La Universidad de La Habana (UH) es una universidad pública cubana con sede en la ciudad de La Habana. Fundada el 5 de enero de 1728, es la institución de educación superior más antigua de Cuba. Su campus principal se encuentra en la Loma de Aróstegui, en el barrio de El Vedado, y constituye uno de los principales conjuntos universitarios históricos del país.

La universidad desarrolla actividades de enseñanza, investigación científica y formación de posgrado en diversas ramas de las ciencias naturales, las ciencias exactas, las ciencias sociales, las ciencias económicas y las humanidades. Su estructura académica comprende facultades, institutos y centros de investigación.

El conjunto arquitectónico de la denominada Colina Universitaria, caracterizado por su composición monumental y sus edificios de inspiración neoclásica y ecléctica, fue declarado monumento nacional de Cuba en 1978. Entre sus principales espacios se encuentran el Aula Magna, la escalinata y el edificio del Rectorado. Historia Etapa colonial Fundación y primeros años

La Universidad de La Habana fue fundada el 5 de enero de 1728 bajo el patrocinio del convento de Santo Domingo, también conocido como San Juan de Letrán. Su creación estuvo precedida por una prolongada disputa entre los dominicos y los jesuitas por el derecho a conferir grados académicos en La Habana. La autorización pontificia había sido obtenida de Inocencio XIII en 1721, aunque su llegada a Cuba y la puesta en funcionamiento de la institución se demoraron varios años. El obispo de Cuba, Gerónimo Valdés, partidario de los jesuitas, no asistió al acto fundacional.

Durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, la universidad estuvo estrechamente vinculada al modelo universitario del Antiguo Régimen español. La enseñanza permaneció dominada por la escolástica y la tradición aristotélico-tomista, mientras que la institución se orientaba principalmente a la formación de miembros del clero, funcionarios de la Corona y profesionales, especialmente médicos. Sus estatutos establecían además restricciones de carácter religioso y racial para el acceso a la matrícula y a los grados académicos.

La universidad se desarrolló en un contexto en el que la sociedad habanera experimentaba una expansión económica y cultural que no encontraba un equivalente en la estructura de la enseñanza superior. El Real y Pontificio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y las Sociedades Económicas de Amigos del País desempeñaron un papel importante en la introducción y difusión de nuevos conocimientos. En particular, el Seminario de San Carlos incorporó planteamientos asociados con Descartes e Newton y concedió mayor importancia a las matemáticas y la física.

La creciente diferencia entre la renovación intelectual que se producía fuera de la universidad y el carácter tradicional de sus estudios dio lugar a críticas entre intelectuales y sectores de las élites económicas cubanas. Desde finales del siglo XVIII se formularon propuestas para ampliar la libertad de enseñanza, modificar los planes de estudio e introducir disciplinas científicas y métodos de orientación empírica. Estas demandas no siguieron una trayectoria política uniforme, pero contribuyeron al desarrollo de una cultura intelectual diferenciada de la metrópoli.

Durante las primeras décadas del siglo XIX se produjeron algunos intentos de reforma. El constitucionalismo español tuvo una influencia limitada sobre la universidad, mientras que el proyecto de reforma asociado al Plan Calomarde de 1824 produjo modificaciones parciales. La presión por transformar la enseñanza superior aumentó durante las décadas de 1830 y 1840. Entre las propuestas de los reformistas se encontraban la sustitución de la enseñanza aristotélica por corrientes empiristas, una mayor atención a las ciencias y una aproximación de la universidad a los modelos educativos europeos.

Secularización y reorganización de 1842

Un cambio fundamental se produjo en 1842, cuando la Universidad de San Gerónimo dejó de estar bajo el régimen universitario del Antiguo Régimen y pasó a integrarse en el sistema educativo secular establecido por el Estado español. La reforma formó parte de un proceso de centralización y uniformización de la enseñanza superior inspirado en el liberalismo español. La universidad adoptó planes de estudio más próximos a los de las universidades de la península y la designación del profesorado pasó a depender de procedimientos administrativos controlados desde España.

La reforma también modificó la relación entre la universidad y la sociedad habanera. Las élites locales perdieron parte de la presencia institucional que habían mantenido a través del clero y de otros miembros del cuerpo universitario, mientras aumentaba la intervención de la administración metropolitana. Aunque la reforma introdujo elementos de modernización académica, en el contexto colonial también reforzó los mecanismos de control político y administrativo de la metrópoli.El antiguo convento de San Juan de Letrán dejó de pertenecer a los dominicos en este proceso. En octubre de 1842 la orden abandonó el edificio, que quedó bajo control estatal y continuó siendo la sede de la enseñanza universitaria hasta el traslado de la institución a comienzos del siglo XX.

Durante las décadas siguientes se produjeron nuevas reformas. En 1863 se implantó un nuevo plan de estudios basado en las modificaciones introducidas en España por la Ley Moyano de 1857, adaptadas al contexto cubano. Los estudios preparatorios fueron separados de la universidad y trasladados a los institutos de enseñanza correspondientes. La homologación del régimen docente con el de las universidades peninsulares se completó progresivamente durante las décadas de 1860 y 1870.

Universidad y conflicto político

La introducción de la política en la vida universitaria fue gradual. Según Hernández Sandoica, una de las primeras manifestaciones documentadas tuvo lugar en 1851, cuando dos estudiantes colocaron en la puerta de la biblioteca universitaria un dibujo relacionado con Narciso López. El episodio llevó al capitán general José Gutiérrez de la Concha a proponer el cierre de la universidad y su sustitución por colegios especializados, aunque la propuesta no prosperó.La politización de la universidad se hizo más visible durante la segunda mitad del siglo XIX, en paralelo con el incremento de las tensiones entre sectores de la sociedad cubana y la administración colonial española. En este contexto adquirió especial importancia el fusilamiento de estudiantes de Medicina ocurrido en 1871, episodio que tuvo una fuerte significación política y simbólica en la memoria histórica cubana. La represión posterior afectó a la vida universitaria y estuvo acompañada por una mayor intervención de las autoridades coloniales.

En el otoño de 1871 la Universidad de La Habana perdió temporalmente la facultad de conferir grados de doctor. El decreto que estableció esta medida vinculó explícitamente la reorganización de la enseñanza con el objetivo de reforzar la dominación española en Cuba. La medida coincidió con la Guerra de los Diez Años y con una política de mayor control sobre las instituciones educativas. El doctorado fue restablecido en septiembre de 1878, inicialmente para las facultades de Medicina, Derecho y Farmacia. En 1880 se implantó un nuevo plan de estudios destinado a corregir algunas de las anomalías derivadas de las medidas adoptadas en 1871. Estas reformas permitieron cierta recuperación de la actividad académica, aunque no modificaron de manera sustancial la estructura administrativa de la universidad ni su dependencia del sistema educativo español.

Durante las últimas décadas del dominio español se produjo una progresiva incorporación de profesores vinculados a posiciones reformistas y autonomistas. Al mismo tiempo, continuó la homologación administrativa de la universidad con las instituciones peninsulares. En 1892 el gobierno español volvió a suprimir el doctorado, para restablecerlo al año siguiente después de las protestas provocadas por la medida. Entre 1893 y 1895 se aprobaron nuevas disposiciones destinadas a regular el escalafón, los ascensos y los concursos del profesorado.

Al comenzar la guerra de independencia en 1895, la Universidad de La Habana conservaba todavía una estructura académica estrechamente vinculada al modelo universitario español. Hernández Sandoica señala que, pese a las reformas científicas y docentes introducidas durante el siglo XIX y a la presencia de corrientes reformistas y autonomistas entre profesores y estudiantes, no puede considerarse que durante el período colonial se hubiera producido ya la formación de una universidad plenamente cubana. La independencia de Cuba en 1898 puso fin al marco colonial en el que se había desarrollado esta etapa de la institución.

Periodo republicano (1902-1959)

Con el establecimiento de la República de Cuba en 1902, la Universidad de La Habana inició una nueva etapa institucional. Las reformas educativas impulsadas durante la segunda ocupación estadounidense, particularmente el denominado Plan Varona elaborado bajo la dirección de Enrique José Varona, promovieron una enseñanza de carácter laico, científico y orientada a las necesidades del desarrollo del país. En este contexto, entre el 1 y el 7 de mayo de 1902 se efectuó el traslado de la institución desde el antiguo convento de San Juan de Letrán, en La Habana Vieja, hacia los terrenos de la antigua Pirotecnia Militar, en la Loma de Aróstegui del El Vedado, donde se desarrollaría el campus universitario que conserva hasta la actualidad.

Durante las primeras décadas republicanas, la universidad experimentó un proceso de renovación académica y científica, aunque persistieron estructuras docentes consideradas anacrónicas por sectores del profesorado y del estudiantado. A comienzos de la década de 1920 cobró fuerza un movimiento de reforma universitaria influido por la Reforma de Córdoba. El 20 de diciembre de 1922 se constituyó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que reclamó una mayor participación de los estudiantes en el gobierno de la institución, la depuración del claustro y la autonomía universitaria.

En octubre de 1923 se celebró en el Aula Magna el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que convirtió las demandas de reforma en un programa más amplio de transformación universitaria y de vinculación de la institución con la sociedad. Entre sus principales dirigentes destacó Julio Antonio Mella, quien defendió la participación estudiantil en el gobierno universitario y una concepción social de la educación superior. En ese mismo proceso se creó la Universidad Popular José Martí, inaugurada en noviembre de 1923 con el propósito de ampliar el acceso de los trabajadores a la educación y estrechar los vínculos entre estudiantes, intelectuales y organizaciones obreras. La institución fue clausurada definitivamente por el gobierno de Gerardo Machado en 1927. El enfrentamiento entre el movimiento estudiantil y el gobierno de Machado se intensificó a finales de la década de 1920. La Universidad fue cerrada por las autoridades en diciembre de 1930, en el contexto de la creciente represión contra la oposición al régimen, y permaneció clausurada hasta 1933.