciliar encima del ojo, al igual que en los carcarodontosáuridos y los no relacionados abelisáuridos. Diecinueve dientes curvos y aserrados se insertaban a cada lado de la mandíbula superior, pero no se ha publicado aún la cantidad que hay en la mandíbula inferior. Los dientes del acrocantosaurio eran más anchos que los del carcarodontosaurio y no tenían la textura rugosa que distinguía a los carcarodontosáuridos. El dental fue cuadrado fuera del borde frontal, como en el giganotosaurio, y poco profundo, a diferencia del resto de la mandíbula que es muy profunda. El acrocantosaurio y el giganotosaurio poseen un grueso borde horizontal en el lado externo del hueso surangular de la mandíbula inferior, debajo de la articulación temporomandibular. miniatura|derecha|Ilustración de unos acrocantosaurios en movimiento. Lo que más destaca al acrocantosaurio es su fila de altas espinas neurales que se localizan en las vértebras desde el cuello hasta el final de la cola, midiendo hasta 2,5 veces la altura de la vértebra. Otros dinosaurios también poseían espinas similares en su espalda, las de algunos siendo mucho más altas que las del acrocantosaurio, como por ejemplo, las del espinosaurio, las cuales medían casi 2 metros de altura y eran 11 veces más altas que el cuerpo de la vértebra. Estas se diferenciaban también de las del acrocantosaurio porque formaban una «vela» de piel, mientras en las bajas espinas del acrocantosaurio se ataban poderosos músculos, como es el caso de los bisontes modernos, que formaban una joroba alta y gruesa. La función de estas espinas permanece desconocida, aunque probablemente pudieron servir para la comunicación, almacenamiento de grasa, o termorregulación. Todas las vértebras cervicales y dorsales tenían grandes depresiones (pleurocelas) a los lados, mientras las caudales se dotaban de unas más pequeñas. Esto es una característica más distintiva de los carcarodontosáuridos que de los alosáuridos.

Sin contar las vértebras, el acrocantosaurio poseía el típico esqueleto de los alosauroides. Era bípedo, con una cola larga y poderosa que balanceaba al cuerpo y la cabeza, manteniendo el centro de gravedad sobre las caderas. Sus brazos eran más cortos y robustos que los del alosaurio pero se asemejaban en otros aspectos al estar provistos de tres dedos con garras en cada mano. A diferencia de muchos dinosaurios veloces más pequeños, el fémur era más largo que la tibia y el metatarso, demostrando que el acrocantosaurio no era un rápido corredor. No es de sorprender que los huesos de las patas del acrocantosaurio eran más robustos que los de su pequeño pariente el alosaurio. Cada pie poseía cuatro dedos, de los cuales tres contactaban con el suelo y uno se mantenía al aire.

Descubrimiento e investigación miniatura|izquierda|250px|Esqueleto de Acrocanthosaurus atokensis Acrocanthosaurus fue nombrado por sus altas espinas neurales, del griego ακρα/akra ("alta"), ακανθα/akantha ("espina") y σαυρος/sauros ("lagarto"). Solo hay una especie descrita (A. atokensis), nombrada por el condado de Atoka en Oklahoma, donde los primeros especímenes fueron encontrados. El nombre fue acuñado en 1950 por los paleontólogos estadounidenses J. Willis Stovall y Wann Langston, Jr. Langston propuso el nombre «Acracanthus atokaensis» en su tesis inédita de maestría de 1947, pero el nombre se cambió a Acrocanthosaurus atokensis en la publicación formal. Acracanthus es considerado un nombre de disertación, por lo tanto inválido. miniatura|Esqueleto de acrocantosaurio (NCSM-14345). El holotipo y paratipo, OMNH 10146 y OMNH 10147 respectivamente, fueron descubiertos a principios de la década de 1940 y descritos al mismo tiempo en 1950, consisten en dos individuos incompletos con restos del cráneo, encontrados en la Formación Antlers en Oklahoma. Dos ejemplares mucho más completos fueron descritos en la década de 1990. El primero, SMU 74646 es un esqueleto parcial, que carece de gran parte del cráneo, que fue excavado en la Formación Twin Mountain en Texas y actualmente pertenece a la colección del Museo de Ciencia e Historia de Fort Worth. Y el más completo de los esqueletos, NCSM 14345, apodado «Fran», fue hallado también en la Formación de Antlers por coleccionistas privados, el cual fue reconstruido por el Instituto de Black Hills en Dakota del Sur, y actualmente reside en el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte en Raleigh. Este es el espécimen más grande descubierto hasta ahora y posee el único cráneo y brazo completo. Los elementos recobrados del paratipo son casi del mismo tamaño que los de NCSM 14345, sin embargo los del holotipo y SMU 74646 son considerablemente más pequeños.

La presencia de Acrocanthosaurus en la Formación Cloverly se estableció en 2012 con la descripción de otro esqueleto parcial, UM 20796. Este ejemplar, que consta de partes de dos vértebras, huesos púbicos parciales, un fémur, peroné parcial, y fragmentos varios, representa un animal juvenil. Proviene de una cama de huesos en la cuenca Bighorn del centro-norte de Wyoming, y fue encontrado cerca del omóplato de un Sauroposeidon. Un surtido de otros fragmentyos de terópodos de la formación también pueden pertenecer a Acrocanthosaurus, que podría ser el único terópodo grande en la Formación Cloverly. De Acrocanthosaurus se conocen especímenes menos completos que no proceden de Oklahoma y Texas. Un diente del sur de Arizona ha sido asignado a este género, y marcas de dientes han sido halladas en huesos de un saurópodo de la misma área. Varios dientes de la Formación de Arundel en Maryland han sido identificados con los del acrocantosaurio e indican una posible distribución hasta el extremo este de Norteamérica. Muchos otros dientes y huesos, procedentes de varias formaciones geológicas alrededor del oeste estadounidense, se han asignado a Acrocanthosaurus, pero muchos han sido identificados erróneamente. Sin embargo esto ha sido puesto en discusión después de la descripción de ejemplares en la formación Clovery. En el 2022, varias huellas (icnofósil) de este terópodo fueron descubiertas en el Valle de los Dinosaurios, (Texas), como consecuencia de una intensa sequía en esta región de Estados Unidos, lo que provocó que el lecho de un río se secara y quedaran al descubierto cerca de 60 impresiones (estimándose un total de 140) en un trayecto de 30 metros, con una antigüedad de 113 millones de años, y que son consideradas cómo unas de las huellas de dinosaurio mejor conservadas del mundo.

Clasificación Acrocanthosaurus está clasificado en la superfamilia Allosauroidea, dentro del infraorden Tetanurae. Esta superfamilia se caracteriza por tener un par de crestas sobre los huesos nasales y lagrimales al tope del hocico y altas espinas neurales en las vértebras del cuello, entre otros rasgos. Fue originalmente incluido en la familia Allosauridae junto con el alosaurio, algo apoyado por algunos trabajos recientes. Otros investigadores lo clasifican dentro de la cercana familia Carcharodontosauridae.

Cuando fue descubierto, Acrocanthosaurus y muchos otros grandes terópodos se conocían solo por escasos restos, lo que llevó a este género a variar constantemente de clasificación. J. Willis Stovall y Wann Langston Jr. primero lo asignaron a «Antrodemidae», un equivalente de Allosauridae, pero fue transferido al taxón «reciclable» Megalosauridae por Alfred Sherwood Romer en 1956. Para otros investigadores, la presencia de largas espinas sugieren un parentesco con Spinosaurus. Esta interpretación del Acrocanthosaurus como un espinosáurido persistió hasta los 1980s, y fue repetida en libros semi-técnicos de dinosaurios de ese entonces.

Vértebras con largas espinas del Cretácico inferior de Inglaterra se consideraron muy parecidas a las del Acrocanthosaurus, y en 1988, Gregory S. Paul las describió como una segunda especie del género, A. altispinax. Estos huesos fueron originalmente asignados a Altispinax, un terópodo conocido solo a partir de dientes, y esta asignación llevó a siquiera un autor a proponer que el mismo Altispinax fue sinónimo de Acrocanthosaurus. Estas vértebras fueron luego asignadas a un nuevo género, Becklespinax.

Si el Acrocanthosaurus fue un alosáurido, tuvo que estar más relacionado con géneros del Jurásico como el Allosaurus y Saurophaganax. Los análisis cladísticos que lo clasifican como carcarodontosáurido, comúnmente lo ubican en una posición basal al Carcharodontosaurus de África y Giganotosaurus de Sudamérica. Sin embargo, el Neovenator, descubierto en Inglaterra, es usualmente considerado un carcarodontosáurido aún más basal, aunque también como un neovenatórido. En caso de ser un carcharodontosáurido, esto indicaría que la familia apareció en Europa y luego se dispersó a continentes sureños (en ese entonces unidos en el supercontinente Gondwana). Si el Acrocanthosaurus fue un carcarodontosáurido, entonces su distribución debió llegar incluso a Norteamérica. Todos los carcarodontosáuridos existieron desde principios hasta mediados del Cretácico.

Filogenia