Gustavo Adolfo Jiménez Saldías (Cerro de Pasco, 5 de abril de 1886 - Paiján, 14 de marzo de 1933) apodado El Zorro, fue un militar y político peruano que ocupó brevemente la Presidencia del Perú encabezando una Junta Transitoria de Gobierno, en marzo de 1931. Luego se sublevó contra el gobierno constitucional de Luis Miguel Sánchez Cerro y se proclamó en Cajamarca jefe supremo del Perú (11 de marzo de 1933) pero fue derrotado en la pampa de Paiján. Para evitar ser capturado, optó por suicidarse, disparándose la cabeza con su revólver.
Biografía
Carrera militar
Tras culminar su educación secundaria en 1902, ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos, de donde egresó como alférez de caballería en 1908. Ya con el grado de teniente coronel y ejerciendo como segundo jefe de un batallón que guarnecía el cuartel de Santa Catalina, se retiró del servicio al ocurrir el golpe de Estado que llevó a Augusto B. Leguía al poder en 1919.
Conspirador contra Leguía
Participó en diversas conspiraciones contra el régimen leguiísta, hasta que fue apresado y confinado en la isla Taquile, en el lago Titicaca, permaneciendo allí diez meses. Luego pasó desterrado a Bolivia, pero volvió clandestinamente al Perú en 1924 y, sorprendido en Cuzco, fue apresado y enviado a la isla San Lorenzo, frente al Callao. Puesto en libertad el 27 de noviembre de 1927, permaneció en Lima y se vio obligado a realizar trabajos humildes para sobrevivir.
Ministro de la Junta Militar de 1930 miniatura|250px|izquierda|La Junta Militar presidida por Sánchez Cerro, 27 de agosto de 1930. Gustavo Jiménez es el que está vestido de civil, al lado de Sánchez Cerro. Al producirse en Arequipa el rebelión militar del comandante Luis Miguel Sánchez Cerro (22 de agosto de 1930), Jiménez viajó a esa ciudad para presentar su adhesión al caudillo. De vuelta en Lima formó parte de la Junta Militar de Gobierno encabezada por el mismo Sánchez Cerro, en la que asumió la cartera de Gobierno. Se dice que Jiménez estaba entonces tan empobrecido, al punto que no contaba con un uniforme militar de reglamento para juramentar su cargo en la ceremonia protocolar.
Cuando estallaron las protestas de trabajadores de la zona minera de Cerro de Pasco, Jiménez, en su calidad de ministro de Gobierno, convocó en Lima a los representantes de los obreros para que presentaran sus reclamos y organizó reuniones con los abogados de la empresa minera. Estas reuniones culminaron con un acuerdo provisional y la aprobación de algunas mejoras a la situación de los obreros (29 de setiembre de 1930).
Pero el descontento no acabó. Los obreros, dirigidos por los comunistas, organizaron en Cerro de Pasco un congreso y hubo enfrentamientos con las fuerzas del orden. Un choque sangriento sucedió en Mal Paso, cerca de La Oroya, en la que resultaron varios muertos y heridos (noviembre de 1930). Estos sucesos motivaron a que la Segunda Internacional Socialista comentara que en el Perú empezaba la revolución proletaria.
En Lima también ocurrió una violenta manifestación de estudiantes y obreros contra una convocatoria de la Sociedad Nacional Agraria para formar un partido o agrupación no política, al ser vista esta como una maniobra fascista-civilista (24 de noviembre de 1930). Ese mismo día se reorganizó la Junta Militar, siendo separado de ella Jiménez, a quien algunos acusaban de ser proclive a la izquierda política. Fue reemplazado por el comandante Antonio Beingolea Balarezo.
Luego apoyó al gobierno en la debelación del motín militar-policial que estalló en la Fortaleza del Real Felipe, en el Callao (20 de febrero de 1931). Poco después, fue nombrado jefe de las fuerzas destinadas a sofocar un nuevo movimiento revolucionario iniciado en Arequipa, donde se instaló una Junta. Se dice que obtuvo ese mando tras insistentes súplicas que hizo a Sánchez Cerro. El 28 de febrero partió hacia el sur con nutrida tropa embarcada en los buques de la armada Rímac y Apurímac, pero esa misma noche, oficiales de la Marina de Guerra, al mando de buques y aviones, detuvieron a la expedición, bajo amenaza de dispararles. Dichos oficiales pidieron evitar la guerra civil y que se nombrara una nueva Junta de Gobierno bajo la presidencia del presidente de la Corte Suprema. Sánchez Cerro, viendo que tenía mucha oposición en su contra, optó por renunciar ante una asamblea de notables (1 de marzo de 1931).
Presidente de la Junta Transitoria
Enterado de la renuncia de Sánchez Cerro, Jiménez desembarcó en el Callao con sus tropas. Cuando ingresó a Lima encontró instalada una Junta Transitoria presidida por el presidente de la Corte Suprema Ricardo Leoncio Elías. Se dice que algunos políticos prominentes lo tentaron a que tomara el poder. Efectivamente, Jiménez se dirigió a Palacio de Gobierno y obligó a Elías a renunciar a su favor; acto seguido conformó otra Junta Transitoria, presidida por él mismo e integrada por el coronel Roberto López y el capitán de fragata Federico Díaz Dulanto (5 de marzo de 1931).
Los revolucionarios de Arequipa no acataron a la Junta de Jiménez y obligaron a este a transigir. Luego de dos días de conversaciones se acordó instalar en la capital una nueva Junta Nacional de Gobierno, constituida con elementos representativos de las diversas regiones del país, con la presidencia del apurimeño David Samanez Ocampo y con Jiménez como ministro de Guerra (11 de marzo de 1931).
Ministro de la Junta Transitoria de Samanez miniatura|250px|Frontis del fuerte o cuartel de Santa Catalina. Foto tomada en los años 1920. En su calidad de ministro de Guerra de la Junta de Samanez, Jiménez afrontó personalmente un motín en el cuartel de Santa Catalina de un grupo de soldados descontentos, encabezados por el sargento 2.º Víctor Huapaya. Los amotinados apresaron a los oficiales de la guardia y salieron a las calles con tanques y ametralladoras, sin ningún plan preconcebido. Al ser rechazados por las fuerzas del orden, se vieron obligados a regresar a su cuartel, donde se atrincheraron. El mismo Jiménez se apersonó al cuartel para obligarlos a rendirse. Los rebeldes pusieron una serie de condiciones, las cuales fueron rechazadas por Jiménez, que ordenó que se atacara al cuartel, con una ofensiva aérea de apoyo. El motín fue finalmente sofocado, dejando como saldo unas 40 bajas, entre muertos y heridos.
La misión de la Junta de Samanez era convocar a elecciones para Presidente de la República y para un Congreso Constituyente; en tal sentido Jiménez favoreció la adopción del voto secreto y obligatorio, y otorgó iguales garantías a los partidos que disputaron las elecciones generales. En estas triunfó el líder de la Unión Revolucionaria Luis Sánchez Cerro sobre Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder de los apristas, quienes tacharon de fraudulento al proceso electoral.
Opositor de Sánchez Cerro. Muerte
Cuando Sánchez Cerro asumió la presidencia de la República en diciembre de 1931, Jiménez pasó a la oposición, por lo que fue deportado a Arica, donde entró en tratos con dirigentes apristas. Tiempo después, el gobierno denunció la existencia de un Pacto de Arica, entre Jiménez y el Apra, cuyo fin era derrocar a Sánchez Cerro y disolver el Congreso Constituyente.
Continuaba Jiménez en Arica cuando estalló la revolución aprista de Trujillo, en julio de 1932; al respecto, se dice que los apristas se adelantaron a su retorno y desencadenaron esa rebelión que fue sangrientamente reprimido por el gobierno.
Meses después, después de haber estado escondido en Lima y Trujillo, Jiménez reapareció en Cajamarca, donde emitió un pronunciamiento contra el gobierno y se proclamó Jefe Supremo Político y Militar de la República y delegado de las organizaciones revolucionarias (11 de marzo de 1933). Lanzó además un manifiesto a la Nación. Anunció que su gobierno sería solo temporal hasta la realización de nuevas elecciones. Pero al quedar aislado en Cajamarca, optó por marchar hacia la costa, rumbo a Trujillo, para extender el fervor revolucionario. Se cree que esperaba un gran levantamiento aprista en el norte, lo que no ocurrió.
Por entonces, el Perú se hallaba en pleno conflicto internacional con Colombia, por lo que los rebeldes fueron considerados traidores de la patria. Falto de apoyo y con notoria inferioridad de fuerzas, Jiménez se enfrentó a las tropas gobiernistas en la localidad liberteña de Paiján, donde fue derrotado. Según la versión de sus captores (corroborado por el protocolo de autopsia), para evitar ser apresado optó por suicidarse, disparándose un tiro en la cabeza. De haber conservado la vida hubiera sido fusilado. Menos de un mes después sería asesinado el presidente Sánchez Cerro.
Personaje olvidado
En su Historia de la República del Perú, Jorge Basadre ha hecho una semblanza del caudillo Gustavo Jiménez, al que considera una de las tantas figuras olvidadas de la historia peruana. Destaca su pulcritud moral y su honradez:
Véase también Presidentes del Perú
Referencias
Bibliografía
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