La revuelta íbera (197-195 a. C.) fue una rebelión de los pueblos íberos de las provincias Citerior y Ulterior, creadas poco antes en Hispania por el Estado romano para regularizar el gobierno de estos territorios, contra esa dominación romana en el
A partir de 197 a. C. la República romana dividió sus conquistas en el sur y este de la península ibérica en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior, cada una de ellas gobernada por un pretor. Aunque varias causas se han planteado como posibles responsables del conflicto, la más aceptada es la derivada de los cambios administrativos y fiscales producidos por la transformación del territorio en dos provincias.
Iniciada la revuelta en la provincia Ulterior, Roma envió a los pretores Cayo Sempronio Tuditano a la provincia Citerior y Marco Helvio Blasión, a la Ulterior. Poco antes de que la rebelión se propagase hasta la provincia Citerior, Cayo Sempronio Tuditano murió en combate. Sin embargo, Marco Helvio Blasión, que al llegar a su provincia se dio de bruces con la revuelta, consiguió una importante victoria sobre los celtíberos en la batalla de Iliturgi. La situación seguía lejos de estar controlada, y Roma envió a los pretores Quinto Minucio Termo y a Quinto Fabio Buteón en un nuevo intento de solucionar el conflicto. No obstante, aunque éstos lograron algunas victorias, como en la batalla de Turda, donde Quinto Minucio logró incluso capturar al general hispano Besadino, tampoco consiguieron resolver del todo la situación.
Fue entonces cuando Roma hubo de enviar en 195 a. C. al cónsul Marco Porcio Catón al mando de un ejército consular a suprimir la revuelta, quien, cuando llegó a Hispania, encontró toda la provincia Citerior en rebeldía, con las fuerzas romanas controlando solo algunas ciudades fortificadas. Catón estableció una alianza con Bilistages, rey de los ilergetes, y contaba también con el apoyo de Publio Manlio, recién nombrado pretor de Hispania Citerior y enviado como ayudante del cónsul. Catón se dirigió hacia la península ibérica, desembarcó en Rhode y sofocó la rebelión de los hispanos que ocupaban la plaza. Posteriormente se trasladó con su ejército a Emporion, donde se libraría la mayor batalla de la contienda, contra un ejército indígena ampliamente superior en número. Después de una larga y difícil batalla, el cónsul logró una victoria total, consiguiendo infligir 40 000 bajas en las filas enemigas. Después de la gran victoria de Catón en esta batalla decisiva, que había diezmado las fuerzas hispanas, la provincia Citerior cayó de nuevo bajo control de Roma.
Por otro lado, la provincia Ulterior seguía sin estar controlada, y el cónsul hubo de dirigirse hacia la Turdetania para apoyar a los pretores Publio Manlio y Apio Claudio Nerón. Catón intentó establecer una alianza con los celtíberos, que actuaban como mercenarios pagados por los turdetanos y cuyos servicios necesitaba, pero no logró convencerles. Tras una demostración de fuerza, pasando con las legiones romanas por el territorio celtíbero, les convenció para que volvieran a sus tierras. La sumisión de los indígenas era solamente una apariencia, y cuando corrió el rumor de la salida de Catón hacia Roma, la rebelión se reanudó. Catón hubo de actuar de nuevo con decisión y efectividad, venciendo a los sublevados definitivamente en la batalla de Bergium. Finalmente, Catón vendió a los cautivos como esclavos y los indígenas de la provincia fueron desarmados.
Antecedentes miniaturadeimagen|left|Fases de la conquista de Hispania. thumb|300px|Desarrollo de la segunda guerra púnica.
La segunda guerra púnica se encontraba en su recta final. Los generales cartagineses Magón Barca y Asdrúbal Giscón se habían retirado hacia Gades, lo cual permitió a Escipión el Africano hacerse con todo el sur de la península ibérica. Entonces Escipión cruzó hacia África para mantener un encuentro con el rey númida Sifax, con el que se había encontrado anteriormente en Hispania, con la intención de forjar una alianza.
Poco tiempo después, Escipión enfermó de gravedad y aprovechando la oportunidad, 8000 soldados romanos, que estaban descontentos por haber recibido un salario inferior al habitual, y, además, carecían de autorización para saquear poblaciones enemigas, se rebelaron e iniciaron un motín; este motín fue la ocasión perfecta aprovechada por los ilergetes y otros pueblos íberos para sublevarse, dirigidos por los líderes Indíbil (de los ilergetes) y Mandonio (de los ausetanos), rebelión dirigida sobre todo contra los procónsules Lucio Cornelio Léntulo y Lucio Manlio Acidino. Lucio Manlio logró derrotar a los ausetanos y a los ilergetes, que se habían rebelado contra la República en ausencia de Escipión el Africano. Volvió a Roma en el año 199 a. C., pero no le fue concedida la ovación que le había otorgado el senado por oposición del tribuno de la plebe Publio Porcio Leca. Publio Escipión consiguió sofocar el motín y puso un final sangriento a la revuelta de los íberos. Mandonio fue capturado y ejecutado (205 a. C.), mientras que Indíbil logró escapar.
Magón Barca y Asdrúbal Giscón abandonaron Gades con todos sus barcos y tropas para acudir a la península itálica en apoyo de Aníbal, y tras la salida de estas fuerzas, Roma quedó dueña de todo el sur de Hispania. Roma dominaba ahora desde los Pirineos al Algarve, siguiendo la costa. El territorio controlado por los ejércitos romanos alcanzaba hasta Huesca, y desde allí hacia el sur hasta el Ebro y por el este hasta el mar. La victoria de la República de Roma sobre Cartago en la segunda guerra púnica dejaba Hispania definitivamente en sus manos.
Al marcharse Escipión el Africano tras sus campañas hispánicas, los jefes ibéricos que le habían apoyado, y que todavía gozaban de una cierta estructura política y capacidad de reacción, consideraron que solo les unía una relación personal con su rex Escipión y no tenían ningún deber para con la República romana, con lo que se levantaron en armas contra ésta. Se han propuesto, sin embargo, otras causas para la sublevación, como por ejemplo la muerte de Indíbil y Mandonio a manos de los romanos; o la más aceptada, los altos tributos que los hispanos debían pagar a Roma, sobre todo tras la transformación del territorio en dos provincias.
Fuerzas en combate Ejércitos hispanosUnidades romanasComposiciónCantidadComposiciónCantidad Batalla de Iliturgi: Pretor de Hispania Citerior: Celtíberos 20 000 Infantes (tropas permanentes) 4000 Batalla de Turda: Jinetes (tropas permanentes) 200 Íberos + 12 000 1 Legión (refuerzos 196 a. C.) 4200 Batalla de Emporion: Infantes (refuerzos 196 a. C.) 2000 Íberos (seguramente indigetes) 40 000 Jinetes (refuerzos 196 a. C.) 150 Turdetania: Infantes (refuerzos 195 a. C.) 2000 Celtíberos 10 000 Jinetes (refuerzos 195 a. C.) 200 Turdetanos N.º indeterminado Pretor de Hispania Ulterior: Infantes (tropas permanentes) 4000 Jinetes (tropas permanentes) 200 1 Legión (refuerzos 196 a. C.) 4200 Infantes (refuerzos 196 a. C.) 2000 Jinetes (refuerzos 196 a. C.) 150 Infantes (refuerzos 195 a. C.) 2000 Jinetes (refuerzos 195 a. C.) 200 Ejército consular: 2 Legiones 8400 Jinetes 800 Aliados 15 000Total+ 82 000~ 50 000
Primeros enfrentamientos miniaturadeimagen|left|Casco tipo Montefortino procedente de Italia, habitual en el equipo de los legionarios romanos de los siglos III a I a. C. miniaturadeimagen|280px|La nueva división provincial de Hispania en el año 197 a. C.
La República romana dividió en 197 a. C. sus conquistas en el sur y este de la península ibérica en dos provincias: Hispania Citerior (costa este, desde los Pirineos a Cartagena), posteriormente llamada Tarraconense, con capital en Tarraco, e Hispania Ulterior (aproximadamente la actual Andalucía), con capital en Corduba, cada una de ellas gobernada por un pretor. La transformación del territorio en dos provincias provocó importantes cambios administrativos y fiscales, y la imposición del stipendium no fue aceptada por las tribus locales, de modo que en 197 a. C., recién terminada la segunda guerra macedónica, estalló una gran revuelta en toda el área conquistada en Hispania a causa del expolio republicano.
Las nuevas provincias necesitaban gobernantes, de manera que la República envió a los pretores Cayo Sempronio Tuditano a la Hispania Citerior y Marco Helvio Blasión a la Hispania Ulterior con un total de 8000 infantes y 800 jinetes para licenciar a los veteranos, y la orden de delimitar las fronteras de las provincias. Cuando Marco Helvio llegó a su correspondiente provincia se topó con una gran revuelta, con lo que informó al senado. Numerosos jefes locales se habían rebelado en la Hispania Ulterior, entre ellos el régulo Culcas, al frente de los ejércitos de 17 ciudades, y el régulo Luxinio, al mando de las fuerzas de las ciudades de Carmo y Bardo. También se habían unido a la revuelta las ciudades de Malaca, Sexi y toda la Beturia.
Poco tiempo después, la guerra, que se había iniciado en la provincia Ulterior, se propagó también a la Citerior, en la cual su pretor, Cayo Sempronio Tuditano, había fallecido por las heridas sufridas en una batalla, junto con muchos soldados, a finales del año 197 a. C.; y la provincia quedó sin pretor hasta el año siguiente. Es probable que el propio Marco Helvio, pretor de la Ulterior, asumiera también el control de la Citerior hasta la llegada del sucesor de Sempronio.
Quinto Minucio Termo y Quinto Fabio Buteón fueron los pretores elegidos en el 196 a. C. para hacerse cargo de la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior respectivamente. Se les entregaron unos refuerzos consistentes en dos legiones, 4000 infantes y 300 jinetes, y se les dio la orden de irse a toda prisa a las provincias para continuar la guerra. Quinto Minucio Termo derrotó a los insurrectos Budar y Besadino en un lugar indeterminado llamado Turda, causó 12 000 bajas en las filas hispanas, y atrapó al general Besadino. Quinto Minucio recibió, en consecuencia, el honor del triunfo al retornar a Roma en el año 195 a. C.
Victoria romana en Iliturgi
300px|thumb|Guerreros íberos armados con lanza y escudo oblongo en un vaso de Lliria (Valencia). Dado el poco éxito del pretor del 196 a. C. en la Hispania Citerior, el senado romano la había declarado como «provincia consular», ya que era necesaria la intervención de un ejército consular para controlar la situación. Elegido cónsul en 195 a. C. junto a su amigo Lucio Valerio Flaco le tocó por sorteo hacerse cargo de Hispania Citerior a Marco Porcio Catón, el Viejo. También fueron elegidos los pretores para la Hispania Ulterior e Hispania Citerior, Apio Claudio Nerón y Publio Manlio, respectivamente, con las fuerzas que les correspondía, aunque, debido a la situación de emergencia, se les permitió que dispusieran de 2000 infantes y 200 jinetes más, a sumar a las legiones de las que habían dispuesto sus predecesores. El cónsul Marco Porcio Catón, que no había podido evitar la anulación de la Ley Opia, embarcó junto con sus tropas hacia Hispania para hacerse cargo de la provincia Citerior con Publio Manlio de ayudante, dejando la Ulterior a Apio Claudio.