La operación Margarethe fue la acción militar alemana que en marzo de 1944 resultó en la rápida ocupación de Hungría por el Tercer Reich.

La rendición italiana a comienzos de septiembre de 1943 convenció a los alemanes de tomar medidas para evitar una situación similar en Hungría y Rumanía y el Estado Mayor presentó un plan de ocupación el 30 de septiembre de 1943. Tras diversos cambios en los planes, el 28 de febrero de 1944, Hitler ordenó el trazado del plan definitivo contra Hungría. Una vez cortada la línea Leópolis-Odesa por los soviéticos, las comunicaciones férreas a través de Hungría eran las únicas disponibles para los alemanes además de la que cruzaba Chernivtsi, lo que aumentaba la importancia del país.

Por su parte, el Gobierno húngaro admitía la posibilidad de un ataque alemán y contaba con informes sobre concentraciones de unidades alemanas en la frontera austriaca, pero no realizó preparativos para oponerse.

El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán seguía prefiriendo una ocupación pacífica del país en colaboración con los elementos progermanos de Hungría. Los partidarios de esta opción deseaban contar con la cooperación de Horthy para instaurar un nuevo Gobierno más filoalemán y minimizar los costes militares y económicos de la ocupación. Hitler aceptó la propuesta —sin anular los preparativos militares— la tarde del día 15 y envió una invitación al regente húngaro. La delegación húngara encabezada por Miklós Horthy llegó a Salzburgo la mañana del 18 de marzo. A las cinco de la tarde, una vez terminada la segunda reunión con Horthy, que seguía oponiéndose a respaldar la ocupación, Hitler dio orden de comenzar la invasión. En una última entrevista con Hitler, el regente accedió finalmente a aceptar la ocupación militar siempre que los alemanes respetasen cierta autonomía política para Hungría.

A las 4 a. m. del 19 de marzo, tres divisiones provenientes de Belgrado, dos de Zagreb, dos blindadas de Viena y una motorizada de Cracovia penetraron en el país. Estas fuerzas no encontraron oposición alguna.

El 23 de marzo, Döme Sztójay, hasta entonces embajador en Berlín y conocido filogermano, formó un nuevo Gobierno. Horthy pasó a un semirretiro, tanto voluntario como propiciado por los alemanes. Para el verano, alrededor de medio millón de soldados húngaros combatían contra los soviéticos, muchos más que el año anterior. La ocupación trajo también una mayor explotación de la economía húngara. Asimismo Hungría dejó de ser un refugio para la población judía. Durante la ocupación, se produjo la deportación de casi medio millón de personas .

Antecedentes La rendición italiana a comienzos de septiembre de 1943 convenció a los alemanes de tomar medidas para evitar una situación similar en Hungría y Rumanía y el Estado Mayor presentó un plan de ocupación el 30 de septiembre de 1943. Este plan —denominado inicialmente «operación Margarethe» y más tarde «operación Margarethe I» cuando se trazó el plan de ocupación de Rumanía («operación Margarethe II»)— preveía la participación eslovaca y rumana en la operación y la división en tres del país. El borrador del Estado Mayor no definía una fecha para su aplicación. Este primer plan dio paso a un segundo, presentado a comienzos de noviembre, en el que se preveía utilizar únicamente unidades alemanas. Nuevamente, como había sucedido con el primer plan, la gravedad de la situación militar en el este hizo imposible la reunión de las fuerzas necesarias para su puesta en práctica. En enero y febrero de 1944, sin embargo, el Estado Mayor alemán revisó el plan y volvió a considerar esencial la participación de Rumanía en la ocupación al estimar insuficientes las fuerzas alemanas disponibles. En la visita de Ion Antonescu a Hitler de finales de febrero, se le comunicó el plan de ocupación de Hungría. No obstante, como el mandatario rumano se negó a renunciar a las ambiciones territoriales rumanas sobre el país vecino, Hitler decidió finalmente prescindir de la cooperación de Bucarest. La visita, sin embargo, convenció a Hitler de lo innecesario de preparar también la ocupación de Rumanía y los alemanes se concentraron en disponer la de Hungría. El mismo día que finalizaba la visita de Antonescu, el 28 de febrero, Hitler ordenó el trazado del plan definitivo contra Hungría. Una vez cortada la línea Leópolis-Odesa por los soviéticos, las comunicaciones férreas a través de Hungría eran las únicas disponibles para los alemanes además de la que cruzaba Chernivtsi, lo que aumentaba la importancia del país y la necesidad de asegurar su control. De especial interés para Berlín era la parte occidental del país, de donde se extraía el petróleo húngaro. Edmund Veesenmayer, enviado del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán a Hungría para estudiar la situación del país a finales de 1943 y posterior representante plenipotenciario del Reich tras la invasión. Sus propuestas para lograr una mayor cooperación húngara con Berlín sin causar un enfrentamiento con el Gobierno magiar fueron la base de la exitosa invasión de marzo de 1944.|thumb|right Desde el otoño de 1943, los alemanes observaban con intranquilidad la situación política húngara. En noviembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán envió a un representante, Edmund Veesenmayer, para estudiar las posibilidades de un golpe de mano en caso de que Alemania lo considerase necesario. En su evaluación de la situación a Berlín —muy hostil a los húngaros—, Veesenmayer indicó que la ocupación debía realizarse más adelante, cuando el Ejército soviético se hallase más cerca de las fronteras húngaras, y que debía mantenerse cierta apariencia de autonomía del nuevo Gobierno proalemán que debía imponerse mediante la persuasión y las amenazas al regente Miklós Horthy. Los cambios deseados requerirían, en cualquier caso, la participación del Ejército alemán. Veesenmayer se inclinaba, sin embargo, por una solución política más que puramente militar al problema de lograr mayor cooperación de Budapest.

Mientras, los húngaros continuaban las negociaciones con los anglo-estadounidenses en Estambul. La rendición italiana no afectó su curso y Budapest, a pesar de sopesar el abandono inmediato del Eje, no modificó en la práctica su actitud hacia Alemania o los Aliados. No obstante, la ambigua recepción a la creación de la República de Saló —los húngaros aceptaron dos embajadas italianas, la romana y la de la república de Mussolini—, disgustó a Berlín.

La reiteración de Horthy en su carta del 12 de febrero de 1944 de la petición a los alemanes para que las unidades magiares que combatían en el frente oriental regresasen a Hungría aceleró los preparativos alemanes de ocupación, a pesar de la promesa del regente de que estas fuerzas continuarían combatiendo a los soviéticos en los Cárpatos y de la decisión del 10 del mes de anunciar la movilización general en cuanto los soviéticos alcanzasen Leópolis. Los intentos de Budapest de disipar las suspicacias de los alemanes, compartidas tanto por el Ministerio de Asuntos Exteriores como por el Estado Mayor, fracasaron y no detuvieron los preparativos de ocupación. Los alemanes conocían además las negociaciones secretas entre Budapest y los Aliados, aunque no su estado. Convencidos de que no podían esperar mayor cooperación militar de los húngaros, estimaban además que el Gobierno magiar les estaba creando problemas con los suministros.

Mientras, los soviéticos continuaban su rápido avance hacia el oeste. Si a mediados de febrero habían obtenido una importante victoria en Korsun y en la desembocadura del Dniéper, poco después habían logrado cruzar el Dniéster y, en algunos puntos, el Prut, a pesar de la encarnizada oposición alemana en Vínnitsa. La reacción húngara fue muy moderada: apenas dos de las doce divisiones con las que contaba el país se enviaron al frente, mientras la mayoría ni siquiera contaba con su dotación completa, sino que se mantenía con la habitual de tiempos de paz.

Preparativos alemanes Aviones alemanes sobrevolando Budapest en enero de 1944, dos meses antes de la ocupación del país. El plan original alemán incluía un enorme lanzamiento de propaganda sobre la capital que se canceló ante la disposición de Horthy a aceptar la ocupación.|thumb|right Las primeras unidades que debían participar en la operación comenzaron a concentrarse en Viena al día siguiente, 29 de febrero. Otras formaciones, que debían aparentar dirigirse al país simplemente para cruzarlo hacia el este, empezaron a prepararse en Europa occidental y en los Balcanes. El 3 de marzo, Hitler desechó la fecha original para la acción —finales de marzo— y asignó otras dos divisiones para poder llevarla a cabo antes. El plan definitivo, que fijaba la ocupación para el día 12 con la participación únicamente de algunas de las unidades inicialmente asignadas a la campaña, se aprobó al día siguiente y entre el 5 y el 6 se dieron las órdenes necesarias a las unidades, que recibieron instrucciones para reunirse en Viena, supuestamente para participar en unas maniobras. Los avances soviéticos en Tarnopol, sin embargo, volvieron a desbaratar los planes alemanes: las unidades previstas para la invasión tuvieron que despacharse al frente oriental y reemplazarse por otras venidas de Europa occidental. El 7, el general Foertsch, al mando de la operación, indicó al Estado Mayor que solo el 18 se podría comenzar la ocupación, que finalmente se planificó para el 19 de marzo, domingo. Se instaló en su centro de operaciones en Viena al día siguiente.

La orden final a las unidades que debían participar en la operación cambió sustancialmente los planes anteriores. Las nuevas instrucciones indicaban que el asalto principal provendría del noreste, desde donde tres divisiones, con elementos motorizados y blindados y apoyo de algunas unidades menores eslovacas, debían avanzar hacia Budapest. A esta columna principal debían unirse otras dos, una proveniente de Croacia con dos divisiones y otra del Banato serbio con otras tantas. La aprobación final de la operación, que aún dejaba algunos aspectos como la fecha definitiva de la operación o la ocupación más allá del Tisza sin definir, la realizó Hitler el 12 de marzo. A las unidades puramente militares se debían sumar alrededor de medio millar de miembros de la Gestapo y el Sicherheitsdienst y un sonderkommando de unos doscientos o trescientos hombres para encargarse de los arrestos por motivos políticos y de la población judía. Finalmente, no se utilizarían fuerzas de los países aliados, a pesar de las posteriores amenazas de Hitler a Horthy a este respecto. Las unidades húngaras debían ser desarmadas y enviadas a sus cuarteles; toda resistencia debía ser aplastada. Como complemento a la marcha sobre la capital húngara, los mandos alemanes sopesaron la posibilidad de tomar puntos estratégicos gracias a fuerzas que debían penetrar en el país fingiendo dirigirse al frente, respaldadas por paracaidistas. Budapest denegó el permiso que solicitaron los alemanes para trasladar a estas tropas a través de la capital.

Pasividad magiar