thumb|Modelo con un vestido moderno que refleja para muchos la tendencia en la moda en un desfile de alta costura, París, 2011.|339x339px

La moda (del francés mode y del latín modus ‘modo, medida’) es un conjunto de prendas de vestir, adornos y complementos basados en gustos, usos y costumbres que se utilizan por una mayoría durante un periodo de tiempo determinado y que marcarán tendencia según la duración del mismo.

Lipovetsky define a la moda como una búsqueda frenética de la novedad, y una forma de venerar el presente en una sociedad abierta en una cultura en la cual los valores primordiales son el placer, la búsqueda permanente de pertenecer a un grupo y al mismo tiempo ser diferente, y único.

Historia

En el Renacimiento italiano se acostumbraba, por parte del género masculino, el uso de capa corta y sin capucha, birrete, sombrero con plumas y zapatos de punta roma y ancha. Las mujeres por otro lado, llevaban bullones y acuchillados en las mangas, y una gorguera rizada; además de faldas y sobrefaldas, jubones y corpiños, capas o mantos rozagantes y una cofia para la cabeza.

A partir de la segunda mitad del siglo, la creciente importancia de la monarquía española impone en Europa el estilo de la corte del emperador Carlos I de España, un estilo de gran sobriedad, caracterizado por el uso de colores oscuros y prendas ceñidas, sin arrugas ni pliegues y aspecto rígido, sobre todo en las mujeres, en las que se impone el uso del verdugado. En el borde superior de la camisa se colocaba un cordón que dará lugar a la gorguera o lechuguilla.

Durante esta época domina la moda francesa, tanto en hombres como mujeres. Se utilizaban los calzones cortos con medias de seda, chupa y casaca que, a mediados del siglo, se vuelve más reducida y pliegues laterales hacia atrás y mangas estrechas.

Con la caída de la dinastía francesa, vuelve el traje simple y se llevan calzones ajustados hasta media pierna, chaleco, corbata y casaca, faldones con cuello alto y vuelo, pelucas empolvadas y rematadas por un lazo, e incluso sombreros de tres o dos picos.

Tras la revolución, el cabello se deja largo y liso, visten sombreros de copa alta cónica o en tubo, con alas cortas y más tarde zapatos con tacón de color a los que se añaden lazos o hebillas y botas altas con vueltas. La mujer viste con bainners o verdugados anchos y aplastados en los dos frentes, corpiño encorsetado y escote con gasas o encajes, polonesas, batas con cuello de encaje y manga larga. El traje francés consiste en corpiño puntiagudo, mangas abolladas, faldas rectas y abiertas, que son drapeadas con polizón y larga cola, cuello doblado y mangas tirantes hasta el codo con chorreras. Junto con la revolución, desaparece el vuelo de la falda y se imitan las vestiduras clásicas: talle alto, chaquetilla corta con manga larga, falda con pliegues, grandes escotes, chales y guantes largos. En cuanto al peinado, este es hacia atrás con rizados que posteriormente se hacen más altos y voluminosos con tirabuzones, lazadas y plumas, bonetes y sombreros de alas anchas. El tipo de calzado normalmente son zapatos con tacón alto y punta estrecha, aunque más tarde comenzaron a llevarse los bajos.

En el destacan como prendas masculinas las casacas francesas y las chupas, esto es, casacas de inferior clase y algo estrechas, las chaquetillas, los calzones ajustados hasta la rodilla, las corbatas en vez de las golillas, las pelucas y los grandes sombreros. Mientras tanto, en las vestiduras femeninas continúa el mismo estilo que en el siglo pasado y se adopta el uso de las mantillas para la cabeza. Llevaban también vestidos largos, grandes sombreros y sobre todo en la alta sociedad, la mujer se caracterizaba por vestir con un corsé, que era una forma de demostrar su altura. Además, usaban anillos, y algunas veces guantes largos o collares, entre otros.

Durante este siglo fueron propios el frac, la levita y el pantalón para los caballeros, y la mantilla de seda y las peinetas para las señoras en España.

Una vez finalizada la época napoleónica, desde 1800 hasta 1820, en la que la silueta femenina se mostraba esbelta y con el talle siempre alto, ceñido justo bajo el pecho, dejando el resto de la prenda caer recta sobre el cuerpo; hubo un cambio drástico en el Romanticismo, dando paso al corsé, que daba al talle la forma de un reloj de arena y al miriñaque, que ahuecaba las faldas amplias y que llegó a su apogeo en 1860, causando que las damas no pudieran pasear del brazo de su esposo o prometido. En 1870, fue sustituido por el polisón, que únicamente ahuecaba la falda por detrás y que pasó de moda en 1890, cayendo entonces la prenda hasta el suelo sin armazón alguno, aunque hasta 1900 las faldas fueron un poco acampanadas.

Entre 1820 y 1914, hubo en el vestuario femenino occidental una clara distinción entre vestidos de día, siempre con manga larga, aunque podían ser hasta el codo en verano, y cerrados hasta el cuello; y vestidos de noche, siempre de manga corta y muy escotados.

Década de 1900

thumb|175px|Diseño de moda de 1909 La moda del comienza en el año 1900 con la llamada silueta S, conocida de esta manera debido al corsé que empujaba los pechos hacia arriba, estrechaba la cintura y las faldas ajustadas a la cadera, que ensanchaban en forma de campana al llegar al suelo. En el mundo laboral empiezan a incorporarse los trajes sastre y el corte con influencia masculina para las mujeres. Los vestidos seguían siendo largos, hasta cubrir los zapatos. Las plumas y los encajes hacían furor; destacaron los grandes sombreros, con infinidad de adornos y ornamentos. Esta moda fue seguida mayoritariamente por las clases altas y medias. En 1908, la silueta se hizo mucho más recta, sin marcar tanto la cintura, y se produjo una oleada de orientalismo gracias a los diseños de Paul Poiret y los ballets rusos.

Década de 1910

En esta década se distinguen dos periodos. El primero, desde 1905 hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, caracterizado por ser el apéndice de la moda recargada propia de la Belle Époque, así como por la aparición de una silueta que tiende hacia la verticalidad en la mujer y al orientalismo. Se ponen de moda los corsés rectos y largos y las faldas con poco vuelo acompañadas de una sobrefalda, además las faldas de día se acortan hasta los tobillos, dejando a la vista los zapatos. El segundo, a lo largo de todo el conflicto, se caracteriza por la aparición de modas mucho más cómodas para la mujer: las faldas continúan acortándose hasta casi media pantorrilla y los cuerpos siguen la línea natural del cuerpo, sin corsé. Esto se debió a la necesidad de que fueran las mujeres las que supliesen la falta de mano de obra en los puestos de trabajo que antes ocupaban los hombres. A causa de esta comodidad en la vestimenta, nacerá más tarde la moda andrógina propia de los años veinte.

Década de 1920

thumb|175px|Norma Talmadge, prototipo de flapper En la década de 1920, la ropa comenzó a tener un fin mucho más práctico. La silueta cambia de nuevo, descendiendo el talle hasta marcarlo en las caderas. Se populariza el traje de chaqueta como ropa de calle y para las fiestas se elegían vestidos con grandes escotes en la espalda así como abrigos largos de pieles. Destacan las faldas cortas hasta la rodilla y los sombreros sobrios y cerrados —cloché—, además, las mujeres se dejan el pelo corto por primera vez.

Durante esta década, las señoras cambiaron su aspecto blanco por la apariencia natural del polvo facial rosado, creado por la cosmetóloga polaca Helena Rubinstein. Los años 1920 fueron uno de los periodos más revolucionarios del en este sentido, pues las mujeres adoptaron la costumbre de maquillarse, guardando en el bolso polveras y pintalabios para los retoques. Hasta ese momento, las únicas que llevaban maquillaje eran las artistas y las prostitutas. Las mujeres jóvenes se destaparon y comenzaron a beber y fumar en público como una forma de provocar al rígido estatus que reinaba a principios del siglo.

Las chicas que estaban más a la moda se pintaban los labios de color rojo, lucían el cabello corto y los ojos pintados con sombras oscuras, y solían bailar jazz hasta el amanecer. Esta fue, probablemente, la década más atrevida y transgresora. Fue una época de cambio que afectó a todos los aspectos culturales y repercutió con fuerza en la moda.

Década de 1930

El optimismo terminó con el crac de la Bolsa en octubre de 1929, que provocó una grave crisis económica mundial durante los siguientes años. En 1930, la cintura vuelve a marcarse en su lugar natural y las faldas se alargan hasta por debajo de la rodilla. Volvió la feminidad, los adornos en prendas, los sombreritos y el cabello abandona el estilo garçon por peinados un poco más largos y con ondas. A partir de 1935 se suelen marcar los hombros, dando a la silueta un aspecto de triángulo invertido.

De 1940 a 1945

Durante la Segunda Guerra Mundial, la moda se definió como austera y simple: el look se militarizó y los tejidos se volvieron pobres debido a la carestía de materiales. Por consiguiente, las mujeres vestían con uniforme de ciudad, es decir, trajes de chaqueta. El largo de las faldas continuaba por debajo de las rodillas, pero la escasez de materiales era tan grande que se impusieron leyes que reglaban este largo. Dado su coste, no todas las mujeres podían comprarse medias. En 1940 se comercializaron con rotundo éxito las primeras medias de nailon, se usaban los zapatos topolino de corcho y gorritos muy sencillos o simplemente pañuelos en la cabeza.

Décadas de 1945 y 1950

Los primeros años de la posguerra devolvieron a la mujer al hogar, a las tareas de la casa y a volver a pensar en sí misma. Después de años de angustia, preocupaciones y mucho trabajo, la mujer pudo vivir en la tranquilidad de su hogar, darse pequeños gustos y ser coqueta. El mundo dejaba una etapa atrás y la moda también lo hizo. Desde entonces, la mujer volvió a preocuparse por su belleza, su estética y su vestimenta. Es por ello que la moda de los años 50 destaca por la vuelta del esplendor.

En 1947, tras el triunfo del New Look de Christian Dior, se popularizó la silueta de reloj de arena: una cintura estrecha con voluminosas curvas. Para exagerar esta silueta, se utilizaban sostenes con forma de cono y corsés ajustados. Se aumentó el vuelo de las faldas, cuyo largo continuaba por debajo de las rodillas. La mujer quería frivolidad y ansiaba ropa femenina que no pareciera una versión civil de los uniformes militares. Deseaba volver a ser sensual, pero sin ser muy provocativa; las curvas se convirtieron así en el nuevo símbolo de la belleza femenina. Debía ir siempre correctamente maquillada, y comenzó a valorarse mucho el uso de accesorios como zapatos de tacón de aguja, guantes, tocados, pamelas, bolsos al codo. Los tejidos más utilizados fueron distintos tipos de seda y tul. El principal objetivo era dar un mayor volumen a las caderas de la mujer y conseguir una cintura de avispa.

Los diseñadores más señalados de esta época fueron Christian Dior, Coco Chanel, Cristóbal Balenciaga, Justin Carrillo Herrera, Elsa Chiaparelli, Hubert de Givenchy, Jacques Fath, Nina Ricci y Pierre Cardin. miniaturadeimagen|Diseño del mexicano Ramón Valdiosera

Década de 1960

Esta década destaca por la revolución. Se utilizó de nuevo ropa cómoda y juvenil, siguiendo la línea natural del cuerpo y dejando atrás el lujo burgués. Se abandona el uso habitual de sombreros y guantes de vestir. A partir de 1966, se puso de moda la ropa extravagante, con estampado de mariposas, flores, pop-art o étnico. Las siluetas volvieron a ser más lisas y se comenzaron a imponer rápidamente entre las jóvenes por todo el mundo las revolucionarias minifaldas, cortas hasta el muslo, que nacieron en Londres en 1965 de la mano de la diseñadora Mary Quant.

Década de 1970