miniatura|Interior de una biblioteca. thumb|300px|Biblioteca Nacional de España - Madrid, España. Una biblioteca puede definirse, desde un punto de vista estrictamente etimológico, como el lugar donde se guardan libros. Sin embargo, en la actualidad esta concepción se ha visto superada para pasar a referirse tanto a las colecciones bibliográficas y audiovisualeshttp://www.definicionabc.com/general/biblioteca.php como a las instituciones que las crean y las ponen en servicio para satisfacer las necesidades de los usuarios. Desde el 24 de octubre de 1997 se celebra, ese día, como el Día Internacional de la Biblioteca.24 de octubre: Día de la biblioteca
Etimología
La palabra biblioteca proviene del latín bibliothēca, que a su vez deriva del griego βιβλιοθήκη (bibliothēke), la cual está compuesta por βιβλίον ('biblíon', 'libro') y θήκη ('théke', 'armario, caja'); es decir se refería al lugar donde se guardaban los libros. Inicialmente, estos libros eran rollos de papiro, ya que era el formato librario más común entonces. En el mundo grecolatino se denominaba codex.
Definiciones miniatura|Interior de la Biblioteca Nacional de Finlandia, que forma parte de la Universidad de Helsinki. Según la norma UNE 50113-1:1992 (anulada por UNE-ISO 5127:2010 en 2010-02-03 y vigente hasta 2018-07-05, actualmente ISO 5127:2017) sobre conceptos básicos de información y documentación, el término biblioteca puede definirse en dos sentidos:
Cualquier colección organizada de libros y publicaciones en serie impresos u otros tipos de documentos gráficos o audiovisuales disponibles para el préstamo o consulta. Organismo, o parte de él, cuya principal función consiste en construir bibliotecas, mantenerlas, actualizarlas y facilitar el uso de los documentos que precisen los usuarios para satisfacer sus necesidades de información, investigación, educativas o de esparcimiento, contando para ello con un personal especializado. thumb|Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá.
thumb|La Sucursal Skillman Southwestern de la Biblioteca Pública de Dallas en Dallas, Texas Según la ALA (American Library Association) se define la biblioteca como una «Colección de material de información organizada para que pueda acceder a ella un grupo de usuarios. Tiene personal encargado de los servicios y programas relacionados con las necesidades de información de los lectores».
La norma ISO 2789-1991 (Norma UNE-EN ISO 2789) sobre estadísticas internacionales de bibliotecas la define como: «Organización o parte de ella cuya principal función consiste en mantener una colección y facilitar, mediante los servicios del personal, el uso de los documentos necesarios para satisfacer las necesidades de información, de investigación, de educación y ocio de sus lectores».
Manuel Carrión la define en su Manual de Bibliotecas como «Una colección de libros debidamente organizada para su uso». Hay que aclarar que Carrión toma el término libro en un sentido amplio como sinónimo de documento, esto es, como soporte de información destinado a ser leído, y que contiene una parte del conocimiento social. Esta última precisión excluye a los documentos de archivo, que han sido generados por una persona física o jurídica en el ejercicio de sus funciones y no pertenecen al conocimiento social.
En todas las definiciones distinguimos tres elementos fundamentales: colección, organización y uso. A estos tres elementos acompaña un cuarto factor, el personal encargado de su gestión y que es pieza clave del conjunto.
Cuando hablamos de colección, nos referimos a una realidad heterogénea y en constante evolución. Durante muchos siglos se limitó a los libros en principio manuscritos, luego impresos. Posteriormente se incorporaron las publicaciones periódicas y otros impresos. Luego material cartográfico, música impresa, elementos gráficos, audiovisuales, microfichas, etc. En un paso siguiente se incorporaron los ficheros electrónicos en soportes físicos almacenados en la biblioteca, y hoy día, gracias al desarrollo de las telecomunicaciones e Internet, las bibliotecas empiezan a tener acceso a documentos que nunca poseerán físicamente, pues se hallan albergados en servidores remotos, a veces en otros continentes. Ello ha dado origen a la aparición del concepto de biblioteca digital.
Siguiendo al profesor García Gutiérrez, la organización se refiere a la aplicación de un conjunto de técnicas normalizadas (análisis documental), basadas en unos conocimientos científicos, a un conjunto documental con el objeto de hacerlo más controlable y utilizable en su posterior recuperación.
El uso se identifica con la satisfacción de las necesidades de los usuarios, esto es, la obtención del documento o de la información demandada.
De los tres elementos mencionados, la moderna Biblioteconomía hace especial énfasis en el uso, esto es, en los usuarios, por ser la razón de ser de las bibliotecas, ya que los otros dos factores, la colección y su organización, existen en función de la satisfacción de sus necesidades informativas. En este sentido observamos cómo, a través de los tiempos, el foco de atención ha pasado progresivamente de la colección y su conservación, a su organización y luego al uso de la misma.
El encargado de realizar estos procedimientos es el Bibliotecólogo, organiza el material de la biblioteca asistiendo a todo tipo de usuarios en la demanda de información. Desde sus comienzos los bibliotecarios fueron cambiando su rol, pasaron de ser simples custodios de libros a profesionales capacitados para organizar los documentos de una biblioteca en cualquier formato.
En 1931 el gran bibliotecario indio Ranganathan formuló sus cinco leyes, que resumen a la perfección el espíritu de la moderna Biblioteconomía:
Los libros están para usarse. A cada lector su libro. A cada libro su lector. Hay que ahorrar tiempo al lector. La biblioteca es un organismo en crecimiento.
Historia Las bibliotecas son una realidad consolidada a lo largo de más de cuatro mil años de historia, que discurre paralela a la de la escritura y el libro. Antigüedad
thumb|200px| Tablilla cuneiforme de la colección Kirkor Minassian, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, EE. UU. ca. 2400 a. C. En sus orígenes tuvieron una naturaleza más propia de lo que hoy se considera un archivo que de una biblioteca. Nacieron en los templos de las ciudades mesopotámicas, donde tuvieron en principio una función conservadora, de registro de hechos ligados a la actividad religiosa, política, económica y administrativa, al servicio de una casta de escribas y sacerdotes. Los documentos se escribían en escritura cuneiforme en tablillas de barro, un soporte basto y pesado, pero que ha garantizado su conservación. Destacaron especialmente las bibliotecas-archivo de Mari, Lagash y Ebla, así como la del rey asirio Asurbanipal.
En el Antiguo Egipto existieron dos clases de instituciones: Casas de los Libros, que hacían las veces de archivos para la documentación administrativa, y Casas de la Vida, que eran centros de estudios para los escribas y que poseyeron colecciones de las que se podían hacer copias. La escritura, en sus diversas formas, jeroglífica, hierática o demótica, se recogía en rollos de papiro.
En la antigua Grecia el libro y las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo. Las bibliotecas adoptaron formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. La escritura griega, derivada del alifato semítico, permitió generalizar en cierta forma el acceso a la lectura y al libro y que aparecieran, por primera vez, bibliotecas desvinculadas de los templos. El periodo helenístico fue el del nacimiento de grandes bibliotecas legendarias, como la Biblioteca de Alejandría o la de Biblioteca de Pérgamo, que se crearon con el propósito de reunir todo el conocimiento social de su tiempo y ponerlo a disposición de los eruditos.
En Roma, deudora de la cultura griega, se empleó el mismo soporte escriptóreo, el rollo de papiro. Allí se fundó la primera biblioteca pública de la que hay constancia, por parte de Asinio Polión, y existieron grandes bibliotecas, como la Octaviana y Palatina, creadas por Augusto, y la Biblioteca Ulpia, del Emperador Trajano. Las bibliotecas romanas acostumbraban a tener una sección griega y otra romana. thumb|200px|Imagen idealizada de la antigua Biblioteca de Alejandría.
Con el auge del cristianismo empieza a difundirse un nuevo formato, el códice de pergamino, y la lectura comienza a desplazarse de las instituciones paganas, en franca decadencia, a las de la naciente Iglesia cristiana.
Edad Media
En los tiempos medievales, con las invasiones de los bárbaros y la caída del Imperio Romano de Occidente, la cultura retrocede y se refugia en los monasterios y escritorios catedralicios, únicos lugares que albergan bibliotecas dignas de tal nombre. Son centros donde se custodia la cultura cristiana y los restos de la clásica, al servicio de la Religión. Bibliotecas de monasterios, como Saint Gall, Fulda, Reichenau, abadía de Monte Casino, Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla, Sahagún o Santa María de Ripoll, se convirtieron en los centros del saber de su tiempo.
A partir de la Baja Edad Media con la creación de las universidades primero y con la invención y difusión de la imprenta después, se crean las nuevas bibliotecas universitarias, al tiempo que el libro alcanza a nuevos sectores de la población. El Estudio General de Salamanca, antecedente de su Universidad, fue el primero en disponer de biblioteca para uso de los alumnos desde la fecha de su creación (1218). thumb|200px|Códice sobreviviente de la destruida Bibliotheca Corvinniana de Hungría. En Oriente, Bizancio actuó de nexo de unión con la cultura clásica, que sobrevivió de este modo, influyendo sobre el mundo árabe y eslavo y también sobre la atrasada Europa occidental. Aquí hubo grandes bibliotecas en monasterios y ciudades. El mundo árabe creó asimismo sus bibliotecas ligadas a las mezquitas y los centros de enseñanza coránica, madrasas. Aquí se crearon igualmente algunas de las mayores bibliotecas de su tiempo, como la del califa Al-Mamum en Bagdad o Abd-al-Rahman III y su hijo Al-Hakam II en Córdoba.
En la Edad Media tardía, durante la época del Renacimiento, el rey Matías Corvino de Hungría (1458-1490) fue mecenas de pintores, poetas, músicos, científicos y toda clase de intelectuales que provenían de todas las partes de Europa. En la década de 1460, fundó en su palacio en la ciudad de Buda la Bibliotheca Corvinniana, la cual contaba con más de 3000 libros, siendo considerada la más grande de su época después de la Biblioteca del Vaticano. Aunque la biblioteca fue destruida después de la invasión turca de 1526, muchos de los tomos sobrevivieron y se encuentran actualmente en los museos más importantes del mundo.
Edad Moderna El Renacimiento marcado por la invención de la imprenta, creación de Johannes Gutenberg, y las luchas derivadas de la Reforma protestante, vio surgir, gracias a los ideales humanistas, un nuevo modelo de biblioteca principesca. Esta corriente desembocará en la aparición de bibliotecas reales y de la alta nobleza, que merced a los nuevos valores se abren a un público de eruditos y estudiosos. Destacan en el la francesa de Fontainebleau o las creadas en Austria y Baviera. En España destacan la de Hernando de Colón, la de la Universidad Complutense y la de El Escorial, creada por Felipe II, modelo de las posteriores bibliotecas barrocas. thumb|200px|Vista de la Biblioteca de Alençon, Francia. En el se fundan grandes bibliotecas eruditas, como la Bodleiana en Oxford, la Ambrosiana en Milán o la Mazarina en París, de la que fue bibliotecario Gabriel Naudé, autor de Advis pour dresser una bibliothequè, considerado como el Padre de la Bibliotecología (también conocida como Biblioteconomía).