miniatura| 300px|Final del Evangelio de Lucas en el Códice alejandrino, del , el tercero más antiguo conocido (siendo los anteriores el Códice sinaítico y el Códice vaticano).

El Evangelio de Lucas, abreviado Lc, es el tercero y más extenso de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento bíblico.

Relata la vida de Jesús de Nazaret, centrándose especialmente en su nacimiento, ministerio público, muerte, resurrección y termina con el relato de su ascensión. El propósito de Lucas, al escribir una historia de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, era que las personas fuera de la fe y cultura judía pudieran entender el mensaje de salvación.

En griego su título se escribe Κατά Λουκᾶν εὐαγγέλιον [katá loukán euanguélion].

Finalidad

Su evangelio tiene una finalidad pastoral: su intención es la profundización de la fe, mostrando a Cristo como el salvador de los hombres, resaltando su espíritu de misericordia.

Género

Aunque el evangelio se considera en sí un género literario, la opus lucanum (‘obra de Lucas’) puede también enmarcarse, por lo que él mismo dice, dentro de la historiografía helenística.W. C. Van Unnik (1973): «Once more, St. Luke’s prologue. Essays on the Gospel of Luke and Acts», artículo en inglés publicado en la revista Neotestamentica (Pretoria), 7, págs. 7-26; 1973. Lo que lleva a pensar así es la presentación que el autor hace en el prólogo: Ha investigado (παρακολουθέω). Los hechos (πράγματα). Pretende hacer una narración (διήγησις); no habla, como Marcos, (εὒαγγέλιον). La crítica de la redacción nota que, cuando corrige a Marcos, frecuentemente no es solo por mejorar el griego, sino para acercar más el texto al género histórico. En algunos momentos pone una datación sincrónica, como al inicio del Evangelio (Lc 1, 5), al inicio del capítulo 2 y al inicio del capítulo 3. Esto es una convención historiográfica que Lucas respeta. Usa discursos en boca de personalidades importantes para explicar el contenido de algunos hechos (otro recurso que se usaba en la historiografía grecorromana).

Autoría

Tradición

Ante todo, la tradición ha sostenido unánimemente que este Evangelio es solo la primera parte de una obra de dos volúmenes, el segundo de los cuales serían los Hechos de los Apóstoles. Este dato es aceptado casi unánimemente por los estudiosos, ya que ambas obras están dedicadas a un mismo personaje, un tal "Teófilo". El autor del libro de los Hechos, además, hace en su prólogo referencia a una obra precedente. Se ha subrayado además la homogeneidad de estilo y de pensamiento de estos dos libros.Luis Fernando García-Viana (2002): «Evangelio según San Lucas» (págs. 185-262) en el libro Comentario al Nuevo Testamento (de varios autores). Estella: Casa de la Biblia, 2002. ISBN 978-84-8169-183-2.

Aunque el evangelio se considera anónimo porque no está firmado, tradicionalmente se ha atribuido a Lucas, el «médico querido» al que alude Pablo de Tarso («san Pablo») en su Epístola a los colosenses.

Adolf von Harnack buscó confirmar que se trataba del mismo Lucas analizando el vocabulario del escrito y mostrando que, de los otros evangelios, este era el que tenía más términos médicos.

Según la tradición, aunque Lucas nunca conoció a Jesús, tras su conversión al cristianismo, fue discípulo de Pablo de Tarso, a lo cual se atribuye que en algunos momentos de los Hechos de los apóstoles, también de su pluma, hable en primera persona plural durante algunos de los viajes de este. Además, algunos postulan contactos con Pedro y Marcos, así como con María (madre de Jesús). El contacto con María le habría permitido narrar en su evangelio numerosos hechos de la infancia de Jesús.

Puestas en duda

No fue hasta el que comenzaron a plantearse las dudas sobre el dato de la tradición. La atribución a Lucas presenta problemas, sobre todo por la diferente visión de Pablo y de sus iglesias que presenta este evangelio con respecto a las epístolas paulinas.

De lo que el propio autor afirma en su prólogo puede deducirse que no conoció personalmente a Jesús, pues, según su propio testimonio, fue escrito tras haber «investigado diligentemente todo desde sus orígenes» consultando con «testigos oculares y servidores de la palabra». Tampoco es probable que sea habitante de Israel, ya que sus conocimientos sobre la geografía de esta región y sobre las costumbres judías son muy generales y a veces equivocados.

El erudito bíblico cuáquero Henry Cadbury (1883-1974) estudió la afirmación del Canon de Muratori sobre la autoría de esta obra.Cadbury, Henry Joel: «The tradition», capítulo en su libro Beginnings of christianity, vol. 2.

Para entender cómo se puede haber llegado a allí, buscó entender el contexto del Así pues descubre que en ese tiempo, cuando se está formando el canon, se dan dos fenómenos particulares: por un lado se tiende a atribuir los textos sagrados a personajes con autoridad (como a Pedro, a Pablo, a Bernabé...), y por otro lado la tradición se incrementa a partir de los datos existentes en los textos (por ejemplo, si Pablo habla de «Lucas el médico», si encontramos un personaje que se llama Lucas diremos que es médico).

Cadbury llega a la conclusión de que el Canon de Muratori no tiene valor histórico, pues lo que dice de que «no vio personalmente en carne a Cristo», es porque lo tomó del prólogo del Evangelio; cuando dice que anduvo con Pablo es porque se lo atribuye de la sección «nosotros» de Hechos de los Apóstoles, y el dato que fue médico lo sacaría de algunas cartas de Pablo. La teoría de Cadbury es sugestiva, pero un punto débil de la teoría es, sin duda, lo que afirma J. M. Creed: «Lucas no es una personalidad prominente en la época apostólica... Si el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles no hubiesen primero pasado bajo su nombre, no hay razón obvia por la cual la tradición debería haberlos atribuido a él».Creed, John Martin : The gospel according to St. Luke (págs. xiii-xiv). Londres: Macmillan, 1965.

Por otro lado el mismo Cadbury admite que su propuesta de cómo se llegó a afirmar que el compañero de Pablo en la sección "nosotros" de Hechos era el Lucas de Colosenses es solo una conjetura.Creed, John Martin : The gospel according to St. Luke (pág. 261). Londres: Macmillan, 1965.

Actualidad

Hoy en día, aunque con muchas excepciones, más estudiosos suelen admitir que hubiese una tradición primitiva básicamente histórica que afirmase que Lucas, un sirio de Antioquía, influenciado por Pablo, fuese el autor; también formaría parte de esta tradición que escribió su obra en Acaya y que murió en Beocia o en Tebas (Grecia). Esta tradición básica se habría desarrollado posteriormente basándose en lo que el propio autor afirma en su prólogo o Pablo en sus cartas: que no conoció personalmente a Jesús, pues, según su propio testimonio, fue escrito tras haber «investigado diligentemente todo desde sus orígenes» consultando con «testigos oculares y servidores de la palabra». Que viajó un tiempo con Pablo (pues en los Hechos hay una sección cuando habla de "nosotros"), que fue médico (como dice Pablo en la carta a los Colosenses de un tal Lucas), etc. El hecho de que sus conocimientos sobre la geografía de Judea y sobre las costumbres judías sea muy genérico y a veces equivocado, refuerza la opinión de que no procedía de esa región.

Datación

Argumentos para una datación tardía

La mayoría de los autores sitúan la composición de este evangelio en la década de los 80d.C., debido a que suponen que Lc 21, donde se describe la destrucción del Templo de Jerusalén, acontecida el año 70, es una narración post eventum; es decir, que Lucas estaría poniendo en boca de Jesús una profecía que ya se había cumplido. Así, refiriéndose al templo Jesús dice: «llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» y, respondiendo a la pregunta de cuándo sucedería responde: «Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato» y «Se levantará nación contra nación y reino contra reino».

Una minoría de eruditos sostiene que este evangelio fue escrito a finales del primer siglo o a principios del segundo, argumentando que su autor tomó elementos de la obra de Flavio Josefo Antigüedades de los judíos, por lo que no puede ser anterior a dicha obra, terminada hacia el año 93 o 94. La mayoría de eruditos rechaza esta idea. 'La relación entre Lucas y Josefo ha producido una abundante literatura, que ha intentado mostrar la dependencia literaria de uno respecto del otro. No creo que pueda demostrarse tal dependencia', Marguerat, 'The First Christian Historian: writing the «Acts of the Apostles»', p. 79 (2002). Cambridge University Press.

Las dataciones más tardías tienen que explicar varios datos que parecen sugerir una datación anterior: La presencia de este evangelio en el papiro P75 (hacia el año 200) y la mención del evangelio de Lucas que hacen Ireneo de Lyon y el fragmento muratoriano hacia el año 180 es extraña si fuera de finales del ; es poco tiempo para haberse difundido tanto. La conclusión abrupta de los Hechos de los Apóstoles, segunda parte de la obra, donde, contrariamente a lo que se esperaría, no se narra la muerte de Pablo, parecería indicar que Pablo no habría muerto aun cuando se compuso. Pablo murió bajo Nerón hacia el año 64. Sin embargo quienes sostienen la datación tardía explican que Lucas este final abrupto es solo aparente, pues Lucas querría demostrar que el Evangelio llegó hasta los confines de la tierra, y esto lo logra cuando Pablo llega a Roma. De modo que, aunque Pablo hubiese muerto, Lucas habría escrito este final. La sección "nosotros" de los hechos: Si Lucas viajó con Pablo, en los años 50, no pudo sobrevivir demasiado tiempo al apóstol. Parece que Lucas no conoce las cartas de Pablo, ya extendidas a finales del (como atestigua la segunda epístola de Pedro), pues si fuese así no daría datos que contrastan con estas.

Argumentos para una datación temprana

Quienes ponen la composición de este evangelio mucho antes (Vf. Robert Lisle Lindsey; David Flusser; J. B. Orchand; B. Reicke; J. A. T. Robinson) se basan en los siguientes argumentos:

miniatura|250px|Ilustración bizantina del : Lucas escribiendo su evangelio.

1. Algunos autores (C. C. Torrey; C. H. Dodd) exponen que Lucas 21 no da ningún detalle histórico de la destrucción de Jerusalén, sino que toma todas las imágenes del Antiguo Testamento (Jeremías 21; Zacarías 12; 14; Esdras 9; Salmo 79; Ezequiel 40–48; etc.).

Así, en algunos de estos pasajes citados, también se dice: «Judá será sitiada, lo mismo que Jerusalén, y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella» (Libro de Zacarías, 12). «Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas serán saqueadas y violadas las mujeres» (Libro de Zacarías, 14).

También Ezequiel, en el contexto de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor II, describe Jerusalén sitiada (cap. 24) y su toma (cap. 33), aportando descripciones que pudieron haber sido tomadas por Lucas.

En esta misma línea argumental, se dice que de tratarse de una profecía post eventum podría haberse enriquecido la descripción aludiendo, por ejemplo, al fuego, pues el Templo fue incendiado.

2. La destrucción de Jerusalén y de su templo es profetizada en Daniel 9:26: «...se quitará la vida a un ungido y no le quedará nada y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario».

3. Otros personajes, como Jesús, el hijo de Ananías, también predijeron la destrucción del templo, según Flavio Josefo en su Guerra de los judíos VI, 300-309.