miniaturadeimagen|Grabación del Gyokuon-hōsō en el museo de NHK El discurso del emperador Hirohito, retransmitido por radio, hizo pública la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial el 15 de agosto de 1945, tras haber sufrido el ataque de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
Contexto histórico Unos días antes, el gobierno japonés aceptaba las condiciones de la declaración de Potsdam y a su vez, el secretario de Estado Byrnes comunicaba que una vez realizada la rendición «la autoridad del Emperador y del Gobierno japonés quedaría sujeta al Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas, quien tomaría las medidas oportunas para que se efectuaran los términos de la rendición adecuadamente».
En las dos décadas desde que había subido al trono de Crisantemo, el emperador Hirohito no se había dirigido ni una vez a sus súbditos directamente. Hasta entonces las palabras del soberano habían sido enviadas en forma de escritos impresos, pronunciamientos leídos por otros.
El discurso
El discurso fue retransmitido por la emisora NHK, la emisora nacional, tras su grabación, por motivos de seguridad. «Una vez grabado, el texto se entregó a Domei, una Agencia de distribución de prensa nacional, y a los periódicos más importantes bajo la orden de que no se publicase hasta después de su transmisión».
Traducción al lenguaje popular
Debido al estilo formal en que estaba escrito, fue necesaria una traducción al lenguaje popular para una comprensión más sencilla.
La traducción de este discurso se divide en once puntos.
Tras su pronunciación, «varios cientos de individuos, la mayoría de ellos oficiales militares, se suicidaron, al igual que muchos oficiales nazis hicieron tras la capitulación de Alemania, donde nunca había existido un culto al suicidio patriótico comparable».
Traducción del texto oficial imperial (en japonés clásico)
Algunas consecuencias
Un tribunal militar internacional establecido en Tokio, juzgó a Japón por sus crímenes de guerra. Salieron a la luz otras muchas «atrocidades cometidas sobre los prisioneros de guerra y los civiles occidentales en los ‘cruceros de la muerte’ y en unos campos de concentración en que se les obligaba a trabajos agotadores. Mención especial merecen los centros de armas bacteriológicas en que se sacrificaron millones de presos; el más importante de ellos era el establecido en Pingfan, cerca de Harbin (en el estado títere de Manchukuo), conocido como la unidad secreta 731(…) Sin olvidar que se había ejecutado sistemáticamente a los aviadores norteamericanos capturados».
920 japoneses fueron condenados a muerte y otros 3000 a ir a prisión. El acuerdo de paz llevado a cabo en San Francisco en 1951 supuso que los Estados Unidos procurase silenciar estos crímenes, así como los saqueos producidos. Además de tener que pagar una serie de indemnizaciones económicas como Alemania, unos pactos secretos entre Estados Unidos y el país asiático «comprometían a sostener los costes de las bases estadounidenses y a permitir la entrada en sus puertos de buques norteamericanos con armamento nuclear».
Referencias
Bibliografía DOWER, John. Embracing defeat: Japan in the wake of World War II. ISBN 0-393-04686-9. Publicación: 1999. Capítulo 1. FONTANA, Josep. Por el bien del imperio, una historia del mundo desde 1945. Edición: Pasado & Presente. ISBN 978-84-939143-4-9. Fecha de publicación 7 de noviembre de 2011 RUBIO MARTÍN, Raquel. La investigación sobre Asia Pacífico en España. [En línea] Universidad de Tokio. Capítulo 4. Análisis del discurso: discurso del emperador Hirohito con motivo de la rendición de Japón de la Guerra del Pacífico.
Enlaces externos
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